Vivimos en una sociedad "mentalmente enferma", con tres de cada diez personas con problemas emocionales, una "plaga sin precedentes" que tendrá consecuencias económicas y de la que solo podremos salvarnos individualmente, según el diagnóstico del psicólogo y escritor Rafael Santandreu.

 

Santandreu protagoniza uno de los éxitos de ventas de 2012 con el libro "El arte de no amargarse la vida", un manual didáctico, con historias reales, cuentos y metáforas, editado por Oniro y que para celebrar sus más de 100.000 copias vendidas saca ahora una versión en tapa dura y con un anexo de testimonios de pacientes de este psicólogo clínico.

Su tratamiento está basado en la psicología cognitiva, una de las escuelas terapéuticas más importantes del mundo, y que si se sigue con disciplina diaria, como quien "aprende un idioma o va al gimnasio", cosecha resultados en "cinco o seis meses", afirma Santandreu en una entrevista con Efe.

Una terapia, subraya, basada en argumentos, no en ejercicios de pensamiento positivo.

El objetivo, dice, es convertir a hombres y mujeres deprimidos, neuróticos, obsesionados, ansiosos o cascarrabias en personas serenas, alegres, optimistas y capaces de disfrutar de la vida de forma racional, incluso en las circunstancias más adversas.

"La vida es para disfrutarla, amar, aprender, descubrir... y eso solo lo podremos hacer cuando hayamos superado la neurosis o el miedo, que es su principal síntoma", explica Santandreu.

Y para disfrutar la vida con plenitud, como hicieron sus "maestros", el fotógrafo Fran Capa, el explorador Ernest Shackleton, el escritor Boris Vian y el actor Christopher Reeve ("Superman") o lo hace el científico Stephen Hawking, hay que tener una "mente fuerte", carente de miedo, de "necesititis" y de "terribilitis".

La "necesititis", aclara, es confundir "los deseos con la necesidad" y la "terribilitis", tomarse todo a la tremenda y anticipar desgracias.

Transformar el carácter para Santandreu es posible. Y lo es si se cambia la estructura mental, es decir, si se modifica la forma en la que pensamos y percibimos lo que nos pasa. La recompensa: "fuerza emocional, el principal pasaporte para ir por el mundo".

Y es que como decía su filósofo de cabecera, Epicteto: "No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos de lo que nos sucede". Un diálogo interior que se aprende generalmente en la infancia, pero que se puede reeducar si no es el adecuado.

El problema radica en las ideas negativas, en las "creencias irracionales", que suelen ser falsas por exageradas, inútiles porque no ayudan a resolver dificultades y, lo peor, hacen sufrir, dice el que fuera redactor jefe de la revista "Mente sana".

Las personas mentalmente fuertes, añade, se cuidan mucho de dramatizar sobre las posibilidades negativas de su vida, lo que les hace mantener la calma. Ahí radica su fortaleza.

El primer paso, explica, es evaluar lo que nos sucede con criterios objetivos, constructivos y con una cierta conciencia filosófica de la vida.

Existen miles de creencias irracionales -cada cual tiene las suyas-, pero todas, según Santandreu, se resumen en tres: debo hacer las cosas bien, la gente me debe tratar bien y todo me debe ser favorable.

Las creencias más comunes, según lo que él ha comprobado en su consulta, que la gente tiene asociadas a la felicidad son: tener pareja, ser alguien, ser apreciado por todos, tener un piso en propiedad, tener salud, que tu pareja te sea fiel, tener una vida emocionante y tener siempre más (cosas, oportunidades).

Seguir estas u otras creencias a pies juntillas es la mejor forma de caer en la neurosis, sostiene Santandreu, quien recomienda a sus pacientes que ante cualquier contratiempo se hagan siempre la misma pregunta: ¿esto me impide hacer cosas maravillosas para mi mismo y para los demás?. La respuesta, dice, casi siempre es no.

Para vivir y ser feliz, asegura Santandreu, se necesitan muy pocas cosas, solo agua, comida y cobijo frente a las inclemencias.

Todo lo demás es superfluo, pero ha conseguido la hegemonía en esta sociedad occidental que en el año 2040 tendrá al 50 % de la población aquejada de alguna enfermedad mental, advierte.

Las estadísticas son "impepinables": "Cada vez hay más adultos y niños con problemas". "Los antidepresivos, tras los que controlan la tensión arterial, son los fármacos más vendidos del mundo". "Esto no lo para ya ni Dios", afirma.

"No nos podemos salvar colectivamente, pero individualmente, sí. ¿Y qué ganaremos?, pues salud mental".

Por Catalina Guerrero.