Referentes psicosociales en la intervención comunitaria con inmigrantes

1. Necesidades de las personas inmigrantes y la prestación de servicios comunitarios

Si se tiene como referencia la intervención comunitaria, el estrés asociado al proceso migratorio se relaciona básicamente con dos tipos de fenómenos: las demandas ambientales que ponen al individuo en situaciones problemáticas o en contextos donde las expectativas conductuales no son claras, y la carencia o escasez (opresiva) de recursos psicológicos y sociales para responder a dichas demandas. Una adecuada planificación de la intervención debe incidir sobre el contexto comunitario para que proporcione a los inmigrantes los recursos materiales, personales y sociales que posibiliten la satisfacción de sus necesidades vinculadas tanto a un ajuste psicológico positivo como al proyecto migratorio.

No son muchas las investigaciones enfocadas al diagnóstico de las necesidades específicas de este sector de la población. En el marco de la Iniciativa Europea EQUAL-Arena (Martínez y Martínez, 2007) se analizaron las principales necesidades, expresadas como demandas, de los inmigrantes usuarios de servicios de recepción y de orientación laboral que se crearon ad hocen nueve municipios andaluces (de Almería, Huelva y Cádiz) con importante presencia de este colectivo (véase Tabla 7.2). En general, la mayoría de las demandas se corresponden con aquellos recursos que satisfacen las necesidades de supervivencia y seguridad, así como los vinculados al proyecto migratorio. Estos resultados son concordantes con otros trabajos similares como los de Paterna (1994) con inmigrantes residentes en Murcia o Martínez, García, Maya, Becerra y Checa (1996) en una muestra de 600 inmigrantes africanos residentes en Andalucía.

Tabla 7.2. Principales demandas realizadas por los inmigrantes.

Servicio de Recepción Servicio de Orientación Laboral
  1. Vivienda
  2. Documentación
  3. Información jurídica
  4. Alimentación
  5. Prestaciones sociales
  6. Plazas en el Sistema educativo
  7. Mediación en conflictos
  8. Clases de lengua y cultura
  9. Guardería
  10. Billetes de bus / viajes
  11. Interpretación, traducciones
  12. Otras
  1. Empleo
  2. Información prestaciones de Seguridad Social
  3. Información sobre las prestaciones INEM
  4. Información sobre homologación de títulos y convalidación
  5. Mediación laboral
  6. Información sobre cursos de formación
  7. Elaboración currículum profesional
  8. Información sobre creación empresas
  9. Información funcionamiento del INEM/SAE
  10. Acompañamiento
  11. Información sobre el canje del permiso de conducir
  12. Otras

En general, la mayoría de las necesidades expresadas por los miembros de los grupos en desventaja son atendidas desde la administración pública en el nivel primario de atención: servicios educativo, sanitario y fundamentalmente servicios sociales. El importante ritmo de crecimiento de la inmigración en España durante las décadas de los ochenta y noventa sorprendió a estos servicios sin los recursos ni la preparación necesaria para suministrar una atención de calidad a los nuevos ciudadanos. Durante este período se implantaron en muchos barrios y municipios españoles servicios de mediación intercultural (con distintos formatos y profesionales) que se ubicaron fundamentalmente en la red pública de servicios sociales comunitarios. En ellos se atendió, de forma más voluntarista que profesional y planificada, la demanda de una población cada vez más numerosa a través de la figura del mediador intercultural, inmigrantes contratados para tal fin y, en muchos casos, sin la formación necesaria. A modo de ejemplo, en la Tabla 7.3 se recogen las principales actuaciones realizadas por los mediadores interculturales de los servicios de recepción y orientación laboral en los nueve municipios vinculados al Proyecto EQUAL-Arena antes referenciado.

Tabla 7.3. Actuaciones realizadas desde los servicios comunitarios.

Servicio de Recepción Servicio de Orientación Laboral
  1. Acompañamiento
  2. Pasaporte/Permiso de Residencia/ de Trabajo
  3. Empadronamiento
  4. Renovación documentos
  5. Información Cursos Lengua y Cultura
  6. Cartilla de Atención Sanitaria
  7. Información sobre normativas
  8. Traducción/Interpretación
  9. Vivienda: alquiler oferta pública etc.
  10. Recursos colectivos públicos (piso acogida etc.)
  11. Informes de vivienda
  12. Información Asociaciones/ONGs
  13. Información Servicios Educativos y Culturales
  14. Información Servicios para Mujeres
  15. Información Servicios Sanitarios
  16. Información Servicios Sociales
  17. Otras
  1. Derivación a recursos socio-laborales
  2. Información sobre el mercado laboral
  3. Acompañamiento a entidades públicas y privadas
  4. Mediación empresarios, sindicatos y administración
  5. Asesoramiento laboral y de la Seguridad Social
  6. Elaboración de currículum profesional
  7. Interpretación/traducción lingüística
  8. Contacto con empresas para empleo
  9. Contacto con trabajadores para empleo
  10. Elaboración de un plan personal para empleo
  11. Gestión de documentos
  12. Autoempleo proyectos empresariales
  13. Información INEM desempleo etc.
  14. Itinerarios de empleo
  15. Coordinación otras entidades
  16. Otras

Sin duda, en una primera etapa esos servicios específicos sirvieron para atender una demanda creciente por parte de la población inmigrante que había desbordado los servicios sociales comunitarios. Sin embargo, el crear circuitos paralelos de atención para colectivos específicos dentro de un sistema público no es el mejor modelo a seguir cuando se adopta una perspectiva integradora, de igualdad y no estigmatizante. Por ello, y conforme se fueron incorporando nuevos recursos a estos servicios y se mejoró la preparación de sus profesionales, se fue implantando (en los servicios sociales comunitarios, sobre todo, y con mucha variabilidad dentro del territorio español) un nuevo modelo de atención normalizada a las personas inmigrantes.

De acuerdo con el modelo, la atención normalizada es el proceso por el que una determinada política tiende a desplegar servicios, prestaciones y recursos tomando en especial consideración los elementos comunes que existen entre personas, grupos o colectivos, y desarrollar estrategias que permitan la integración de las personas y el acceso a los recursos y servicios sin que las diferencias (origen nacional, sexo, religión, etc.) sean un obstáculo. En consecuencia se fueron suprimiendo los servicios específicos y las personas inmigrantes se atendieron con los mismos técnicos y protocolos que la población general. Pasados unos años se evaluaron en Andalucía los puntos fuertes y las estrategias a seguir para la mejora de este modelo (véase Tabla 7.4). Se realizaron 8 Talleres (uno por provincia) en el que participaron 132 profesionales de los servicios comunitarios de cerca de 100 municipios andaluces (Martínez, 2008).

Tabla 7.4. Modelo de atención normalizada personas inmigrantes.

Ventajas Estrategias
  1. Se garantiza el Principio de Igualdad de acceso a la prestación de los Servicios Sociales al igual que al resto de la población.
  2. Favorece la integración social de las personas inmigrantes en el contexto comunitarios través de la satisfacción de necesidades y de un contacto más positivo con la población autóctona.
  3. Aumenta la eficacia y eficiencia del sistema de prestación de servicios, ya que optimiza los recursos, evita la duplicidad de los mismos y favorece la coordinación entre los distintos niveles (transversales y verticales) de la pirámide asistencial.
  4. Mejora los procesos de planificación de la intervención comunitaria.
  5. Refuerza el sistema y estructura de los Servicios Sociales Comunitarios.
  6. Favorece la participación de las personas inmigrantes en la vida comunitaria, promoviendo y/o consolidando las redes de apoyo social.
  7. Posibilita la unificación de criterios de actuación.
  8. Permite un mejor diagnóstico de situación y por tanto la detección de necesidades.
  1. Incrementar los recursos humanos, materiales y organizativos.
  2. Incorporar de asesores jurídicos y especialistas en mediación social y comunitaria.
  3. Formación continúa de los técnicos de los Servicios Sociales Comunitarios en diversidad humana, mediación comunitaria, metodología de la intervención social, evaluación de necesidades, etc.
  4. Diseñar actividades culturalmente competentes para mejorar el conocimiento de la población inmigrante sobre los servicios comunitarios.
  5. Fomentar la participación de las personas inmigrantes en el diseño, implementación y evaluación de los programas y actividades comunitarias.
  6. Generar procesos que conduzcan a un mayor desarrollo y adaptación de la legislación y las políticas sociales a las necesidades de la población inmigrante.

Si bien el modelo de atención normalizada parece más adecuado e integrador que la atención a través de vías específicas, todavía los servicios comunitarios (sanitarios, sociales, educativos, etc.) presentan déficits relacionados tanto con la adecuación de la prestación misma como con su grado de accesibilidad. Estos déficits se habían vinculado de forma opresiva a las peculiares características de los miembros de los grupos minoritarios: escaso dominio del idioma, falta de hábitos adecuados de uso, búsqueda de otros recursos alternativos dentro de la comunidad étnica (sanadores, curanderos, entre otros), etc. Sin embargo, desde el enfoque ecológico-cultural y la teoría de la opresión se explican estos problemas poniendo especial énfasis en las características organizacionales deficitarias de los propios servicios (Martínez, Martínez y Calzado, 2006):

  1. falta de un ideario comprometido con la diversidad;
  2. condiciones de desigualdad de poder en la relación profesional-usuario;
  3. prácticas administrativas y atencionales no adecuadas a todo el rango que la diversidad humana implica;
  4. profesionales escasamente concienciados o preparados para atender a los nuevos usuarios que configuran la realidad demográfica en la sociedad actual, etc.

Dado que la mayoría de los miembros de esos nuevos grupos minoritarios son subsidiarios de ayuda por su mayor vulnerabilidad, el desarrollo de intervenciones sensibles a la diversidad humana se ha convertido en uno de los principales retos a los que tienen que enfrentarse los servicios públicos y los profesionales de la intervención social en general. Aunque no exento de polémica, uno de los constructos que ha tenido una mayor difusión y que se está demostrando útil en la mejora de la prestación de servicios y la intervención social, es el de competencia cultural.

2. La competencia cultural como objetivo de la intervención comunitaria en inmigración

La conceptualización e investigación sobre aculturación ha estado centrada en los últimos años casi exclusivamente en el nivel individual y, como se ha visto más atrás, referida a los miembros de los grupos no dominantes. Pero si se adopta una perspectiva ecológica y más actual, en la aculturación hay que considerar, además, los procesos de cambio que operan en el contexto social, tanto a nivel político, institucional, comunitario, etc. (Tseng y Yoshikawa, 2008). Y es que, en mayor o menor medida, las sociedades de acogida cambian necesariamente como consecuencia de la llegada de los nuevos ciudadanos a los distintos contextos sociales (barrio, escuela, trabajo, centro de salud, etc.).

Una gestión enriquecedora, igualitaria y efectiva del contacto intercultural requiere que los cambios aculturativos en las comunidades de acogida se programen y planifiquen en los distintos niveles ecológicos. En este sentido, la competencia cultural se ha convertido en un referente de políticas, programas y proyectos comunitarios dirigidos a promover cambios positivos en los miembros e instituciones de las comunidades de acogida en relación a la inmigración. Se puede definir competencia cultural como el conjunto de conocimientos, actitudes, conductas (y en su caso políticas y programas) que confluyen en una persona (institución o sistema) que le capacitan para trabajar (convivir en el caso de personas, ser implementado en el caso de programas y políticas, etc.) con eficacia en contextos interculturales (Martínez y cols., 2006). Por tanto, la competencia cultural puede estar referida a ciudadanos, profesionales de los servicios, políticos, a un barrio, centro de salud o de servicios sociales, o al sistema jurídico, educativo, etc.

La competencia cultural es tanto un resultado como un proceso de desarrollo de capacidad, pero no sigue un modelo lineal y suele tener distintos patrones de logro para cada uno de los rangos en que se manifiesta la diversidad humana. De esta forma, hay personas, instituciones, servicios, centros, etc. que alcanzan una alta competencia cultural en relación a la perspectiva de género, por ejemplo, y se mantienen no competentes en otros ámbitos: étnico, origen nacional, orientación sexual, religioso, etc.

Como constructo multidimensional (Campinha-Bacote, 1998) se han definido una serie de componentes operativos que sirven de referencia en programas, por ejemplo, dirigidos a los profesionales de la intervención comunitaria:

  1. Deseo cultural, o grado de motivación del profesional para comprometerse en mejorar su preparación en el trabajo con inmigrantes.
  2. Conciencia de las propias creencias, actitudes y prejuicios sobre la inmigración y las personas inmigrantes, y reconocimiento de que ello puede tener una influencia negativa sobre su práctica profesional.
  3. Conocimiento acerca de las características más significativas de los diversos grupos de inmigrantes que conviven en el espacio comunitario: información sobre culturas, cosmovisiones, experiencias, patrimonio, historia, estructura familiar, valores, creencias, etc. (véase Tabla 7.5).
  4. Habilidades para trabajar con inmigrantes, es decir ejecución de prácticas profesionales culturalmente ajustadas tales como el uso apropiado del lenguaje, protocolos, forma de desarrollar la entrevista, datos a obtener del usuario, diseño cultural del programa de intervención, etc.
  5. Encuentros culturales efectivos como proceso que estimula al profesional a comprometerse directamente en interacciones con personas inmigrantes.

Un ejemplo de promoción de la competencia cultural (cambios aculturativos) a través de la formación en valores, actitudes, contenidos y habilidades de los profesionales que atienden a las personas inmigrantes en Andalucía es el Proyecto FORINTER. Su diseño e implementación corresponde a una coalición comunitaria constituida ad hoc (Administración pública andaluza y Universidad), en la que participan también asociaciones vinculadas a la inmigración. Las metas del Proyecto son el diseño, ejecución y evaluación de un Plan de Formación en materia intercultural en profesionales de las Administraciones Públicas Andaluzas. A lo largo de los S años de ejecución está cubriendo sus objetivos de formación en más de 2000 profesionales en temas como interculturalidad, migraciones, gestión de la diversidad humana, prejuicios y relaciones intergrupales, competencia cultural, atención a la población inmigrante, etc. El impacto que se espera alcanzar es el inicio de un proceso político y técnico que implique nuevas maneras de pensar y enfocar las políticas, los modos organizativos y la forma de trabajar, basado en la incorporación transversal de la perspectiva de la diversidad humana.

En el nivel de las organizaciones públicas que prestan servicios comunitarios (Tabla 7.5), la competencia cultural no sólo implica a sus profesionales, sino a la misma organización (escuela, centro de servicios sociales, centro de salud, etc.) en un proceso de apertura intercultural. Los referentes del cambio aculturativo son:

  1. valoración de la diversidad, es decir las distintas formas en que sus usuarios definen salud, bienestar, educación, etc.;
  2. tener la capacidad de autoevaluarse culturalmente;
  3. ser consciente de la dinámica inherente a la interacción entre las culturas;
  4. contar con conocimientos culturales institucionalizados; y
  5. haber adaptado la prestación de los servicios para que refleje una comprensión del pluralismo cultural.

El Proyecto Migrant-Friendly Hospitals (MFH, 2004) es un buen ejemplo de programa para mejorar la competencia cultural y está basado en la declaración europea sobre hospitales amigos de los inmigrantes: valorar la diversidad, aceptar en igualdad a las personas con independencia de su origen, e identificar sus necesidades desarrollando servicios adaptados a las mismas. En el primer subproyecto se pretende mejorar la interpretación en la comunicación clínica, en el segundo formar a madres inmigrantes en el cuidado de los hijos, y en el tercero proporcionar competencias y habilidades al personal para manejar los encuentros interculturales.

En el nivel comunitario la competencia cultural se sustenta igualmente en una efectiva valoración de la diversidad humana desde la que se promueva una convivencia pacífica y creativa entre los distintos grupos sociales que conforman un determinado territorio (barrio, pueblo, comunidad de vecinos, etc.). Valorar la diversidad significa que los miembros de la comunidad conocen los beneficios de sus diferencias y similitudes, y trabajan intencionadamente por construir relaciones sostenibles entre personas e instituciones de diversa pertenencia (Tabla 7.5).

Tabla 7.5. Ejemplos de referentes interventivos para la adquisición de competencia cultural en relación con la inmigración

Nivel individual: profesionales

Contenidos formativos sobre las características de los grupos de inmigrantes

  • Características generales de los colectivos de inmigrantes: latinoamericanos, subsaharianos, etc.
  • Creencias sobre la salud, el bienestar y las necesidades sociales.
  • Patrones de conducta de búsqueda de ayuda y utilización de servicios.
  • Tópicos sobre familia, infancia y tercera edad.
  • Elementos clave para una comunicación eficaz: (forma de presentarse, utilización del lenguaje no verbal, proxemia, giros lingüísticos significativos, etc.
  • Principales necesidades sociales, de bienestar y salud.

Nivel organizacional: centros de servicios comunitarios

Acciones a definir en un plan estratégico sobre competencia cultural

  • Comprometer al mayor número de sus miembros en un plan de mejora de la atención a personas inmigrantes.
  • Declarar la intención de trabajar por mejorar la competencia de sus servicios en relación a las personas inmigrantes y la diversidad cultural.
  • Incorporar esa declaración en un manifiesto concreto y/o en la misión o ideario del centro.
  • Realizar una autoevaluación inicial que le permita definir, para un tiempo dado, objetivos, acciones y recursos que comprometerá en todos los niveles de la organización para lograr aquella mejora.
  • Diseñar un plan de evaluación que valore los objetivos alcanzados y oriente la planificación de nuevas acciones para el siguiente período.

Nivel comunitario: Coalición comunitaria

Estrategias para adquirir competencia cultural a través del trabajo cooperativo

  • Los grupos implicados (inmigrantes y población de acogida) deben identificar un problema común y ponerse a trabajar cooperativa y democráticamente, definiendo metas y estrategias para alcanzarlas.
  • Todos los grupos deben estar representados en idénticas condiciones de poder, respeto e importancia.
  • Diseñar actividades que posibilite a los miembros de la coalición a conocerse como individuos.
  • Diseñar actividades interactivas que sus integrantes identifiquen lo que tienen en común y reconozcan y valoren los elementos positivos de los otros grupos: cultura, lenguaje, etc.
  • Los conflictos deben ser identificados, respetados y gestionados de tal forma que mejores las relaciones intergrupales.
  • Se deben celebrar las actividades realizadas conjuntamente que culminen con éxito, ya que no sólo mejoran las comunidades en las que viven los grupos, sino también fortalecen sus relaciones.
  • Debe contarse con el apoyo institucional (organizaciones, administración local, etc.).
  • La coalición debe operar en múltiples niveles: individual, relacional e institucional y comunitario.

 

Una comunidad que valora la diversidad asegura que sus instituciones proveen igual tratamiento y acceso a recursos y decisiones a todos sus miembros sin tener en cuenta la etnia, origen nacional, creencias religiosas, etc. Algunos referentes interventivos pueden ser:

  1. campañas de información y sensibilización en la lucha contra el prejuicio (manifiesto y sutil), la amenaza percibida y las actitudes negativas hacia la inmigración, los inmigrantes y las políticas migratorias; y
  2. la participación comunitaria de las personas inmigrantes en estructuras cooperativas con los miembros de la comunidad de acogida (coalición comunitaria) es una estrategia de elección para lograr la competencia cultural en un municipio, un barrio, etc.; permite contactos duraderos, simétricos, con apoyo institucional y posibilita descubrir las similitudes grupales y valorar las diferencias.

3. Creando contextos comunitarios de apoyo social

Entre las fortalezas que favorecen en el inmigrante el logro de resultados positivos de realización (ejecución de roles) y bienestar, se encuentra el conjunto de vínculos sociales que conforman su sistema de apoyo (Martínez, García y Maya, 2002). El apoyo social es considerado un proceso complejo y dinámico, que evoluciona y se modifica a partir de las transacciones que tienen lugar entre el individuo y su red social, en un intento de responder a las demandas que el contexto comunitario de acogida plantea.

En la población inmigrante el sistema de apoyo social lo configuran aquellos vínculos personales -del país de origen o de la sociedad receptora- a los que acuden rutinariamente para obtener sanción a sus proyectos y/o ayuda para la satisfacción de sus necesidades. Numerosos estudios han constatado efectos beneficiosos sobre la salud y el bienestar derivados de las relaciones sociales, y que una reducción significativa de éstas (y del apoyo social que posibilitan) incrementa la vulnerabilidad de las personas (Stroebe y Stroebe, 1996). Este es el caso de la inmigración, ya que se reduce el número de vínculos como consecuencia del cambio de contexto (Martínez y cols., 2002) y la reconstrucción de un sistema de apoyo suficiente se convierte en objetivo prioritario de intervención.

El apoyo social es especialmente crítico en el proceso migratorio porque:

  1. contribuye a la decisión de emigrar;
  2. proporciona un marco de referencia para evaluar la nueva realidad, lo que incrementa la sensación de predictibilidad, estabilidad y control del nuevo medio;
  3. mejora el acceso a los recursos formales y ayuda a la satisfacción de necesidades;
  4. participa en ella configuración de una nueva identidad positiva;
  5. potencia la participación social;
  6. promueve sentido de comunidad;
  7. mejora los procesos de aculturación; y
  8. favorece la ocurrencia de eventos positivos.

Todo ello contribuye al bienestar individual, relacional y/o colectivo del inmigrante como se pone de manifiesto, a modo de ejemplos, en los siguientes ejemplos.

En dos estudios sobre la salud mental en inmigrantes usuarios de los servicios sociales comunitarios de Marbella (Martínez y cols., 2001) y Sevilla (Martínez, Calzado, Martínez, 2009) se encontró un efecto amortiguador del apoyo social sobre las consecuencias negativas (depresión) del estrés por aculturación. En concreto, los inmigrantes con altos niveles de estrés aculturatvo y con un apoyo social insuficiente, obtuvieron puntuaciones elevadas en la escala de depresión. Por el contrario, alto estrés aculturativo y sistema de apoyo social suficiente se vinculaba con puntuaciones bajas en sintomatología depresiva. Lo que indica el papel positivo del apoyo social en el afrontamiento de los sucesos vitales estresantes durante el proceso migratorio.

En el marco de los procesos de aculturación y de crisis personal que sufren los inmigrantes ante la necesidad de redefinir una nueva identidad social, Oppedal y Lackand (2004) realizaron un estudio longitudinal con adolescentes inmigrantes en Noruega. Analizaron el papel que juegan en la salud mental factores como la aculturación, el apoyo social, la autoestima y la discriminación percibida. Se constató la importancia de adquirir competencias culturales para desenvolverse tanto en el nuevo contexto de acogida como en el propio contexto étnico.

Estos dos tipos de competencias facilitaron, respectivamente, la obtención de apoyo social en la escuela, en su familia y en sus amigos compatriotas. A su vez el apoyo recibido en ambos contextos se relacionó con resultados positivos de salud mental a través de la mejora de la autoestima.

Una de las características del sistema de apoyo social es la relación específica que se establece entre una necesidad particular y el tipo de vínculo social que contribuye a su satisfacción. Los llamados vínculos fuertes (pareja, padres, amigos íntimos) juegan un importante papel en el logro de apoyo emocional y son decisivos en los primeros momentos del reasentamiento. Por su parte, se ha constatado (Graanovetter, 1983) que los vínculos o lazos débiles (amigos, miembros de la sociedad de acogida, conocidos, etc.) son una potente fuerza de capital social en el ámbito laboral, ya que proporciona oportunidades de empleo, establece las bases para una mutua confianza y cooperación laboral, facilita la formación de empresas con otros inmigrantes, posibilita el cambio y la mejora laboral, etc.

Todos estos hechos ponen de relieve la importancia de los vínculos sociales informales en la inmigración, por lo que debe ser un referente de primer orden en los programas de intervención comunitaria. Estos programas basados en el apoyo social pueden definirse como los esfuerzos por optimizar los recursos psicosociales que los individuos proveen o reciben en el contexto de sus relaciones con los grupos primarios. Se caracterizan por su mayor accesibilidad, validez y aceptación cultural, porque promueven la solidaridad, el desarrollo comunitario y la participación social, y porque favorece la autorresponsabilidad, autoconfianza y la competencia individual y colectiva. Algunas de las actividades que se pueden incluir en estos programas dirigidos a la población inmigrantes pueden ser:

  1. Nivel individual:
    1. habilidades sociales para adquirir competencias culturalmente adaptadas al contexto comunitario de acogida en los procesos de dar y recibir apoyo;
    2. cambio de actitudes para disminuir la resistencia en la recepción de apoyo formal e informal;
    3. técnicas de búsqueda de apoyo informal en el afrontamiento del estrés por choque cultural, etc.
  2. Nivel diádico: un miembro o grupo de la red social, o ajeno a ella (voluntario mentor, etc.), proporciona previo entrenamiento, apoyo (instrumental, material y/o emocional) al sujeto focal. Por ejemplo, al ingresar en la escuela un chico inmigrante se asocia con un compañero autóctono que hace las veces de mentor; en el barrio se correspondería con un programa de familias (autóctonas) que ayudan a familias (inmigrantes), etc.
  3. Nivel grupal: se constituyen como los sistema de apoyo más robustos y duraderos, optimizando la red actual, mejorando la multidimensionalidad de los vínculos (proveer más de un tipo de apoyo) o creando nuevos vínculos. Las asociaciones de mujeres inmigrantes, o los grupos de autoayuda en general son buenos ejemplos de este nivel interventivo.
  4. Nivel organizacional: Supone la modificación de contextos específicos (sanitarios, educativos, laborales, etc.) para que se conviertan en escenarios proveedores de apoyo: incorporación de mediadores comunitarios (interculturales) en los centros públicos, creación de servicios de acompañamiento, de proximidad (guarderías, por ejemplo) para que las madres inmigrantes puedan acudir a los cursos de formación, presencia de materiales formativos y de difusión en distintos idiomas, el servicio de traducción telefónica, etc.
  5. Nivel comunitario: Destinados a incrementar el empoderamiento comunitario a través de la mejora de la oferta y el uso de las fuentes informales y formales de apoyo. Algunos ejemplos pueden ser: programa de apoyo a madres inmigrantes y sus familias, escuelas de padres y madres inmigrantes, campañas específicas e inespecíficas de información sobre recursos comunitarios, programa de apoyo para la prevención del sida en mujeres inmigrantes que ejercen la prostitución, etc.

4. Empoderamiento y participación comunitaria en la intervención con inmigrantes

4.1. Los procesos y resultados de empoderamiento

Ya se ha indicado que la intervención comunitaria trabaja en los contextos opresivos adoptando la perspectiva de la diversidad al objeto de mejorar las fortalezas de los contextos y de los grupos en desventaja. Por ello, el empoderamiento se ha convertido en un tópico de primer orden en muchos programas dirigidos a las personas inmigrantes.

El empoderamiento es un proceso específico y contextua! de fortalecimiento por el que las personas, organizaciones o comunidades ganan en el dominio del medio que les rodea y les conduce a resultados de satisfacción y realización (Rappaport, 1987). En las personas inmigrantes posibilita el logro de:

  1. control y protagonismo sobre sus vidas, lo que les permite planificar su futuro en el nuevo entorno comunitario;
  2. un conocimiento crítico de dicho entorno que conduce a evaluaciones más ajustadas y positivas de su situación; y
  3. conductas participativas en la vida de sus comunidades implicándose en la planificación del cambio social.

Una de las ventajas de utilizar el empoderamiento es que, además de trabajar para mejorar los recursos personales (motivación para el control, conocimiento y conciencia crítica, autoeficacia, habilidades para la participación, formación etc.) tiene en cuenta los factores contextuales donde las personas se insertan. Además, se vincula con otros tópicos psicosociales tales como el sentido de comunidad o la participación comunitaria (Kieffer, 1984; Florin y Wandersman, 1990).

En la intervención comunitaria con inmigrantes desde la perspectiva del empoderamiento hay que definir objetivos vinculados a sus tres componentes (Zimmerman, 1995):

  1. lntrapersonal: control percibido de dominio, autoeficacia, motivación para el control, competencia percibida y conocimiento crítico de sus circunstancias;
  2. Interaccional: conciencia crítica de su entorno, conocimiento de agentes causales de los problemas de los inmigrantes, desarrollo de habilidades (toma de decisiones, resolución de problemas y liderazgo), movilización de recursos, etc. y
  3. conductual: acciones para influir directamente en los resultados de su entorno: implicación en la comunidad, participación organizacional (equipos, periódicos, grupos de autoayuda, etc.), y conductas de afrontamiento (manejo de estrés y adaptación al cambio).

El empoderamiento es concebido como un constructo multinivel que implica actuaciones dirigidas a los inmigrantes (en las dimensiones antes señaladas) y a las organizaciones (asociaciones, escuelas, etc.) y comunidades (barrio, municipio, etc.) donde se insertan. En la Tabla 7.6, se describen los procesos y los resultados de empoderamiento más relevantes para cada uno de los niveles ecológicos que Nelson y Prilleltensky (2005) consideran en Psicología Comunitaria.

Tabla 7.6. Procesos y resultados de empoderamiento (Pilleltrensky, 2005).

Nivel de análisis Procesos Resultados
Individual
  • Participación en grupos activos
  • Experiencias como mentor
  • Conexiones con personas en situaciones similares
  • Entrenamiento en valores basados en la práctica
  • Entrenamiento en conocimiento crítico
  • Incremento de la conciencia crítica
  • Participación en la acción social
  • Asertividad
  • Opciones de vida ampliadas
  • Sentido de control
  • Formación otros mentores
Organizacional
  • Compartir liderazgo
  • Entrenamiento en facilitación grupal
  • Participación en toma de decisiones
  • Sentido de propósitos comunes
  • Participación en la acción social
  • Incremento de recursos
  • Relaciones ampliadas
  • Solidaridad con otros grupos
  • Influencia en la opinión pública
Comunitario
  • Acceso al gobierno
  • Participación en organizaciones cívicas
  • Educación política
  • Dirigido a temas sociales
  • Mejora de la calidad de vida
  • Mejora de la salud y el bienestar
  • Instituciones democráticas
  • Mejora del acceso a los servicios
  • Coaliciones para el bienestar
  • Valoración de la diversidad

Este conjunto de características han convertido a los programas basados en el empoderamiento en elementos claves en el proceso de afrontamiento de las mujeres inmigrantes de su triple situación de discriminación: por ser mujer en una sociedad machista, por ser inmigrante en una sociedad que le niega el acceso a la ciudadanía, y por pertenecer a otra cultura distinta de la dominante en una sociedad opresiva con las minorías. En la Tablas 7.7 y 7.8 se describen, en contextos muy distintos, ejemplos de programas para mujeres extranjeras basados en el incremento de la conciencia crítica de su situación de opresión y la promoción de la participación para contribuir al cambio social en sus respectivas comunidades.

Tabla 7.7. Educación para el empoderamiento de la mujer: el ejemplo de un campo de refugiados en Zambia (Hiupekile, 2008)

Contexto
En la sociedad congolesa tradicional las mujeres sufrieron diversas formas de discriminación por motivos de género, pero han sido socializadas para considerar esa situación como algo normal y en muchos casos llegaron a aceptarla (opresión interiorizada).
Proceso
Pese a todo, ellas cuentan con fundamentos para comenzar un proceso de reeducación radical (empoderamiento). Tienen motivos para quejarse y un sentido de la injusticia. Al fin han descubierto (conciencia crítica) la discriminación por razones de género.
Resultados

En el informe técnico del programa se expresa muy gráficamente el paso de la opresión psicológica interiorizada al logro de la conciencia crítica y movilización: "De la noche a la mañana, una mujer más impetuosa y con un activismo más acentuado, puede reunir a sus hermanas en torno a ella y decir: Ya hemos tenido bastante. No podemos aceptar estas nuevas atribuciones de los hombres, ni tampoco sus nuevas muestras de mal comportamiento. Es preciso que reconozcamos colectivamente este problema y lo afrontemos. Tenemos que ejercer un control más estricto sobre esta nueva forma de delincuencia masculina".

Por último, si las aproximaciones interventivas top-down reflejan la perspectiva y experiencia del grupo dominante, y generalmente se orientan a preservar las estructuras (opresivas) de poder existentes, en los procesos de empoderamiento se adoptan modelos bottom-up. En estos modelos se plasma el interés de que sean las personas en desventaja social las que, a través de su experiencia opresiva, expliquen sus problemas y propongan soluciones a través del cambio social. Una vez más se pone de manifiesto la importancia de que las personas inmigrantes adquieran una adecuada conciencia crítica acerca de sus circunstancias personales y contextuales (metas y alternativas, causas de las condiciones sociales no deseables, posibilidades de cambio, importancia de la acción para transformar la realidad, etc.). Además, la asunción de modelos bottom-up y el hecho de que el empoderamiento es un proceso colectivo, conduce necesariamente a considerar la participación de las personas inmigrantes como la estrategia de elección para alcanzar resultados de integración y bienestar.

5. Participación comunitaria e inmigración

El enfoque ecológico-comunitario de la intervención con inmigrantes supone observar el fenómeno de la integración como un proceso bidireccional en el que los nuevos ciudadanos y los miembros de la sociedad de acogida adquieren valores interculturales y competencias para trabajar juntos y construir una comunidad segura, cohesiva y dinámica a través del cambio social.

Ya se ha comentado que la construcción de una sociedad plural necesita generar en sus miembros conciencia de comunidad y de responsabilidad ante los asuntos que les afectan (componentes del empoderamiento) encauzándolas a través de la participación ciudadana. Para Wandersman y Florin (2000), la relación positiva entre participación ciudadana e integración comunitaria se fundamenta en que la participación:

  1. incrementa el sentimiento de utilidad y responsabilidad, y hace decrecer los sentimientos de alienación y desencanto;
  2. incrementa el sentimiento de control sobre el entorno y ayuda a los individuos a desarrollar acciones mejor ajustadas a sus necesidades y valores;
  3. promueve valores democráticos, aumenta la conciencia política y fortalece el apoyo de la administración y de los responsables de la planificación; y
  4. mejora la calidad del contexto y de las acciones de intervención, porque las personas implicadas en su puesta en práctica tienen un alto conocimiento de los objetivos, actividades y tareas. Habría que añadir que la participación posibilita, además, nuevos espacios para gestionar los conflictos y refuerza las redes sociales.

En términos generales, la participación comunitaria es el proceso mediante el cual los diversos actores de la comunidad (individuos, organizaciones formales e informales, etc.) se integran activamente en diversas estructuras organizativas, tomando decisiones, asumiendo responsabilidades específicas y fomentando nuevos vínculos de colaboración para mejorar el bienestar de la comunidad. Para ello se ha de potenciar la capacidad de incidir real y directamente en los procesos de toma de decisiones y de implementación de las políticas que afectan a la comunidad para una mejor redistribución del poder entre los diferentes actores sociales.

Aunque la participación comunitaria (social y política) de los inmigrantes no aparece en el imaginario colectivo de las sociedades receptoras, sin embargo, constituye una de las dimensiones esenciales para lograr la integración ciudadana de dicho colectivo. A través de la participación se despliegan una serie de procesos psicosociales sobre los que se sustentan los beneficios de la misma para ambas poblaciones:

  1. el trabajo colaborativo;
  2. la constatación de las múltiples similitudes y la puesta en valor de sus diferencias;
  3. la interdependencia;
  4. la mejora de las relaciones intergrupales; y
  5. el empoderamiento individual y colectivo.

Sin embargo, la experiencia demuestra que la participación real en un porcentaje elevado de población inmigrante es escasa respecto a: implicación en asociaciones, liderazgo, utilización de servicios comunitarios, participación en programas y actividades promovidos desde los servicios sociales, etc. (Martínez, Dorantes, Ortiz y Altozano, 2008). El estudio de los factores que predicen la participación cívica y política de las personas inmigrantes no ha sido abordado en profundidad hasta hace unos años, aunque ya en un trabajo pionero de Zimmer (1956) se encontró que los trabajadores inmigrantes de origen urbano y sobre todo los que tenía alto nivel educativo participaban más en las comunidades de destino. Recientemente se han incluido otros predictores en inmigrantes turcos en Alemania tales como la edad, la experiencia como activista político en el pasado y la existencia de una identidad dual, es decir, étnica y del nuevo entorno de acogida (Simon y Ruhs, 2008). A estos factores habría que añadir los derivados de la escasa competencia cultural de los contextos de acogida: restricciones legislativas, elevadas exigencias para la participación, actividades en horarios incompatibles con el trabajo, escasa difusión, etc. (Martínez, y cols., 2008).

El Washington Area Partnership for lmmigrants (WAPI, 2002) describió una serie de barreras para la participación cívica de los inmigrantes de las que se destacan las siguientes:

  1. Compitiendo metas y estructuras. Pueden existir perspectivas y objetivos distintos respecto de la participación en la población inmigrante. Por ejemplo, las necesidades de los recién llegados se centran en el conocimiento de la lengua y cultura, el uso de los servicios, permisos de residencia y/o trabajo, empleo, etc. Por el contrario los inmigrantes ya asentados se preocupan más por la conducta del voto, la mejora en el trabajo y en la vivienda, etc. Igualmente los objetivos de las diversas organizaciones de inmigrantes pueden competir en intereses y objetivos de participación. Para solventar estos problemas se pueden establecer estructuras participativas conjuntas como son las coaliciones comunitarias (Martínez y Martínez, 2007).
  2. Identidad, o el sentimiento de ser un outsider. Como consecuencia de los procesos de opresión ya descritos, los inmigrantes suelen verse a sí mismos como outsiders, y si no lo hacen los miembros de los contextos de acogida se lo recuerdan. Por otra parte, en residentes de larga duración se mantienen en muchos casos una identidad bicultural que dificulta la ejecución patrones de participación en el nuevo contexto. Como propuestas interventivas se propone:
    1. inmigrantes y demás ciudadanos deben ser informados de que los outsiders se han convertido en insiders y que contribuyen al bienestar y progreso de la comunidad; y
    2. Normalizar el biculturalismo y apelar a la responsabilidad de todos para participar en la vida comunitaria.
  3. Valores, creencias, circunstancias políticas. Algunas culturas promueven valores que son contradictorios con los principios democráticos (patriarcado, machismo, dictaduras, etc.) y son asumidos opresivamente por los individuos. Es difícil de cambiar o imponer un nuevo sistema de valores a las personas y sólo la educación, la experiencia y el tiempo pueden superar esta barrera.

Un aspecto importante a tener en cuenta cuando se aborda la participación de las personas inmigrantes, es su inclusión e implicación en las propias comunidades étnicas (asociaciones). Estas organizaciones sociales constituyen y vertebran el tejido social y ejercen un importante papel en el proceso de aculturación psicológica.

Representan la mejor conexión con la sociedad receptora, garantizando el acceso a recursos (documentación, empleo, etc.) y asegurando la adquisición del lenguaje, pautas de comunicación intercultural y habilidades para la vida diaria, etc. Por otro lado, forman parte sustantiva y regenerativa de la red personal de apoyo social y permite establecer una serie de lazos débiles especialmente importantes en el aprendizaje de nuevos roles y en la inserción laboral.

La participación en organizaciones de base comunitaria constituye también un proceso de movilización ciudadana, de incremento de conciencia critica, de capacitación colectiva para prevenir y afrontar problemas, etc., es decir, de motor del cambio social y desarrollo comunitario (Zimmerman, 2000). La investigación ha puesto de relieve el papel que estas organizaciones tienen para alcanzar comunidades sensibles a los problemas de las minorías y en asegurar en éstas su participación efectiva en el control de los recursos (Wandersman y Florin, 2000).

En el caso de las mujeres inmigrantes también la participación en asociaciones se ha revelado clave en el proceso liberación, al posibilitar el:

  1. empoderamiento sociocultural, para interpretar la nueva sociedad y reconstruir su sistema de relaciones y apoyo social;
  2. empoderamiento económico, ya que el mundo asociativo puede convertirse en una plataforma para lograr recursos económicos y de promoción social. Se aprende a establecer relaciones de carácter económico con diferentes agentes sociales, y no como sujetos pasivos de la relación mercantil (mano de obra), sino como seres activos y participativos; y
  3. empoderamiento político a través de las relaciones con otras mujeres (autóctonas y extranjeras) en el marco del mundo asociativo.

Se hace consciente de que sus limitaciones son compartidas y adquiere conocimientos sobre sus derechos laborales y sociales. Ello les permite ir apropiándose de ciertos discursos reivindicativos y generar espacios para reclamar de forma colectiva aquello que les afecta negativamente: jornadas de trabajo, salario socialmente pactado, condiciones del empleo, su libre movilidad y la de su familia.

Antes de acabar este apartado indicar que una estrategia de elección en intervención comunitaria es la creación de coaliciones participativas. Una coalición comunitaria es un conjunto de personas, agrupaciones sociales, administraciones, recursos técnicos, etc. que, desde una perspectiva cooperativa, diseñan e implementan diferentes acciones encaminadas a la resolución de problemas comunitarios, o al logro de cambios sociales (Martínez y Martínez, 2007). Las coaliciones posibilitan en su seno procesos psicosociales como el intercambio de recursos (materiales y psicológicos), la mejora de la capacitación individual, organizacional y comunitaria para el abordaje de problemas sociales, la creación de un sentido psicológico de comunidad, y la promoción en sus miembros de un mayor compromiso personal con su entorno. Como agrupaciones de empoderamiento que son, ponen un mayor énfasis en la organización comunitaria, en el desarrollo de un liderazgo conjunto, y en que sus miembros sean los primeros implicados en las actividades de la coalición.

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