12.1. Autoconcepto y autoestima en la adolescencia

El conocimiento sobre el mundo social del adolescente se ha incrementado en gran medida, debido al cambio en el estudio del adolescente como un ser individual por un paradigma en el que el desarrollo se produce en entornos sociales.

A los cambios puberales producidos en esta etapa se suman nuevos roles sociales, capacidades cognitivas que se desarrollaran a ritmos diferentes provocando distorsiones.

Susan Harter define el auto-concepto como la representación que la persona construye de sí misma tras considerar y evaluar su competencia en diferentes ámbitos. Esta representación conjuga aspectos sociales, relacionados con la comparación con los demás, y aspectos cognitivos vinculados a las diferentes posibilidades de diferenciación e integración de la información sobre el yo.

Los aspectos cognitivos afectan a la organización interna del autoconcepto y los aspectos sociales influyen en la conformación de los contenidos y en la valencia positiva o negativa de las evaluaciones.

Al mismo tiempo que el autoconcepto se desarrolla la autoestima. Según Harter la autoestima se define como la valoración global de los atributos incluidos el autoconcepto.

El autoconcepto en la adolescencia

Algunos autores definen el autoconcepto como una representación del yo que, en su forma madura, tiende a asumir la estructura de una teoría. En este caso el autoconcepto debe ser internamente consistente o permitir predicciones fiables sobre la conducta. Por este motivo, su elaboración está íntimamente ligada al desarrollo de capacidades cognitivas relacionadas con la lógica formal.

En la adolescencia inicia (11-13 años) los autoinformes relevan un aumento de abstracciones en la definición del yo, incrementándose la referencia a atributos personales (rasgos concretos a atributos más amplios). También reflejan una proliferación de roles y nuevas experiencias y un incremento de referencias a sus cualidades personales.

Fisher apuntaba que al inicio de la adolescencia el individuo se encuentra en el nivel de abstracciones simples(no pueden comparar abstracciones entre sí, no pueden relacionar los diferentes aspectos de su yo).

En la adolescencia media (14-15 años), conflicto ante las inconsistencias del yo. Crisis de identidad y moratoria (Erikson y Marcia).

Fischer: este cambio en la representación del yo se relaciona con la posibilidad de comparar entre sí las abstracciones antes parceladas. Esto deja al descubierto los opuestos de la personalidad ser amistoso con los amigos pero arisco con los padres... Esta situación de conflicto sobre la identidad provoca que se agudice la preocupación del adolescente por la opinión de los demás.

Elkind identificó dos fenómenos propios de esta etapa: audiencia imaginaria y fabula personal (fenómenos antagónicos).

Audiencia imaginaria: creencia adolescente de que todo el mundo está centrado y preocupado por lo que él hace o piensa.

Fabula personal: creencia de que las experiencias son absolutamente únicas. El último periodo de la adolescencia (17-18 años), comenzará a integrar los rasgos más contradictorios de su personalidad. Según Fischer el individuo se sitúa en el nivel de “los sistemas abstractos”. Las referencias a cualidades interpersonales dan paso a nuevos atributos basados en criterios más personales, comprometidos con los ideales y valores del propio individuo. Se produce la aceptación natural de los contrastes de la personalidad y una definición más personal y estable de los rasgos del yo.

La autoestima en la adolescencia

La autoestima es la evaluación global que uno hace de su valía personal. Los estudios clásicos defienden que los factores que mejor predicen la valencia de este juicio son la opinión que los “otros significativos” tienen sobre uno mismo y el grado de eficacia o desempeño que uno percibe en los distintos dominios de su vida.

William James sostuvo que el aprecio por los rasgos del yo no dependen de los éxitos obtenidos en los distintos dominios, sino en la relación que se establece en dicho dominios y los niveles de logro esperados.

Harter ha reformulado este planteamiento para incidir en la influencia decisiva del éxito alcanzado en aquellos dominios más valorados por el sujeto:

  • Alta competencia en un área muy valorada (apariencia física)= alto predictor de su autoestima global.

  • Éxito en un campo poco valorado (rendimiento escolar)= poco impacto en su autoestima global.

Los dos campos más valorados son: la aceptación del grupo y el aspecto físico. Cooley o Mead han incidido en el carácter social de la identidad. Su modelo, la representación del yo refleja las actitudes y comportamientos que los demás manifiestan hacia uno mismo. También defienden que existen unos "otros significativos" cuya aceptación y rechazo definen el juicio sobre el yo. Entre los instrumentos para medir la autoestima global del yo se encuentra medidas sobre la percepción que tiene uno mismo sobre como lo valoran los demás.

Ej. Cómo influye en la autoestima la opinión y aceptación de los compañeros:

Primera adolescencia: efecto negativo. Proliferación de roles y experiencias, primeras relaciones románticas, primeras responsabilidades no va acompañado de un alto desempeño por lo que desciende la autoestima.

Adolescencia media: la búsqueda de la identidad hace al adolescente muy vulnerable a la opinión de los demás.

Adolescencia final: experiencias acumuladas y menor dependencia de los criterios externos, recuperación y estabilización de la autoestima.

La autoestima de las chicas es menor en las primeras etapas que la de los chicos.