Las relaciones intergrupales se ven acompañadas muy a menudo por emociones intensas. Lippman afirma que los estereotipos están muy cargados de sentimientos. La escasa atención que han recibido los procesos afectivos en las relaciones intergrupales obedece al auge cognitivo dentro de la psicología social. Actualmente, coincidiendo con la tendencia a integrar los procesos cognitivos y afectivos en lugar de considerarlos como sistemas independientes, se advierte un paulatino interés por los estados afectivos, incluyendo el estado de ánimo (de carácter más global) y las emociones (de carácter más específico).

Además, nuevas formas de conceptualizar la actitud como la "evaluación global de un objeto social que se basa en información relativa a las creencias, sentimientos, emociones y conductas pasadas respecto a ese objeto", también han contribuido a aumentar el interés por los aspectos afectivos. Así, cuando el objeto de actitud es un grupo social se tiene en cuenta la información relativa a las emociones y sentimientos experimentados hacia ese grupo.

A la hora de abordar el estudio de los procesos afectivos en la relaciones intergrupales se debe tener en cuenta la distinción propuesta por Bodenhausen entre afecto incidental, que se refiere a emociones no relacionadas con el contexto intergrupal, no suscitadas directamente por la relación con otros grupos, y afecto integral, que se refiere emociones suscitadas por un grupo social determinado y por contextos asociados a ese grupo

El enfoque intrapsíquico: los efectos del afecto incidental

Algunas investigaciones se han ocupado de los efectos del afecto incidental sobre el favoritismo hacia el endogrupo y sobre el prejuicio y la estereotipia hacia los exogrupos. En estos estudios se induce un estado afectivo positivo o negativo al que sigue una tarea en la que se recibe información acerca de los miembros de un exogrupo o se mantiene interacción con algunos de ellos, tras lo cual se debe dar una evaluación de los miembros del exogrupo o del exogrupo en su conjunto. Existen tres categorías de hipótesis para dar cuenta de los efectos del estado de ánimo o de las emociones sobre las evaluaciones del exogrupo (de la influencia del afecto en el procesamiento de la información subsiguiente):

  • Las que aluden a la consistencia o correspondencia entre la valencia (positiva o negativa) del afecto y el juicio que se emite después, como el Modelo de la infusión del afecto. Supone que los afectos positivos y negativos desencadenan respectivamente cogniciones positivas o negativas. Este modelo intenta precisar los tipos de procesamiento de la información que permiten que la valencia del estado afectivo influya sobre los juicios posteriores. Cuando se da un procesamiento sustantivo, que implica complejidad, se produce la infusión del estado afectivo. P.ej, cuando se procesa información acerca de miembros atípicos del exogrupo (que exige más tiempo y elaboración que si se tratara de miembros típicos) se da una mayor infusión de afecto tanto positivo como negativo sobre los juicios posteriores acerca de los miembros del exogrupo.

  • Las que suponen que los afectos positivos dan lugar a un procesamiento más superficial y los negativos a un procesamiento más profundo. En el primer caso es más probable que se recurra al uso de estereotipos. Esta hipótesis se denomina del estado afectivo y conocimiento general. Supone que el afecto positivo da lugar a un procesamiento más superficial porque se considera que la situación es segura y no hace falta la vigilancia. El estado de ánimo negativo suscita la vigilancia y ello da pie a un procesamiento más profundo y elaborado. El afecto positivo da lugar a un mayor uso de estereotipos.

  • Las que señalan el papel de la distracción generada por el afecto, que lleva a la pérdida de la atención en la tarea que se está realizando. En lugar de prestar atención a la tarea, p.ej., a las características de los miembros del exogrupo, se recurre a creencias bien establecidas como los estereotipos. Esta hipótesis parte de la idea de que los afectos fuertes llevan a una pérdida de la atención sobre la tarea, lo que lleva a que los juicios posteriores se basen en más en estereotipos y prejuicios y se aumente la percepción de homogeneidad del exogrupo.

Como resumen Wilder y Simon opinan que el conjunto de estas hipótesis sobre los efectos del afecto incidental en las relaciones intergrupales tratan básicamente de dos cuestiones. Una es que la distribución de la atención que parece reducirse cuando se dan afectos intensos o de carácter positivo, lo que impide el procesamiento adecuado de la información y lleva a basarse en expectativas o estereotipos previos q puedan servir para la situación. La otra es que una vez que la atención ha sido dirigida, cuanto más cuidadoso y elaborado sea el procesamiento de la información, mayor probabilidad de que se dé la infusión o extensión de afecto y de que los juicios que se emitan se correspondan, en cuanto a su valencia, con la del estado afectivo de la persona.

El enfoque intergrupal: los estudios sobre afecto integral

El modelo de la ansiedad intergrupal de Stephan y Stephan

Se centra en el papel de la ansiedad en situaciones de contacto intergrupal o de anticipación de ese contacto. Postula una serie de antecedentes de la ansiedad intergrupal y también una serie de consecuencias derivadas de ella. Supone que el aumento de la ansiedad es resultado de la anticipación de consecuencias negativas del contacto. Estas consecuencias pueden ser psicológicas (p.ej., sentir que no ser controla la situación) y conductuales (p.ej., temor a ser objeto de explotación). También se puede temer ser objeto de evaluaciones negativas por parte de los miembros del exogrupo. Por último, también se puede temer que los miembros del propio grupo le rechacen por interactuar con miembros del exogrupo, e incluso que le lleguen a identificar con él.

Los antecedentes de la ansiedad intergrupal se pueden clasificar en tres categorías:

  • Relaciones intergrupales previas. Incluyen la cantidad y el tipo de contacto. A mayor contacto previo con normas claras de interacción se dará una reducción de la ansiedad.

  • Cogniciones intergrupales previas. Incluyen el conocimiento de las normas y valores del exogrupo, estereotipos, prejuicios y etnocentrismo. También se incluyen las expectativas y la percepción de diferencias entre el propio grupo y el exogrupo.

  • Estructura de la situación de contacto. Incluye los siguientes aspectos: grado de estructuración (las situaciones poco estructuradas provocan más ansiedad porque no hay normas claras que guíen la interacción), tipo de interdependencia (la interdependencia cooperativa provoca menos ansiedad que la competitiva), la composición de grupo (conforme aumenta la proporción de miembros del exogrupo en relación a la del propio grupo aumenta la ansiedad ya que es fácil que al aumentar ésa proporción sus normas y valores domina en la interacción) y el status relativo de cada grupo dentro de la interacción (conforme aumentan las diferencias a favor del otro grupo aumenta la ansiedad).

Las consecuencias de la ansiedad intergrupal se pueden clasificar en tres grupos:

  • Consecuencias conductuales. La activación debida a la ansiedad amplificará las respuestas dominantes. Una de esas respuestas es la evitación o, en su defecto, terminar la interacción lo antes posible. Otra consecuencia es la amplificación de las normas, que se seguirán de forma rígida y exagerada. Cuando se tienen expectativas de consecuencias negativas se corre el riesgo de conducta preventiva. El temor a la hostilidad del otro grupo puede llevar a una agresión preventiva.

  • Consecuencias cognitivas. En primer lugar, se recurre a estrategias que implican sesgos y simplificaciones en el procesamiento de la información. Las expectativas estereotipadas acerca de la interacción con los miembros del exogrupo se utilizarán a la hora de procesar la información acerca de su conducta. Habrá una tendencia a buscar la información que confirme las expectativas. En segundo lugar, se darán sesgos motivacionales: defensa frente a las amenazas a la autoestima en la interacción y aumento de las atribuciones defensivas o dirigidas al autoensalzamiento. Ello puede conducir a la justificación de las conductas negativas hacia el exogrupo. En tercer lugar, se produce un aumento de la autoconciencia privada y pública. La primera se produce cuando se percibe que la interacción puede tener consecuencias negativas para uno mismo. Se utilizan estándares personales para enjuiciar la conducta propia y ajena y ello puede dar lugar a la desvalorización y rechazo de las costumbres del exogrupo. Si se temen evaluaciones negativas por parte del propio grupo o del exogrupo se aumenta al grado de autoconciencia pública. Se evalúa la propia conducta en términos de normas que rigen la interacción.

  • Consecuencias afectivas. La activación producida por la ansiedad ser transferirá a otras emociones. Esto puede llevar a la reacción emocional excesiva en situaciones ligeramente negativas como provocaciones leves o malentendidos. Se da una amplificación de las respuestas negativas. También se da una amplificación de las evaluaciones negativas cuando el exogrupo rompe normas. También se puede producir la ampliación de las evaluaciones en sentido positivo, cuando previamente se ha experimentado alta ansiedad y después se experimentan emociones o resultados positivos.

El estudio sobre el contacto entre hindúes y mahometanos en Bangladesh de Islam y Hewstone abarca tanto antecedentes como consecuencias de la ansiedad. Entre los antecedentes se tuvieron en cuenta la cantidad de contacto, la calidad del contacto y el carácter intergrupal o interpersonal del contacto. Entre las consecuencias: actitudes hacia el exogrupo y grado en que se percibe el exogrupo como internamente diverso u homogéneo en una serie de dimensiones.

Resultados: muestran el papel central jugado por la ansiedad intergrupal que se relaciona negativamente con la cantidad y calidad positiva del contacto y positivamente con el carácter intergrupal del contacto (cuanto más se percibe que el contacto se realiza con los individuos como miembros de un grupo y no con individuos como tales, más ansiedad se experimenta). Existe una relación negativa entre la ansiedad y la percepción de la variabilidad interna del grupo (cuanto más se percibe que el grupo no es homogéneo, menor ansiedad). Al aumentar la ansiedad se hacen más negativas las actitudes hacia el exogrupo.

El prejuicio como emoción social

Cuestiona el concepto tradicional de prejuicio como actitud negativa hacia un grupo. La perspectiva tradicional del prejuicio considera el prejuicio como algo relativamente constante que depende de los estereotipos y de las evaluaciones asociadas a ellos. La actitud prejuiciosa estaría en la base de conductas como la discriminación. Se presta atención únicamente a los aspectos evaluativos de las creencias. No se establecen diferencias entre los diversos exogrupos, sólo se resalta la evaluación negativa que comparten. Supone que la actitud prejuiciosa es relativamente constante en distintas situaciones, pero el prejuicio es específico de las situaciones.

Frente a la concepción tradicional propone la visión del prejuicio como emoción social. Se basa en la Teoría de la categorización del yo y en las teorías del appraisal. En consonancia con la Teoría de la autocategorización señala que los factores que determinan que una identidad social destaque en un contexto social son:

  • presencia real o imaginada de miembros del exogrupo con los que compararse,

  • percepción de que hay atributos que covarían con la pertenencia al grupo, y

  • existencia de competición o conflicto intergrupal. Las identidades sociales tienen significación afectiva y motivacional.

Desde las teorías del appraisal sobre la emoción, ésta se considera un cambio en la disposición a la acción por parte de la persona, que se debe a la evaluación que hace de una situación o de un hecho que afecta a su bienestar. La emoción se caracteriza por un conjunto de cogniciones, sentimientos subjetivos, respuestas psicofisiológicas y tendencias a la acción. Este complejo patrón de respuestas se desencadena a partir de cogniciones o creencias características de cada emoción y que implican al yo.

Una situación o hecho desencadenará la emoción en la medida que favorezca o perjudique cuestiones que importan a la persona. La evaluación o appraisal de que una situación o hecho afecta a la identidad social dará lugar a una emoción. Si la situación aparece como amenazante para el propio grupo, se producirá miedo. Si se siente que se rompen normas importantes para el grupo, se puede producir ira. La conducta discriminatoria sería el resultado de las tendencias a la acción emocionales. Desde esta perspectiva se destaca la especificidad de las emociones, que variarán según el grupo de que se trate. Un grupo hostil y poderoso generaría miedo. Un grupo que rompe normas en relación con la comida o la sexualidad producía asco.