El estudio de la emoción se ha realizado desde perspectivas y orientaciones dispares, con múltiples formas de entender sus procesos. Pero hay cuatro elementos que, de forma consensuada, se consideran elementales para entenderla:

  • Cambios fisiológicos: cada emoción parece tener su propio modo de reacción fisiológica, pudiendo ser cambios en el SNA, SNC, y en la secreción hormonal. También son muy relevantes los cambios faciales, ya que estos son manifiestos y comunican a los demás nuestro estado emocional. Algunos cambios pueden ser difíciles de identificar, y en algunas emociones puede no haberlos.

  • “Tendencia a la acción” o afrontamiento: una de las funciones de las emociones es dar respuesta a situaciones del entorno por ello incluyen una movilización de acciones encaminadas a resolverlas. Se puede ocultar o no ser demasiado evidente. Algunos autores la consideran el núcleo de la emoción, y otros no le conceden tanta importancia.

  • Experiencia subjetiva de la emoción o sentimiento: se refiere a señales de aviso que las emociones emoción hacen conscientes para reclamar nuestra atención (irritación, ansiedad, orgullo). Algunos autores cuestionan la validez de los autoinformes, ya que se pueden distorsionar las circunstancias.

  • Sistema de análisis y procesamiento de información: las emociones se producen a través de procesos cognitivos, por eso, dependen de la interpretación que cada persona haga de las situaciones. Se ha cuestionado el papel que juega en la emoción, y donde se localiza.

El concepto de emoción ha evolucionado de acuerdo a los paradigmas teóricos dominantes en cada época. Sin embargo, se ha producido un fenómeno que no ha ocurrido en procesos como el aprendizaje o la memoria, y es que los modelos teóricos han ido en la mayoría de ocasiones por delante de las evidencias empíricas, e incluso a veces alejados de la comprobación.

Cada perspectiva se ha interesado por alguna dimensión o aspecto particular de la emoción, utilizando diferentes niveles de análisis.