Enfermedad cerebrovascular que causa deterioro cognitivo y físico, y constituye una importante causa de mortalidad y bajas laborales. Afecta principalmente a personas de edad avanzada, aunque puede presentarse en pacientes jóvenes e incluso en niños.

A pesar de su alta incidencia, existe un amplio desconocimiento sobre el ictus. Las estadísticas señalan que cada 40 segundos una persona sufre un ictus o accidente cerebrovascular en los Estados Unidos, mientras que en España se registran cerca de 100.000 nuevos casos cada año.

Los hombres suelen tener más ictus que las mujeres, aunque ellas corren el riesgo de presentarlos durante el embarazo o en las semanas posteriores a éste.

El ictus o Accidente Cerebrovascular se define como la interrupción del suministro de sangre a cualquier parte del cerebro. Se produce por la ruptura de un vaso sanguíneo o porque éste se tapona por un coágulo u otra partícula. Esto ocurre debido al desarrollo de depósitos de grasa en los muros del vaso (condición conocida como ateroesclerosis).

Los depósitos de grasa pueden provocar dos tipos de obstrucciones: 1) Trombosis, que se presenta cuando un coágulo se desarrolla en el mismo vaso sanguíneo cerebral, o 2) Embolismo, cuando el coágulo se desarrolla en otra parte del cuerpo y luego una porción del mismo se desprende y viaja por el flujo sanguíneo hasta que encuentra un vaso más pequeño y lo bloquea.

Como consecuencia de esto, las células nerviosas del área cerebral afectada dejan de recibir oxígeno y al no poder funcionar, mueren al cabo de unos minutos.

El ictus se conoce con numerosos nombres o sinónimos, entre ellos: Accidente Cerebrovascular (ACV o ACVA), derrame cerebral, ataque cerebral, hemorragia cerebral, accidente cerebrovascular isquémico, ictus cerebral, apoplejía, golpe o ictus apoplético, entre otros.

Como factores de riesgo están la edad, sexo, raza y la historia clínica familiar, son factores que aumentan el riesgo de padecer un ictus o Accidente Cerebrovascular.

Existen también otros factores de riesgo tales como: haber padecido un ictus anteriormente, tener la presión sanguínea elevada, padecer Diabetes mellitus, colesterol alto, consumir alcohol en exceso, consumir drogas como la cocaína, fumar, un traumatismo craneal, o el consumo de ciertos medicamentos como píldoras anticonceptivas, entre otros.

Los síntomas dependen de qué parte del cerebro esté lesionada. En algunos casos, es posible que el afectado ni siquiera se dé cuenta de que ha sufrido un accidente cerebrovascular. En general, se presentan de forma súbita. Pueden ser episódicos (ocurren y luego se detienen) o pueden empeorar lentamente con el tiempo. 

Los síntomas pueden ir desde el coma o la pérdida del conocimiento a la confusión, la somnolencia, la dificultad para hablar o entender a otros, pasando por los problemas para tragar, la dificultad para leer o escribir, el dolor de cabeza intenso y sin explicación, la pérdida de equilibrio, las náuseas y vómitos, la debilidad o el entumecimiento (a menudo en un lado del cuerpo), la pérdida de visión total o parcial y hasta la crisis epiléptica. 

Ante cualquiera de estos síntoma, los especialistas aconsejan llamar inmediatamente al servicio de urgencias o acudir sin demora al hospital más cercano o, ya que el tratamiento inmediato puede salvar vidas y reducir la discapacidad. Es vital determinar si se trata de un ictus isquémico o hemorrágico, para poder iniciar el tratamiento apropiado (por ejemplo, administrar trombolíticos -que disuelven los coágulos de sangre- si se trata de un ictus isquémico) dentro de las 3 horas siguientes al inicio de los síntomas.