8.4. La felicidad

El interés por el estudio de las emociones positivas se ha visto postergado hasta fecha reciente. La preocupación emergente en el área de la salud ya no sólo por la enfermedad o su prevención, sino también por la promoción del propio estado de salud y la optimización del bienestar personal, sin duda, ha servido de acicate al crecimiento de esta pujante área de estudio.

4.1. Definición de felicidad

Desde el punto de vista de la psicología científica, la felicidad es un estado emocional de valencia variable a lo largo del continuo desdicha-felicidad. Desde esta perspectiva, por felicidad podríamos entender un estado emocional positivo que se acompaña de sentimientos de plenitud, bienestar y satisfacción, y que aparece como reacción a la consecución de metas vitales y personales de índole global (relacionadas con el decurso vital) o específicas (laborales, profesionales, familiares, académicas...), pero, en cualquier caso, de gran relevancia en la vida de una persona.

El estudio experimental del proceso emocional de la felicidad se ha sustentado en dos perspectivas:

  • Enfoque hedonista: Equipara la felicidad a la consecución del placer hedónico. Sin embargo, no sólo se limita al hedonismo físico sino que se asume que el bienestar subjetivo puede derivarse también de la consecución de metas y objetivos valiosos en diferentes áreas de interés personal (profesional, social, académico, familiar).
  • Enfoque eudaimónico: De acuerdo con el pensamiento aristotélico, considera que no todas las metas alcanzadas por la persona proporcionan felicidad, aun cuando lleven implícita una considerable carga de placer. Se considera que la auténtica felicidad únicamente se alcanza en el desarrollo de actividades congruentes con los valores personales más íntimos y en el de las propias potencialidades. Es decir, la felicidad no se limita a una mera búsqueda de lo placentero y agradable, y evitación de lo desagradable. Más allá de ello, esta emoción positiva germina en un terreno abonado por la implicación en actividades que favorecen el crecimiento personal y autorrealización.

Datos derivados de diversa investigaciones sugieren que ambos paradigmas, hedónico y eudaimónico, se solapan. Es decir, la felicidad quedaría definida en el área delimitada por la interacción entre lo placentero y la realización personal.

4.2. Características de la felicidad

4.2.1. Desencadenantes de la felicidad

¿Qué factores actúan como resortes de nuestra felicidad? La felicidad posee un marcado componente subjetivo, que hace que cada uno de nosotros la busquemos en veredas particulares, aunque podemos abstraer algún factor común.

Así, tanto unos como otros nos sentimos felices cuando alcanzamos cualquiera de las metas que nos hemos marcado en nuestra particular vereda. Es decir, el éxito en el desarrollo de nuestro “plan de vida”, los logros personales, conseguir los fines anhelados, son contingencias que, por lo común, nos conducen a estados de felicidad más o menos intensos. Pero, además, la felicidad, también surge del grado de coherencia entre el estado en el que nos hallamos y aquel que deseamos, entre la realidad y nuestras expectativas. Finalmente, como organismos sociales que somos, nuestra felicidad también está en parte determinada por criterios normativos, por la interacción con los otros y por la comparación con ellos.

4.2.2. Factores moduladores

Diferentes personas presentarán una gran variación en lo que respecta a su nivel de felicidad y bienestar subjetivo. Unos vivirán en un estado envidiable de gozo continuado, otros se sentirán simplemente satisfechos y otros se hallarán en la más deplorable de las desdichas. ¿Qué determina este estado de cosas? Son múltiples los factores que condicionan la felicidad personal, los cuales muchos nos son todavía desconocidos. No obstante algunos estudios nos han permitido conocer algunos de ellos.

4.2.2.1. Patrón de personalidad

¿Realmente existe un perfil de personalidad que hace a aquellas personas que lo poseen especialmente proclives a la felicidad? Un análisis superficial de la gente que integra nuestro entorno social nos permitirá identificar individuos que, en grado variable, presentan un talante optimista o pesimista al afrontar una misma circunstancia.

Los optimistas tienden a valorar la situación de forma positiva (por ejemplo, como un reto potencialmente reforzante) y se centran en la percepción de los aspectos más favorables de la misma (se inclinan a ver la botella medio llena). En cambio, los pesimistas tienden a hacer valoraciones negativas (por ejemplo, la situación se conceptúa como una demanda potencialmente aversiva), sesgando la percepción a favor de los matices menos halagüeños de la misma (se inclinan a ver la botella medio vacía).

¿Qué rasgos de personalidad distinguen a unos de otros? El perfil de personalidad de cada uno de nosotros, quedaría definido, en su mayor parte, por un conjunto limitado de rasgos, identificados bajo la denominación común de Los Cinco Grandes: extraversión, estabilidad emocional, apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad. A lo largo de estudios realizados, al menos dos de ellos aparecen consistentemente vinculados a la felicidad y al bienestar subjetivo: la estabilidad emocional (como rasgo opuesto al neuroticismo) y la extraversión (como contrapunto a la introversión).

  • Neuroticismo-estabilidad emocional: El neuroticismo es un rasgo de personalidad frecuentemente utilizado como una medida clínica de inestabilidad mental. Se asocia con angustia, depresión y desesperanza. Se relaciona, por tanto, de forma negativa con el nivel de felicidad y bienestar. Las personas que puntúan bajo en neuroticismo (poseen una alta estabilidad emocional) tienden a informar de cotas más altas de felicidad. En cambio, aquéllas que alcanzan valores altos en este rasgo (con estabilidad emocional baja) se muestran más desdichadas y se sienten menos satisfechas con sus vidas.
  • Extraversión-introversión: La personalidad extrovertida es sociable, de carácter gregario y tendencias afiliativas; mientras que la introvertida, por el contrario, trata de mantener su autonomía e independencia en relación a los otros. Los resultados obtenidos en varios estudios revelan una marcada asociación entre extraversión y felicidad. Llevan a concluir que la extraversión es el rasgo de la personalidad que de manera más fuerte y positiva se vincula a la felicidad. Este resultado se mantiene independientemente de la raza, el género, y la edad de las personas, y muestra una sorprendente estabilidad transcultural. La característica principal del extravertido es su alta disposición a la interacción social. Precisamente, tal inclinación social es lo que parece determinar la asociación de este rasgo con la felicidad. En conclusión, resulta evidente que tanto introvertidos como extravertidos pueden alcanzar niveles altos de felicidad. El rasgo extraversión-introversión actuaría como una variable instrumental que refleja, más que determina, las diferentes vías o modos elegidos por las personas para obtener gozo y satisfacción con sus vidas.

4.2.2.2. Relaciones interpersonales

En los últimos años el área de las relaciones interpersonales de índole amistosa o vinculativa ha adquirido una pujanza especial en el estudio de los factores que inciden en el proceso emocional de la felicidad. Algunos autores han conceptuado esta interacción social basada en la confianza, la afectividad y el apoyo, como una necesidad humana básica imprescindible para alcanzar el bienestar subjetivo.

Los estudios realizados a este respecto sugieren que esta clase de relación interpersonal estrecha es uno de los principales factores que influyen en la felicidad.

Dos aspectos de la interacción resultan especialmente relevantes:

  1. El estilo de apego: Se considera que el apego y las conductas que de él se derivan cumplen una función adaptativa. También, permite desarrollar conductas de exploración del medio con el aval de seguridad que confiere el vínculo con el cuidador primario. Atendiendo al tipo de interacción cuidador-niño, se establecen diferentes estilos de apego. Cuando el cuidador atiende solícitamente las necesidades físicas, emocionales y psicológicas del niño, éste desarrolla un estilo de apego seguro que le lleva a percibir a los otros como fuentes potenciales de atención y afecto. En cambio, diferentes combinaciones de inconsistencia, frialdad afectiva y rechazo por parte del cuidador generan diversos estilos de apego inseguro, que hacen que el niño desarrolle un modelo de sí mismo y de los otros en términos negativos. Diversos trabajos han confirmado la relación entre el estilo de apego seguro y un alto nivel de bienestar subjetivo. Al parecer, este estilo de apego fomenta la felicidad debido, en gran parte, a que facilita relaciones en las que la persona puede satisfacer necesidades de autonomía, competencia y afiliación.
  2. El grado de confianza o intimidad: Resulta evidente que lo determinante para la felicidad no es tanto la cantidad de relaciones sociales que mantiene la persona como el grado de confianza o intimidad que se alcanza en ellas. Es decir, el bienestar subjetivo no está determinado por el número de relaciones sociales que mantenemos sino por la calidad de los lazos íntimos que establecemos en ellas.

4.2.2.3. Elección y logro de metas personales

En este campo convergen diferentes formulaciones teóricas que comparten la idea de que el sentimiento de felicidad se desencadena cuando la persona alcanza alguna meta o estado final. Debido a ello algunos autores, han denominado a este tipo de paradigmas “teorías télicas” o de realización.

Dos aspectos resultan claves en relación al gozo asociado a la consecución de metas:

  1. Competencia y autoeficacia percibida: Resulta evidente y probado que cuanto más eficaces y competentes nos percibamos durante el desarrollo del proceso que nos lleva a alcanzar el objetivo relevante, mayor es el nivel de satisfacción y bienestar subjetivo que sentimos. No obstante, este efecto general está, a su vez, modulado por otros factores. En este sentido, resulta determinante el nivel de reto o desafío; de modo que, cuando éste es demasiado asequible o, por el contrario, demasiado difícil, el nivel de afecto positivo asociado es menor. Otro factor relevante es el hecho de que las propias actividades dirigidas a la consecución de la meta dependan de un sistema motivacional de aproximación o evitación, es decir, que nuestra conducta esté motivada por el logro de una recompensa o por la evitación de un castigo. El seguimiento de metas de evitación conlleva un progreso más lento y pobre hacia el objetivo final, así como un menor sentimiento de satisfacción (no es lo mismo hacer una tarea porque nos gusta que hacerla para evitar que nos castiguen).
  2. Grado de convergencia de la meta: En general, obtenemos mayor satisfacción y gratificación en el desarrollo de actividades coherentes con nuestro sistema de valores y creencias. La integración de las metas con los intereses y valores personales nos dota de una sensación de dominio o control que incrementa el bienestar subjetivo que experimentamos en las actividades dirigidas a alcanzar tales metas.

4.2.2.4. Disponibilidad de bienes y recursos

La cuestión a tratar es si el hecho de disponer de medios y recursos tan deseados en nuestra cultura, como un alto nivel de ingresos económicos, determina o no un mayor grado de felicidad:

  • INGRESOS ⇒ ¿Más dinero supone mayor felicidad? Aunque pequeña, existe cierta asociación entre el nivel de ingresos económicos y el grado de bienestar personal. No obstante, esta relación debe matizarse. No parece que la riqueza sea un buen predictor del nivel de bienestar subjetivo. De acuerdo con un estudio reciente, el dinero sólo es relevante cuando las necesidades básicas no están siendo cubiertas. Una vez que éstas lo están, más dinero no nos hace más dichosos. En cuanto a la felicidad se refiere, lo relevante es la importancia que la persona confiere al dinero, y no éste en sí mismo. Es más, una actitud materialista no favorece, más bien mina, la sensación de bienestar personal.
  • CRITERIOS NORMATIVOS ⇒ Williams James sugirió que la felicidad vendría a ser resultado de un compromiso o razón entre los logros alcanzados por la persona y las aspiraciones o metas que ésta plantea. De acuerdo con ello, el nivel de dicha que experimenta un individuo podría incrementarse bien aumentando los logros, bien limitando las pretensiones de meta o bien utilizando una combinación de ambas estrategias.

El modelo del que se parte plantea la hipótesis de que cada uno determina su nivel de bienestar subjetivo efectuando sucesivas comparaciones con patrones normativos. Estos pueden ser de carácter social (comparación social) o de índole personal (comparación con el nivel de aspiración, con ideales, etc.). Cuando el resultado de la comparación supera el criterio correspondiente, surgen sentimientos de felicidad y satisfacción. Por el contrario, cuando aquél no se alcanza, el nivel de gozo tiende a reducirse.

En lo que concierne a los patrones normativos de carácter social, diversos trabajos demuestran que las comparaciones con el entorno social pueden influir sobre el grado de gozo que experimenta la persona. No obstante, otros estudios no hallan evidencia empírica que apoye tal relación y sugieren que esta clase de comparación puede que no determine los juicios de satisfacción que hacen las personas respecto de su vida cotidiana.

4.2.2.5. Variables demográficas

  • Género: Son pocos los estudios que hallan diferencias significativas entre hombres y mujeres en lo que concierne al grado de satisfacción con sus vidas. No obstante, hombres y mujeres se diferencian en cuanto al rango en el que varían sus estados emocionales. En general, las mujeres experimentan niveles más altos de afecto negativo que los hombres, siendo la prevalencia de trastornos depresivos doble en ellas que en los varones. Como contrapartida, aquéllas también experimentan mucha mayor emotividad y lo hacen con mayor frecuencia e intensidad que éstos. Es decir, el tono emocional general es igual en ambos sexos, pero la variabilidad emocional es mayor entre las mujeres, que son, a un tiempo, más felices y más infelices que los hombres.
  • Edad: Sorprendentemente, el nivel de bienestar subjetivo no sólo no declina con la edad, sino que tiende a aumentar. Concretamente, nos encontramos más satisfechos con nuestras vidas a medida que envejecemos, al tiempo que nuestra afectividad positiva tiende a reducirse levemente y la afectividad negativa permanece invariable.
  • Raza: Varios estudios indican que el hecho de ser de color correlaciona notoriamente con un sentimiento más bajo de bienestar subjetivo. No obstante, estos datos han de ser matizados; así, tal asociación se reduce hasta valores próximos a cero cuando se controlan además otras variables (ingresos, educación, situación laboral...). La edad y el género también interactúan significativamente con la raza. De este modo, los ancianos de color se muestran ligeramente más satisfechos con sus vidas que los blancos de su misma edad. En cambio, las mujeres negras alcanzan niveles de satisfacción similares a la de los hombres de una y otra raza.
  • Estado civil: Los estudios disponibles muestran que el matrimonio está relacionado con una mayor felicidad. Las personas casadas refieren niveles de bienestar subjetivo mayores que los solteros, divorciados, separados o viudos. Además, este efecto positivo alcanza por igual a ambos miembros de la pareja, los dos manifiestan niveles de felicidad similares. Entre los posibles motivos, en primer lugar, el matrimonio proporciona una fuente adicional de autoestima. En segundo lugar, la gente casada tiene más posibilidades de disponer de una relación íntima y de apoyo, que hace menos probable los sentimientos de soledad. Entre los no casados, las personas que viven en pareja son también significativamente más felices que aquéllas que viven solas. Aunque este efecto está condicionado por el tipo de cultura en el que se vive (en sociedades individualistas como las occidentales, vivir en pareja se asocia con mayor felicidad, mientras que en las colectivistas, como las orientales, es menor).

4.2.2.6. Factores genéticos

Algunos estudios revelan que heredamos de nuestros progenitores una predisposición especial para ser felices. Entre los humanos, la selección natural ha introducido una clara predisposición a la dicha y al bienestar subjetivo.

4.2.3. Procesamiento cognitivo

El procesamiento cognitivo de la emoción de la felicidad presenta las siguientes características:

  1. Evaluación afectiva de la situación:
    • LA NOVEDAD ⇒ El proceso cognitivo que subyace de la felicidad se desencadena ante situaciones que no resultan sorpresivas para la persona, o que lo son en grado mínimo. En general, las circunstancias generadoras del sentimiento de dicha no son nuevas en la vida del sujeto. Las metas articuladas en los planes son deseadas y buscadas intencionadamente, lo que hace sentir a la persona cierto grado de control sobre las contingencias que desencadenan los sentimientos de felicidad.
    • LA AGRADABILIDAD ⇒ La situación desencadenante es valorada por la persona como altamente positiva. De hecho, se esfuerza por mantener este estado de cosas tanto como le es posible, y vive su desaparición con una gran zozobra.
  2. Valoración de la situación:
    • LA SIGNIFICACIÓN ⇒ Las consecuencias derivadas de la situación desencadenante son congruentes con los planes y necesidades del individuo, y facilitan el logro de metas previamente fijadas. El grado de urgencia en afrontar este tipo de situación es muy bajo.
    • EL AFRONTAMIENTO ⇒ La persona feliz es consciente de que este estado emocional resulta de la convergencia de la iniciativa personal en el logro de los propios intereses, la intervención de terceras personas y la ocurrencia de un cúmulo de circunstancias favorables. El cariz agradable de este estado determina que la necesidad de afrontamiento sea muy baja, y que, lógicamente, la capacidad de la persona para adaptarse a las consecuencias que de él se derivan sea, en cambio, muy alta.

4.3. Activación

4.3.1. Efectos subjetivos

El sentimiento de felicidad es vivido por la persona de forma placentera, con sensaciones de bienestar, seguridad y tranquilidad. La felicidad no exime del afrontamiento de situaciones vitales desfavorables, ni del daño o dolor que en ocasiones se derivan de ellas. Pero, en cualquier caso, bajo un estado emocional de felicidad, hasta este tipo de experiencias negativas pueden ser recicladas en beneficio de la persona, favoreciendo su crecimiento y dotándola de recursos para hacer frente a las amenazas futuras.

En general, la felicidad hace que sintamos mayor seguridad en nosotros mismos, potenciando la disposición para implicarnos en actividades diversas, e incrementando la tolerancia a la frustración que pueda derivarse de su desempeño. Por otra parte, la felicidad tiene un efecto elevador de la propia estima, confiere una mayor flexibilidad y dota de mayor agilidad a algunos procesos cognitivos, además de fomentar la sociabilidad y la conducta de ayuda.

4.3.2. Bases neuroanatómicas y fisiológicas de la felicidad

Correlatos neuroanatómicos: Desde la psicología fisiológica se había resaltado el papel que juega el sistema límbico en el procesamiento emocional. Básicamente este sistema está formado por la amígdala, el hipotálamo, los sistemas dopaminérgicos mesocorticolímbicos, así como por zonas corticales. El efecto positivo se asocia con la activación del lóbulo prefrontal izquierdo, en tanto que el afecto negativo se vincula con la del derecho. Los estudios con neuroimagen han corroborado la implicación de estos sistemas neurales en la emoción. Se ha observado que los ganglios basales, el córtex prefrontal medial, el temporal y el parietal, se activan en sincronía con el estado emocional de bienestar subjetivo.

Correlatos neurofisiológicos: Las sinapsis que se establecen entre estos sistemas neurales emplean como principal neurotransmisor la dopamina. Las vías dopaminérgicas mediatizan aquellas conductas que tienen consecuencias placenteras para el organismo. Los fármacos psicoactivos, la cafeína o la cocaína también incrementan el nivel de dopamina de las neuronas. Se ha observado también que el incremento de la actividad dopamínica es estos sistemas cerebrales acompaña al sentimiento de euforia y excitación por la progresión eficaz hacia una meta deseada.

Correlatos psicofisiológicos:

  • Actividad respiratoria y de la musculatura esqueletal: Producen un aumento de la tensión muscular y de la frecuencia respiratoria.
  • Actividad cardiovascular: Se produce una aceleración de la frecuencia cardíaca, moderadas elevaciones en los niveles de presión sanguínea sistólica y diastólica, un ligero descenso del volumen sanguíneo y vasoconstricción periférica que reduce el flujo sanguíneo vascular y hace descender la temperatura superficial.
  • Actividad electrodérmica: Se producen modificaciones al alza en los niveles basales de conductancia de la piel como en el número de fluctuaciones espontáneas.

Todos estos cambios se hallan también en otras emociones. La tasa cardíaca parece ser el índice para diferenciarlos. La frecuencia cardíaca permite diferenciar la felicidad de la ira, el miedo y la tristeza. La tasa cardíaca es menor en la felicidad que en la ira o en el miedo.

4.3.3. La expresión facial de la emoción de felicidad

Son gestos faciales propios de la experiencia emocional de bienestar subjetivo:

  • UA-6 ⇒ Elevación, ligera a moderada, de los pómulos
  • UA-7 ⇒ Leve plegamiento de la piel debajo del párpado inferior
  • UA-12 ⇒ Elevación y retraimiento bilateral de la comisura labial

En la composición de este rostro afable intervienen los músculos zigomáticos mayores, que se encargan de tensar la comisura de los labios hacia las mejillas y los orbiculares de los párpados, que elevan el párpado inferior causando el repliegue cutáneo.

4.3.4. La expresión vocal de la felicidad

La expresión vocal de la felicidad comparte rasgos comunes con otras emociones positivas (alegría), y ciertamente no permiten hacer una distinción fiable entre ellas en base al patrón vocal:

  • Tono de voz un poco más elevado y sonoro.
  • Tasa de articulación sin cambios, haciendo un lenguaje más fluente.
  • Mayor numero de variaciones tonales.

4.3.5. Afrontamiento

La felicidad plantea pocas demandas adaptativas a la persona. El estado de bienestar subjetivo en el que ésta se encuentra presenta oscilaciones y mezclas afectivas entre el deleite sereno y el franco regocijo. Esta situación de bonanza emocional favorece que el individuo se sienta lleno de energía, optimista y satisfecho, y que se perciba a sí mismo como competente y valioso.

El talante positivo fomenta nuestra inclinación a la relación social, nos hace más solidarios y proclives a prestar ayuda. A nivel cognitivo, ejerce efectos beneficiosos sobre diferentes procesos psicológicos, optimizando el aprendizaje, dotándonos de una mayor flexibilidad cognitiva, estimulando nuestro interés por el entorno y por la vivencia de nuevas experiencias.

4.4. Consecuencias de la felicidad

4.4.1. Efectos cognitivos

Los sentimientos de felicidad influyen de manera notoria en la organización y dinámica de otros procesos cognitivos:

  • MEMORIA: El afecto positivo actuaría como una buena señal o clave de recuperación para aquella información que posee una valencia afectiva positiva, facilitando la evocación en la memoria de trabajo. El afecto positivo señala el material positivo en la memoria y facilita su posterior recuperación.
  • CATEGORIZACIÓN: La gente feliz percibe la realidad de color de rosa. Esta afirmación, requiere que hagamos alguna matización. El enunciado da a entender, erróneamente, que el bienestar subjetivo sesga de algún modo nuestros procesos perceptivos, favoreciendo la atención y el análisis de los aspectos positivos de la situación en detrimento de los negativos o menos agradables; es decir, se establecería una especie de filtro o tamiz perceptivo. El estado de ánimo positivo facilita la percepción de vínculos entre los miembros de una categoría, esto permite encontrar similitudes (parecidos familiares) entre el ejemplar más representativo (prototipo) y los ítems marginales de la categoría que habitualmente habrían sido desestimados como miembros de la misma. También promueve mayor flexibilidad en la organización y delimitación de las categorías mentales (un mismo elemento puede incluirse en diferentes grupos taxonómicos).
  • RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS Y CREATIVIDAD: El afecto positivo facilita la generación de soluciones innovadoras y creativas. La felicidad confiere a la persona una mayor flexibilidad cognitiva al encarar tareas de este tipo, permitiéndole conectar ideas de una manera innovadora y útil.

4.4.2. Conducta social

En general, el afecto positivo estimula la sociabilidad y la conducta altruista reduce el conflicto interpersonal y conduce, en tareas que implican negociación, a la adopción de soluciones favorables para ambas partes.

Un estado de ánimo feliz favorece conductas prosociales, pero este comportamiento altruista se inhibe o atenúa cuando su desempeño supone una pérdida del propio estado de bienestar subjetivo.

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