Modelo moral y modelo biológico

Fueron los primeros en utilizarse hasta la década de los 80. Para el modelo biológico, la persona dependía de una sustancia química debido a factores de predisposición biológicos o genéticos. Dentro del modelo biológico se han propuesto explicaciones basadas en causas genéticas, cambios metabólicos (obesidad) o una “noxa" interna para explicar la dependencia de la heroína. Sin embargo, los datos científicos, no explican gran parte de las conductas adictivas.

El modelo moral afirma que el adicto no es capaz de resistir la tentación por su pobre o baja moralidad, siendo considerado como un inmoral, vicioso… Aunque ambos modelos son reduccionistas, la sociedad suele creer en ellos para explicar las conductas adictivas.

La hipótesis de la automedicación

La hipótesis de la automedicación sostiene que los pacientes que desarrollan trastornos por abuso de drogas lo hacen porque sufren trastornos endógenos con sustrato biológico que, directa o indirectamente, le aboca al consumo de sustancias psicoactivas como forma de autotratamiento. Por tanto, el intento repetido y fallido de orientarlos a la abstinencia, se puede clasificar como:

  • Inútil, porque la mayoría de las drogas tienen una mayor rapidez de acción y generan menos efectos indeseables que los fármacos utilizados en la actualidad.

  • Contraproducente, porque necesitando consumir y estando esas sustancias sujetas a la oferta ilegal que impide conocer la pureza y calidad el individuo se encuentra abocado a complicaciones infecciosas.

  • Cruel, porque se permite que el autotratamiento que busca le aboque a conductas delictivas y a una posible muerte por sobredosificación o SIDA.

  • Frustrante para los equipos terapéuticos porque suelen tener recaídas muy frecuentes.

  • Peligroso para la salud pública por cuanto la persistencia en el consumo ilegal y las recaídas compulsivas favorecen el uso de material inyectable compartido, y por tanto la extensión del contagio por el VIH.

Esta hipótesis se fundamenta por una parte en el descubrimiento de los receptores opiáceos en el SNC y en el descubrimiento de sus ligandos específicos. Sugiere que cualquier sustancia produce algún efecto en el SNC que implica interactuar con estructuras específicas. En las drogodependencias, la sustancia exógena (heroína, cocaína), actuando repetidamente sobre determinadas estructuras orgánicas, desencadenan una serie de cambios moleculares y funcionales en el SNC, que transforman a un individuo "sano" en "dependiente". Sin embargo, la dependencia no se produce en todas las personas que ingieren la sustancia.

Casas y colbs sugieren la existencia de tres tipos de adictos:

  • Pacientes sin trastornos psíquicos concomitantes y con un nivel socioeconómico y cultural medio-alto, que sabrían donde está el límite y ello les permitiría mantener el equilibrio. Pueden dejar la sustancia pero vuelven a consumirla por el malestar que les provoca el síndrome de abstinencia. Estas personas no acuden nunca a tratamiento.

  • Pacientes sin patología psíquica concomitante pero con un precario nivel socioeconómico y cultural, que precisan la sustancia para llevar una vida normal y suelen conseguirla a través de actos delictivos. No tienen motivación para abandonarla.

  • Pacientes con trastornos psíquicos concomitantes. Padecen previamente un trastorno de personalidad. La sustancia les ayuda inicialmente, pero luego les lleva a conductas anárquicas y desestructuradas. Suelen ser obligados a desintoxicarse, recaen posteriormente y entran en un círculo vicioso. Al tiempo, se dan cuenta de su imposibilidad para abandonar la sustancia y pueden incrementar los sentimientos autodestructivos siendo impredecible su evolución a largo plazo.

Esta hipótesis también es aplicable al alcohol y a la nicotina. Lo que plantea esta hipótesis es que el consumo de drogas es una tentativa evasiva y equivocada de autoterapia. Existen datos a favor y en contra de la hipótesis: se ha encontrado evidencia parcial en pacientes esquizofrénicos y en personas con trastornos de la personalidad.

Teoría del aprendizaje

Condicionamiento clásico

Wikler observó que individuos que habían sido adictos a la heroína, a veces mostraban señales de un síndrome de abstinencia al que denominó síndrome de abstinencia condicionada. Implicaba que los episodios de abstinencia (RI) se habrían apareado con estímulos ambientales (ECs), por lo que la presencia de éstos o pensar en ellos provocaría una RC de abstinencia.

Varios estudios han demostrado que en el desarrollo de la tolerancia a las drogas, distintos estímulos ambientales influyen en la aparición de la tolerancia. Esto es la tolerancia conductual, que no sólo depende de la experiencia directa con la droga, sino también de la experiencia con las señales ambientales presentes en el momento de la autoadministración. Se diferencia de la tolerancia disposicional, que es la capacidad del organismo para convertir la droga circulante en compuestos inactivos que son excretados y de la tolerancia farmacodinámica, donde la misma cantidad de droga produce un efecto menor a causa de un mecanismo de contraadaptación en el SNC.

El desarrollo es el siguiente: cuando una droga (EI) se administra, su efecto (RI) va precedido de la estimulación ambiental en que se realiza la administración (EC). Si la RC que elicita la estimulación ambiental es de signo opuesto al efecto de la droga (EI), se produce una RC compensatoria. Si éstas RC compensatorias interactúan con los efectos incondicionados de la droga, el resultado será una debilitación progresiva de dichos efectos a medida que las RCs vayan creciendo, lo que lleva a la tolerancia condicionada.

Otro fenómeno es el de las RCs similares: algunos sujetos dependientes de la heroína manifiestan efectos subjetivos y fisiológicos similares a los de la heroína que manifiestan algunos adictos cuando se les inyecta en su lugar una solución salina. Aparecen inmediatamente después de una autoadministración (no antes). Este fenómeno ha sido estudiado dentro del efecto placebo de las drogas. Se asume que los efectos similares a la droga o "efectos placebo" han sido condicionados en el pasado mediante la exposición a las drogas bajo circunstancias similares.

También se ha postulado que las RCs compensatorias que median en la tolerancia condicionada, influyen en el craving o deseo y en el síndrome de abstinencia.

Condicionamiento operante

El CO permite explicar la conducta y especialmente la de autoadministración de drogas, y ha explicado que la probabilidad de ocurrencia de una conducta está determinada por sus consecuencias.

Los opiáceos pueden funcionar eficazmente como reforzadores positivos. También funcionan como reforzadores negativos: se relaciona con la náusea, típico componente aversivo de la conducta de autoadministración. Este componente aversivo desaparece con la continua administración de opiáceos, manifestándose de nuevo todas las características de reforzador positivo una vez establecida la dependencia física. Por tanto la conducta de consumo es reforzada negativamente e incrementa su probabilidad de ocurrencia no por el estado que genera en el organismo, sino para aliviar el estado de aversividad (síndrome de abstinencia).

Hay estudios de la interacción del CC–CO. En éste tienen gran relevancia los sucesos ambientales en que ocurre la conducta: si éstos son significativos pueden funcionar como EIs que se asocien a otros estímulos ambientales por medio del CC. En el consumo de los opiáceos existen muchos reforzamientos condicionados asociados a la búsqueda, posesión o consumo de la droga. En general, un estímulo que está asociado con una conducta determinada en una cadena de respuesta, puede llegar a funcionar como un reforzador condicionado para aquellas conductas que le preceden y como un ED para la siguiente conducta en la secuencia.

Teoría del aprendizaje social

En la actualidad se acude a la teoría del aprendizaje social de Bandura para explicar el consumo de drogas. Integra el CC, el CO y el Condicionamiento vicario. Permite explicar el inicio (en especial), el mantenimiento y el abandono del consumo de drogas. Los supuestos en los que se basa son:

  • La conducta adictiva está mediada por las cogniciones, compuestas de expectativas que son creencias sobre los efectos de la conducta de consumo.

  • Estas cogniciones están acumuladas a través de la interacción social en el desarrollo y a través de experiencias con los efectos farmacológicos directos e interpersonales indirectos de la conducta de consumo.

  • Los determinantes principales de la conducta de consumo son los significados funcionales unidos a la conducta de consumo en combinación con la eficacia esperada de conductas alternativas.

  • Los hábitos de consumo se desarrollan: cada episodio de consumo puede contribuir posteriormente a la formación del hábito por el incremento del estrés y por limitar las opciones de conductas alternativas.

  • La recuperación depende del desarrollo de habilidades de afrontamiento alternativas.

En la fase de adquisición tienen gran importancia los modelos y habilidades de afrontamiento de que disponga la persona (relaciones familiares, fracaso escolar, habilidades competencia social, disponibilidad de droga…). Una vez iniciado el consumo, las variables que lo mantienen son la necesidad de incrementar el estado afectivo positivo. También es frecuente el fenómeno de “escalada” (primero drogas legales, luego marihuana, después opiáceos...) y utilizar el consumo como estrategia de afrontamiento ante los problemas cotidianos o relacionados con el estrés junto a la carencia de un control personal adecuado.

El individuo se plantea el abandono cuando se hace consciente de que la droga le hace daño, le afecta a áreas importantes de su vida o se le cruza algún evento vital. Para el mantenimiento de la abstinencia necesitará apoyo social y la necesidad de cambio de estilo de vida.

El modelo social

Peele propone un modelo basado en el papel de las adicciones en nuestro estilo de vida, sosteniendo que no es la sustancia o la conducta la que produce la adicción, sino el modo como la persona interpreta su propia experiencia adictiva y como responde, tanto a nivel fisiológico, emocional o conductual a la misma. Las drogas se convertiría en muletillas que tiene la persona para afrontar mejor su vida. Este modo de enfrentarse al mundo viene determinado por las experiencias pasadas, la personalidad y el entorno social.

El adicto se caracterizaría por ser dependiente, no por la sustancia, sino por el impulso de depender y por su pasividad, siendo ésta la esencia de la adicción. Así, la adicción se destaca por su efecto instantáneo y porque se consigue de modo seguro el efecto esperado. Además la adicción es la excusa para no esforzarse ni para adaptarse a su entorno ni a su vida. Como fuera de la adicción se experimenta ansiedad y culpa, el individuo se hará adicto porque en su adicción se encontrará mejor.

Para Peele nuestra cultura favorece las adicciones al tener como valores centrales el logro y el éxito individual. Presta una especial atención al alcohol, al que une a la masculinidad y al poder. El alcohol permite dejar de lado las inhibiciones y ansiedades e incrementa el valor. El factor clave para no convertirse cualquier conducta en adictiva es que la persona sea capaz de controlarla e introducirla en su vida. Ello exige diferenciar lo bueno de lo perjudicial y tener en la vida modos de satisfacción distintos a las conductas adictivas y aceptarse uno tal como es.

Las características de una adicción según Peele son:

  • Es un continuo.

  • Desvirtúa las otras implicaciones que una persona posee, limitando todos los ámbitos de la vida.

  • No es una experiencia placentera y a ella se llega para eliminar el dolor, sea físico o emocional.

  • Es la incapacidad de escoger el no hacer algo.

Según este planteamiento superar la adicción es muy difícil. Al considerar la adicción como un problema existencial, el tratamiento requiere adquirir nuevos patrones de conducta y reestructurar la personalidad existente. La curación se daría cuando el individuo deje atrás su adicción, no dependa de ella y establezca un nuevo modo de relacionarse consigo mismo y con el mundo. Peele plantea que también el tratamiento de la adicción puede llegar a convertirse en una adicción en sí misma: el nuevo poder externo, el terapeuta o el grupo de terapia, pueden tener las mismas características que la conducta adictiva. Lo que se pretende es sustituir una adicción negativa por una adicción positiva que permitirá que el individuo consiga su autonomía y pueda desarrollarse libremente por sí mismo.