Una cuestión que despierta mucho interés en el campo de las relaciones intergrupales es conocer los pasos que llevan desde la tendencia a favorecer al propio grupo (a la hora de compararlo con otros grupos) hasta la denigración y rechazo de otros grupos. No puede equipararse la tendencia a favorecer al propio grupo en dimensiones positivas con la tendencia a rechazar, agredir o castigar al exogrupo. Existen algunos factores que parecen favorecer la transición desde el favoritismo a las formas extremas de rechazo.

En una investigación de Mummendey sobre la asimetría positiva negativa se comprueba que cuando se trata de formas directas de discriminación, los resultados que se obtienen al usar dimensiones positivas no se obtienen cuando se emplean dimensiones negativas o estímulos aversivos: no se produce el mismo sesgo cuando se distribuye dinero que cuando se administra un ruido desagradable. El favoritismo como efecto de la categorización sólo se da en el dominio positivo, pero no en el negativo. Para que se dé la denigración del exogrupo tienen que concurrir otros factores como un status inferior y/o minoritario que aumente la saliencia de las diferencias entre endogrupo y exogrupo. Se trata entonces de precisar los factores que llevan a la discriminación en el dominio negativo, al rechazo y a la hostilidad.

La propia diferencia de conducta dirigida al propio grupo y al exogrupo es una de las condiciones que favorecen el rechazo. Se da con más facilidad la conducta altruista hacia el propio grupo porque existe una mayor probabilidad de reciprocidad. Las normas y su cumplimiento también pueden contribuir al rechazo. Las reglas dirigidas a mantener la cohesión del propio grupo adquieren autoridad moral y absolutismo, lo que da lugar a un sentimiento de superioridad moral. Cuando se advierte que el otro grupo no sigue las mismas normas se pasa a la denigración y al desprecio.

La percepción de que el otro grupo supone una amenaza puede deberse a varios factores, como la ansiedad ante el contacto intergrupal y las creencias de suma cero en cuanto a los recursos disponibles. En situaciones de inestabilidad y cambio social se da un aumento de la percepción de amenaza al status el propio grupo, tanto en el terreno económico como en el de las creencias y valores.

Es importante señalar el papel que juegan los mc y el discurso político a la hora de asociar a ciertos grupos con la amenaza, como cuando se repite la asociación entre inmigrantes y delincuencia. Algunos políticos presentan al propio grupo político como el prototipo del grupo nacional y se excluye a otros grupos que supuestamente no se aproximan a ese prototipo. También existen creencias tradicionales que apoyan de manera tácita las desigualdades entre grupos, como las creencias acerca del mantenimiento de instituciones como la familia.

Las diferencias individuales en prejuicio, autoritarismo o dominancia social también contribuyen al paso del favoritismo al rechazo. Las formas sutiles de prejuicio (no expresión del prejuicio de forma abierta) sirven para crear un clima de justificación o legitimación de las formas directas de prejuicio o ataques hacia las minorías. Por último, se destaca el papel de las emociones. Al hacerse intensas rompen las restricciones normales y favorecen el paso a formas de conducta extremas.