Las emociones son procesos que se activan cada vez que nuestro aparato psíquico detecta algún cambio significativo para nosotros. Por eso es un proceso altamente adaptativo, porque da prioridad a la información relevante para la supervivencia, tanto de la especie como la nuestra como personas individuales.

La emoción implica un sistema de procesar información altamente jerarquizado, que asigna tiempos y recursos para proporcionar la respuesta mas adecuada, lo mas rápido posible y con la intensidad proporcionada a las demandas.

Tienen una alta plasticidad y capacidad para evolucionar, desarrollarse y madurar: aprendemos de nuevas situaciones, modulamos nuestras propias emociones, desarrollamos otras nuevas, anticipamos respuestas para prevenir emociones no deseadas. Las emociones van cambiando en función de las demandas del entorno, por acción de la experiencia personal y social.

Las emociones organizan toda nuestra actividad: el entorno, nuestras experiencias, y las complejas actividades que debemos realizar. Para ello reclutan a los restantes procesos piscológicos. Son un sistema de procesamiento de información prioritaria para la supervivencia y la adaptación que coordina los restantes procesos psicológicos necesarios para responder rápida y puntualmente a una situación concreta.