Según Petri y Govern (2004), los planteamientos teóricos de la motivación se ordenan en cuatro dimensiones generales:

  1. En la dimensión nomotética-ideográfica, el enfoque nomotético, que es el predominante de los dos hoy día, pretende establecer leyes universales que permitan explicar la motivación de una manera general para todos los seres; y al contrario, el enfoque ideográfico pretende entender la conducta motivada, examinando en qué se distinguen los individuos de una especie entre sí.

  2. La dimensión innato-adquirida ha enfrentado a los que defendían la contribución de las tendencias innatas (como el sexo, a las que denominaron “instinto”), con los que lo hacían con las tendencias adquiridas de la conducta motivada.

  3. La dimensión interna-externa hace referencia a si la motivación procede de motivos internos (como el hambre) o de motivos externos. Los defensores de los motivos internos parten de que los estados motivacionales pueden conceptuarse como necesidades, y algunos autores incluyen en sus modelos las necesidades sociales y psicológicas. Los defensores de los motivos externos (como el poder) se centran en las fuentes externas creadas por las metas, puesto que la motivación es activada por los cambios que se producen en el ambiente externo.

  4. Dentro de la dimensión mecanicista-cognitiva, el enfoque mecanicista defiende que los cambios de ciertos factores activan e impulsan al organismo a realizar conductas automáticas, sin que se tenga ningún tipo de conciencia; por el contrario, el enfoque cognitivo defiende que la motivación está bajo el control exclusivo del pensamiento racional.

El estudio de la motivación es tan complejo que permite suponer que todos los enfoques tienen una parte de verdad, y la combinación de todas las dimensiones nos puede ayudar a explicar mejor la observación de las diferentes conductas motivadas.

No existe una única teoría general que explique la motivación de una manera integral, aunque algunas explican ciertos estados motivacionales mejor que otras.