2.14. Aportación del análisis de la conducta al estudio de la drogadicción

Hasta hace no mucho tiempo se pensaba que la dependencia de droga era el resultado de la adaptación del SNC a la presencia de la sustancia, ya fuera administrada pasivamente o fuera autoadministrada por el sujeto.

Actualmente se admite que los efectos neurofarmacológicos de las drogas de abuso son diferentes cuando los organismos regulan su autoadministración que cuando son forzados a recibir la droga por inyecciones sistemáticas. Hoy es conocida la gran importancia de los procesos de aprendizaje en el inicio, mantenimiento y recaída en la drogadicción.

El enfoque farmacológico tradicional ha resaltado, sobre todo, la función preponderante de la tolerancia y la necesidad aliviar la sintomatología del síndrome de abstinencia.

No obstante, es preciso hacer notar que no todas las drogas producen síndrome de retirada y que a veces, incluso las drogas que producen síndrome de abstinencia se toman de forma tampoco continuada y en cantidades tan pequeñas que hacen improbable la aparición del síndrome. Así, la aplicación de conceptos y métodos de la psicología experimental ha sacado la luz otras variables que pueden contribuir a un mayor conocimiento de la psicobiología de la drogadicción. La aportación fundamental de la psicología experimental al estudio de la drogadicción ha sido la demostración de que las drogas funcionan como reforzadores positivos.

Los efectos reforzadores de las drogas se manifiestan en los animales de laboratorio sin necesidad de producir ninguna disfunción emocional, a través de modificación técnicas poco ambientales. Los animales se autoadministran drogas libremente sin que tampoco sea preciso ninguna inducción experimental de tipo psicopatológico, tales como creación de condiciones ambientales adversas estresantes. Del mismo modo, no es necesaria una historia previa tolerancia o de síndrome de abstinencia para la autoadministración de la droga en animales.

El enfoque actual resalta la importancia de la conducta de búsqueda y posterior autoadministración de drogas como factor común a todo tipo de drogodependencia. Así, actualmente se estudia los efectos agudos y crónicos de las drogas sobre los posibles circuitos neurales del refuerzo y sobre las conductas aprendidas. De hecho, hoy se admite que el efecto de las drogas de abuso se ejerce principalmente a través de la activación de los sustratos neurales de los reforzadores naturales, que son también los correlatos neurales de muchas conductas aprendidas. En este sentido los tres modelos más empleados actualmente para el estudio de la neurobiología de la drogodependencia, son:

  1. La autoestimulación eléctrica intracraneal
  2. La autoadministración intravenosa de drogas
  3. El condicionamiento preferencial al sitio

La autoestimulación eléctrica intracraneal

Fue una de las primeras y más importantes metodologías que han contribuido a un notable desarrollo de los estudios sobre la drogadicción. Con este método los animales reciben pequeñas descargas eléctricas en el cerebro a través de electrodos implantados en zonas cerebrales determinadas tras la ejecución de una tarea, normalmente apretar una palanca. Aunque no está claro cuál es el efecto de la autoestimulación, los sujetos se auto estimulan con apreciables diferencias entre regiones cerebrales. En particular, las más altas frecuencias de autoestimulación eléctrica se producen en regiones que comprenden en haz medial del cerebro anterior y, dentro de las regiones atravesadas por este haz, el hipotálamo lateral es una de las más auto estimuladas.

Para probar los efectos reforzantes de la drogas con este método, se entrenan a los animales a autoestimularse a una intensidad menor de la máxima y si la frecuencia de respuesta se incrementa cuando se administra la droga, se considera que esa sustancia tiene efectos reforzantes positivos. Si la frecuencia de respuesta disminuye, se considera que la droga no tiene efectos reforzantes positivos y son mas bien aversivos. Sin embargo, este método no permite deslindar bien los efectos de la droga, debido a que muchas drogas tienen efectos sedantes o estimulantes interpretar lo que significa un cambio de la frecuencia de respuesta de autoestimulación eléctrica. Esta propiedad de autoestimulación eléctrica intracraneal se ha utilizado a menudo para evaluar la capacidad reforzante de nuevas drogas que se quieren introducir como fármacos terapéuticos.

La autoadministración intravenosa de drogas

James Weeks estableció la metodología de la autoadministración intravenosa de drogas, tal como la conocemos hoy en día. Su aportación fue muy importante porque permitió el establecimiento de procedimientos de condicionamiento operante que demostraban que las drogas actúan como reforzadores positivos.

El autor implantó catéteres de forma permanente en la vena yugular del roedor en el laboratorio, cuando los animales realizaron una conducta operante, recibiendo una inyección de morfina a través del catéter, Weeks comprobó que el número de presiones de palanca aumentó y que los sujetos se autoinyectaban cantidades apreciables de morfina. Esta técnica superó los problemas debidos al sabor y el retraso en la contingencia de refuerzo de la autoadministración oral, y permitió el empleo de respuestas operantes claramente definidas y de programas de reforzamiento.

Resultados parecidos a los del autor se obtuvieron en otros laboratorios y desde entonces, la conducta de autoadministración intravenosa de drogas se ha estudiado con detalle en animales de diversas especies.

La ruta intravenosa de autoadministración es la que más se ha empleado y se emplea actualmente, aunque se han desarrollado también otras variantes como por ejemplo la autoadministración oral, esta se usan sobre todo para estudiar los efectos de alcohol y los barbitúricos o las benzodiacepinas, otra vía puede ser la intracraneal de drogas. Con esta aproximación experimental los animales son capaces de autoadministrarse pequeñas dosis de drogas directamente en las áreas cerebrales específicas.

La variable más importante que regula la frecuencia de autoadministración es la dosis. Después de cada autoinyección hay una pausa post refuerzo que está relacionada directamente con la dosis. Cuando la unidad de dosis aumenta, el intervalo entre inyecciones también aumenta. En el caso de algunas drogas como la cocaína, intervalo entre inyecciones es francamente regular, mientras que en el caso de otras como la morfina, el patrón intervalo es más irregular. Posiblemente, la regularidad esta controlada por el aclaramiento en sangre y por la capacidad del animal para discriminar los efectos internos de la droga. Con frecuencia, los sujetos muestran una alta frecuencia de autoadministración los primeros días del procedimiento y próximamente alcanzar una frecuencia más estable.

A frecuencias bajas de ingesta de la droga, los efectos tóxicos son mínimos y predominan los reforzadores positivos. A frecuencias más altas, los efectos tóxicos son plausibles, es curioso comprobar como los animales discriminan perfectamente las dosis de droga en el organismo, y adaptan el consumo en función de la concentración que les es más adecuada para mantener su conducta de autoadministración.

El condicionamiento preferencial al sitio

El condicionamiento preferencial al sitio es una metodología sencilla, en la versión más simple de este procedimiento, los animales experimentan dos o mas entornos neutrales emparejados espacial y temporalmente con diferentes estímulos condicionados por ejemplo una droga en suero salino.

Posteriormente, los sujetos son expuestos ambos entornos y el tiempo que permanecen en uno u otro ambiente es indicativo del valor reforzante o aversivo de los estímulos. Posiblemente, estos estímulos ambientales previamente neutrales han adquirido propiedades como reforzadores positivos secundarios por su asociación con los efectos reforzantes positivos de la droga. Del mismo modo, éstos estímulos ambientales pueden adquirir propiedades como reforzadores negativos secundarios. Sin embargo, los numerosos experimentos realizados con este procedimiento ha demostrado que en el condicionamiento preferencial al sitio no hay simplemente una medida de las propiedades reforzantes de las drogas, sino que más bien existe una interacción compleja entre procesos condicionados e incondicionados que requieren un control muy preciso de los estímulos implicados en esta prueba. Por otra parte, han ido apareciendo una serie de variables como por ejemplo el grado de novedad de la situación, las propiedades mnémicas de las drogas o el aprendizaje pendiente del estado.

Grado de novedad de la situación experimental. Los investigadores han comprobado que cuando se administra psicoestimulantes, la preferencia por un lugar que muestran los animales no es solo consecuencia de las propiedades reforzantes positivas de estas drogas, sino que también las propiedades psicomotoras de las mismas afectan y producen un mayor nivel de exploración, aumentando así el grado de familiaridad con la situación experimental durante el entrenamiento. Así en el día de la prueba sin droga, el grado de familiaridad influirá en la elección de los animales, de modo que tenderán a estar más tiempo del entorno más familiar y evitar el menos familiar.

Propiedades mnémicas de las drogas. A este respecto se ha mostrado que una sustancia que tienen capacidad de aumentar la formación de memoria incrementa la preferencia por un lugar, por ejemplo la sacarosa tiene propiedades reforzadas positivas y mnémicas, la sacarina solamente tiene propiedades reforzantes positivas. Cuando se ofrece a ratas de laboratorio las sustancias, los animales ingieren cantidades similares de las dos soluciones, lo cual sugiere que tienen un valor reforzante parecido, sin embargo, los sujetos desarrollan preferencia condicionada si se emparejaba un entorno con sacarosa pero no cuando la asociación sacarina.