Burham: “todo el mundo sabe lo que es personalidad, pero nadie puede expresarlo con palabras”.

Elementos/aspectos que deben estar presentes en un adecuado entendimiento de la personalidad:

  1. La personalidad es un constructo hipotético, inferido de la observación de la conducta, no siendo una entidad en sí misma

  2. El uso del término personalidad, no implica connotaciones de valor sobre la persona caracterizada

  3. La personalidad incluye una serie de elementos (rasgos o disposiciones internas) relativamente estables a lo largo del tiempo y consistentes de unas situaciones a otras que explican el estilo de respuesta de los individuos. Estas características de la personalidad de naturaleza estable y consistente, permiten que podamos predecir la conducta de los individuos.

  4. La personalidad también incluye otros elementos (cogniciones, motivaciones, estados afectivos) que influyen en la determinación de la conducta y que pueden explicar la falta de consistencia y de estabilidad de la misma en determinadas circunstancias.

  5. La personalidad abarcará tanto la conducta manifiesta como la experiencia privada, incluye la totalidad de las funciones y manifestaciones conductuales

  6. La conducta será fruto tanto de los elementos más estables (ya sean psicológicos o biológicos) como de los aspectos más determinados por las influencias personales (percepción de la situación, experiencias previas), sociales o culturales.

  7. La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo a partir de la estructuración peculiar de sus características y elementos.

  8. El individuo buscará adaptar su conducta a las características del entorno en que se desenvuelve, teniendo en cuenta que su percepción del mismo va a estar guiada por sus propias características personales.

Bermúdez propone la siguiente definición de personalidad “organización relativamente estable de aquellas características estructurales y funcionales, innatas y adquiridas bajo las especiales condiciones de su desarrollo, que conforman el equipo peculiar y definitorio de conducta con que cada individuo afronta las distintas situaciones”.

Costa y McCrae la definen como “organización dinámica dentro del individuo de aquellos sistemas psicofísicos que determinan su forma característica de pensar y comportarse”. Consideran que en una definición de personalidad deben estar presentes los siguientes aspectos (los 3 primeros derivan de la definición de Allport):

  • una organización dinámica o conjunto de procesos que integran el flujo de la experiencia y la conducta

  • sistemas psicofísicos, que representan tendencias y capacidades básicas del individuo

  • forma característica de pensar y comportarse, como hábitos, actitudes, o en general, adaptación peculiar del individuo a su entorno

  • influencias externas, incluyendo tanto la situación inmediata como las influencias sociales, culturales e históricas

  • la biografía objetiva o cada acontecimiento significativo en la vida de cada uno

  • el autoconcepto, o el sentido del individuo de quién es él

Figura 1.1 Concepto de personalidad

A partir de los elementos que representan un modelo de la personalidad (figura 1.1) donde las tendencias básicas incluirían las disposiciones personales, innatas o adquiridas, que pueden ser o no cambiables o modificables con la experiencia a lo largo del ciclo vital, como los rasgos (extraversión, neuroticismo…), la orientación sexual, la inteligencia, o las habilidades artísticas.

A lo largo del desarrollo, estas tendencias interactúan con las influencias externas dando lugar a adaptaciones características, como los hábitos de vida, las creencias, los intereses, las actitudes o los proyectos personales, así como las relaciones y los roles sociales que serían adaptaciones interpersonales.

El autoconcepto o la identidad personal es la visión que tiene el individuo de cómo es. Los procesos dinámicos son los mecanismos que relacionan los distintos elementos del modelo.

Desde el planteamiento de Costa y McCrae las tendencias básicas y las influencias externas serían consideradas como las fuentes últimas de explicación de la conducta, entendiéndose como las unidades básicas de la personalidad.

Caprara y Cervone “la psicología debe ir más allá de la identificación de las tendencias de nivel superficial para analizar los mecanismos afectivos y cognitivos que contribuyen de forma causal al funcionamiento de la personalidad”.

La personalidad debe entenderse “como un sistema complejo y dinámico de elementos psicológicos que interactúan recíprocamente los unos con los otros”.

Pervin: la personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una persona. Está integrada tanto por estructuras como por procesos y refleja tanto la naturaleza (genes) como el aprendizaje (experiencia). Engloba los efectos del pasado, incluyendo los recuerdos del pasado, así como construcciones del presente y del futuro.

A partir de la definición anterior se pueden extraer los siguientes aspectos:

  1. el estudio de las diferencias individuales sería solo una parte del campo de la personalidad

  2. se enfatiza el estudio de la cognición, las emociones y la conducta siendo central para la personalidad la organización (interrelaciones) de estos elementos

  3. es necesario incluir una dimensión temporal ya que aunque la personalidad solo pueda operar en el presente, el pasado ejerce una influencia en el momento actual a través de los recuerdos y las estructuras resultantes de la propia evolución y el futuro ejerce su influencia en el presente a través de las expectativas y las metas que se plantea alcanzar el individuo

Uno de los aspectos importantes considerados al definir la personalidad es que incluye características y estilos relativamente estables. Un determinado nivel de estabilidad en la personalidad, no solo es inevitable, sino bastante deseable, es decir, preferimos que las personas con las que nos relacionamos tengan un comportamiento relativamente estable a lo largo del tiempo y de las situaciones y además todos deseamos tener cierto sentido de coherencia con respecto a nosotros mismos.

A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con contextos sociales y etapas propias del desarrollo que podrían afectar a nuestra personalidad. Se hace necesaria la posibilidad de cambio ya que favorece la adaptación a las demandas situacionales y culturales y un adecuado funcionamiento psicológico: Deseamos que la personalidad cambie cuando la misma tiene efectos negativos para las relaciones interpersonales, la salud física o psicológica o para el funcionamiento de la sociedad.

Pervin “debemos desarrollar una teoría de la personalidad que reconozca tanto la estabilidad (consistencia) como la variabilidad (especificidad situacional) del funcionamiento de la personalidad”.

El grado de estabilidad o de cambio que concedamos a la personalidad va a ser uno de los elementos importantes a la hora de definirla.

La personalidad de un individuo comienza con componentes biológicos innatos, algunos compartidos con otras personas y otros más distintivos fruto de la propia herencia o de otras influencias; que a lo largo de la vida, estas tendencias innatas se van canalizando por la influencia de múltiples factores, como la familia, la cultura u otras experiencias; y que las personalidad vendría constituida por el patrón resultante de conductas, cogniciones y patrones emocionales.

Conclusión: la personalidad hace referencia a la forma de pensar, percibir o sentir de un individuo que constituye su auténtica identidad y que está integrada por elementos de carácter más estable (rasgos) y elementos cognitivos, motivacionales y afectivos más vinculados con la situación y las influencias socioculturales y, por tanto, más cambiables y adaptables a las peculiares características del entorno, que determinan, en una continua interrelación e interdependencia, la conducta del individuo, tanto lo que podemos observar desde fuera (conducta manifiesta) como los nuevos productos cognitivos, motivacionales o afectivos (conducta privada o interna), que entrarán en juego en la determinación de la conducta futura.