Consecuencias de la violencia contra las mujeres en la pareja

Para la OMS la violencia contra las mujeres es un problema social y sanitario de primera magnitud, cuya extensión y consecuencias lo convierten en una prioridad de salud pública (OMS/OPS, 1998; OMS, 2005).

Este organismo, en sus diferentes informes sobre el tema, ha señalado que las principales consecuencias de esta violencia sobre la salud de las mujeres pueden agruparse en resultados fatales y no fatales (OMS/OPS, 1998), describiéndolas como puede verse en el Cuadro 6.4.

Cuadro 6.4. Consecuencias de la violencia contra las mujeres sobre su salud.

Tipo de consecuencias Consecuencias sobre la salud
Resultados fatales Homicidio.
Mortalidad materna.
SIDA.
Suicidio.
Resultados no fatales
Sobre la salud física Asma.
Daño ocular.
Dolor crónico (pélvico, de cabeza ... ), fibromialgia.
Heridas (laceraciones, fracturas, daño de órganos internos, etc.).
lnval idez permanente.
Síndrome de colon irritable.
Trastornos gastrointestinales.
En general, vulnerabilidad a enfermedades o problemas de salud graves.
Sobre la salud sexual Aborto u otras lesiones producidas durante el embarazo.
Disfunción sexual.
Embarazo no deseado y/o a temprana edad.
Enfermedad inflamatoria pélvica.
Enfermedades de transmisión sexual.
Problemas ginecológicos diversos.
Sobre la salud mental Abuso de drogas o alcohol.
Ansiedad, fobias, trastornos de pánico.
Baja autoestima.
Desorden obsesivo compulsivo.
Desórdenes múltiples de personalidad.
Desórdenes psicosomáticos.
Miedo.
Otras conductas auto-lesivas (fumar, sexo no protegido, etc.). Depresión.
Sentimientos de vergüenza o culpa.
Trastorno por estrés post-traumático.
Trastornos de alimentación y sueño.

Entre los resultados fatales de la violencia contra las mujeres en la pareja tenemos abundante información sobre el femicidio (así, por ejemplo, los datos disponibles señalan que 636 mujeres han sido asesinadas a manos de su pareja o ex- pareja sentimental entre 1999 y 2008 en España http://www.inmujer.gob.es) y datos muy poco precisos aún sobre los otros resultados fatales de esta forma de violencia (los suicidios, el contagio de ETS mortales, etc.) (Lorente, Sánchez de Lara y Naredo, 2007).

Por lo que se refiere a los resultados no fatales, diversos trabajos ofrecen una detallada descripción tanto de las consecuencias de esta violencia sobre la salud física y psíquica como de su prevalencia entre las mujeres que la han padecido (Mestre, Tur y Semper, 2008; Nogueiras, Arechena y Bonina, 2005; Ulla y cols., 2009; Villavicencio y Sebastián, 1999).

A modo de resumen puede decirse que, tal y como ya señaló Leticia Ramos (2000), según estimaciones del informe del Banco Mundial, entre el 5% y el 16% (dependiendo de la región del mundo de la que hablemos) del total de años de vida saludables perdidos por las mujeres en edad reproductiva podrían relacionarse directamente con la violencia basada en el género.

Cabe recordar que diferentes documentos recientes (Comisión contra la Violencia de Género del Consejo lnterterritorial del Sistema Nacional de Salud, 2007; Lasheras y Pires, 2003; Nogueiras y cols., 2005) nos aportan indicaciones, criterios comunes y protocolos para la detección, valoración y posterior intervención sobre la consecuencias físicas y psicológicas que padecen las mujeres que han sido víctimas de este tipo de violencia. Igualmente, diferentes comunidades autónomas del estado español tienen ya o están en proceso de elaborar documentos de este tipo que serán una gran ayuda para la unificación de criterios y esfuerzos entre los diferentes profesionales que han de intervenir en estos casos.

No hay que olvidar, además, que la violencia contra las mujeres en la pareja tiene, en su caso, efecto sobre los hijos.

De hecho, aunque durante mucho tiempo se pensó que no era así, hoy sabemos que vivir en un ambiente donde se maltrata (y no digamos ya ser víctima directa de un maltrato) genera en los menores un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales, de comportamiento o de salud física (Heise, Ellsberg y Gottemoeller, 1999), siendo pues necesario considerar a los hijos de las mujeres que sufren violencia de género también como víctimas (no secundarias ni indirectas) de esta violencia (Hornos, 2007; Walker, 2003).

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