7.4. Activación de la ansiedad

Aunque la activación de la respuesta de ansiedad involucra a todos los sistemas del organismo, nos centraremos en los efectos subjetivos, los correlatos neuroanatómicos y fisiológicos, la comunicación no verbal y el afrontamiento.

4.1. Efectos subjetivos de la ansiedad

La angustia es por excelencia la experiencia subjetiva de la ansiedad, aunque nos podemos encontrar una extensa gama de efectos experienciales como: preocupación, inseguridad, aprensión, tensión, temor, nerviosismo, malestar, pensamientos negativos, anticipación de peligro, amenaza, dificultad de concentración, dificultad para la toma de decisiones, sensación general de desorganización, sensación de pérdida de control sobre el ambiente o pánico.

La preocupación es un elemento importante en este proceso de ansiedad y puede intervenir de tres maneras:

  • En el propio procesamiento como parte del sesgo interpretativo
  • En el afrontamiento como un elemento motivador del mismo
  • En la reacción, como interferidor a nivel cognitivo y formando parte de los propios efectos subjetivos de la ansiedad

También, como efecto del propio procesamiento, se pueden producir dificultades para el mantenimiento de la atención y la concentración fuera de la temática ansiosa.

Por último, también tienen especial relevancia los cambios que se producen en la activación fisiológica:

  • Sistema cardiovascular ⇒ Palpitaciones, taquicardias, accesos de calor
  • Sistema gastrointestinal ⇒ Náuseas, vómitos, molestas digestivas
  • Sistema respiratorio ⇒ Ahogo, sofocos, opresión torácica
  • Sistema muscular somático ⇒ Tensión, temblores, hormigueo, fatiga excesiva
  • Sistema neurovegetativo ⇒ Sequedad de boca, transpiración excesiva, mareos

4.2. Correlatos neuroanatómicos y fisiológicos de la ansiedad

Las estructuras neuroanatómicas de la ansiedad y el miedo son compartidas.

Berntson, Cacioppo y Sarter proponen un modelo basado en el procesamiento de arriba-abajo y de abajo-arriba. Los sistemas neurales de los niveles superiores, que son a menudo considerados reguladores ejecutivos sobre los mecanismos inferiores de salida (arriba-abajo), no son meros receptores pasivos de las señales sensoriales de niveles inferiores, ya que pueden regular la información ascendente que es elaborada en sistemas sensoriales de niveles inferiores.

Inversamente, los niveles neurales inferiores no se limitan a transmitir información sensorial pretratada (abajo-arriba), también pueden influenciar en los niveles superiores, cognitivo, atencional y procesos afectivos. El significado fundamental de esta perspectiva es poner de manifiesto las influencias de lo biológico sobre lo psicológico y viceversa.

Cuando la información sensorial llega al cerebro, es procesada por el tálamo y luego transmitida a los núcleos basales y basolaterales de la amígdala.

La amígdala es la instancia central del cerebro que, recibiendo múltiples aferencias, produce, a través de sus múltiples eferencias, las respuestas de ansiedad. Las aferencias llegan fundamentalmente a los núcleos basal y basolateral de la amígdala y éstas transmiten los estímulos al núcleo central, de donde parten la mayor parte de sus eferencias.

La amígdala y el hipocampo son dos de las estructuras más importantes del sistema límbico. La amígdala es el asiento de la memoria emocional siendo el hipocampo el de la memoria declarativa. Existen fuertes conexiones anatómicas entre la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. La ansiedad activa un área estrechamente ligada a la amígdala, que es la “stria terminalis” que a su vez activa áreas implicadas en el circuito de la ansiedad.

La activación de la amígdala produce las siguientes respuestas fisiológicas de la ansiedad (Eferencias de la amígdala, Davis - 1998):

BLANCO ANATÓMICO EXPRESIONES DE MIEDO Y ANSIEDAD
Hipotálamo lateral Activación simpática: taquicardia, palidez, dilatación pupilar, tensión arterial
Núcleo motor dorsal del vago, nucleus ambiguus Activación parasimpática: micción, defecación, bradicardia
Núcleo parabraquial Taquipnea, disnea
Núcleo del tronco cerebral (área tegmental ventral, etc) Aumento de la atención, hipervigilancia
Núcleos recularis pontis caudalis Aumento del reflejo de defensa
Sustancia gris periacueductal Hipoalgesia
Nervios fácil y trigémino Expresión facial de miedo
Núcleo paraventricular del hipotálamo Liberación de corticosteroides

Todos estos cambios, que son compartidos mayoritariamente con el miedo, se producen en el caso de la ansiedad con una menor intensidad, pero con una mayor duración temporal en la respuesta de ansiedad se tarda más en regresar a los niveles que existían previamente al iniciarse la respuesta, y se habitúan lentamente.

4.3. Comunicación no verbal de la ansiedad

Podríamos afirmar que la ansiedad carece de una comunicación no verbal, ya que la diversidad interindividual es tan amplia que hace que prácticamente no se aprecien rasgos distintivos. En cambio, sí existe una caracterización intraindividual, es decir, para una persona en concreto sí que podemos apreciar una constancia en los rasgos no verbales que acompañan habitualmente su activación emocional.

No obstante, hay algunas características generales distintivas como la hiperactividad, la paralización motora, los movimientos torpes o los comportamientos desorganizados. Entre los componentes de la comunicación no verbal en el habla, su característica más peculiar es la baja intensidad con que se realiza la misma, pudiendo aparecer otros efectos como las dificultades en la expresión o el tartamudeo.

Si hay una constante en la manifestación no verbal de la ansiedad, es la realización de conductas de evitación, aunque la forma en que se concretan estos comportamientos es tan variada que no es posible detallar sus características más allá de aspectos de carácter general:

  • Comportamientos que manifiestan malestar (desviar la mirada, el llanto, la expresión facial de miedo)
  • Comportamientos que manifiestan inquietud motora (realización de movimientos repetitivos, manipulación de objetos o la realización de actividades sin una finalidad concreta)
  • Comportamientos que manifiestan un exceso de tensión muscular (movimientos estereotipados, rigidez postural o dificultades generales para la realización de actividades que implican coordinaciones motoras)
  • Comportamientos consumatorios (comer, beber o fumar de manera excesiva)

4.4. Afrontamiento de la ansiedad

El afrontamiento o preparación para la acción de la es una de las características distintivas del proceso emocional de la ansiedad. Epstein llega a utilizarla para diferenciar el miedo de la ansiedad, formulando que si la naturaleza del proceso es tal que el afrontamiento de evitación o de huída pueden proporcionar éxito, entonces estamos ante la emoción de miedo; si no hay tal posibilidad o si el intento de escapar se ve impedido, entonces nos encontramos ante la emoción de ansiedad.

La ansiedad es desencadenada por el proceso de estrés, por lo que su procesamiento corre en paralelo con él compartiendo recursos. El afrontamiento que moviliza el estrés se enfocará a solucionar la situación que ha generado la ansiedad o a la posible amenaza en la que ésta se fundamenta. Esto es lo que hace que la reacción emocional en la ansiedad vaya más allá y se convierta en una acción proactiva, de tal manera que su movilización sea anterior a que la amenaza se haya cumplido.

La ansiedad posee unas formas de afrontamiento reactiva propias que pueden activarse de antes de la acción proactiva. Tradicionalmente, se han establecido dos modos de afrontamiento de la ansiedad:

  • La vigilancia, es decir, la orientación de la atención hacia los aspectos amenazantes del entorno
  • La evitación cognitiva, es decir, redirigir la atención fuera de las condiciones amenazantes.

Considerando estos modos de afrontamiento, en función del mayor o menor uso que las personas hagan de ellas, se delimita el mapa de las alternativas de afrontamiento en la ansiedad.

Así, los ejes de la figura nos delimitan los cuatro estilos básicos de afrontamiento de la ansiedad:

A) Afrontamiento con una alta vigilancia y una baja evitación cognitiva

Se definiría por su baja tolerancia a la incertidumbre, su alta tolerancia a la percepción de la activación fisiológica de la ansiedad y por verse afectado especialmente por la ambigüedad inherente a las situaciones amenazadoras. Como consecuencia, la acción básica que moviliza este afrontamiento es dirigir la atención para obtener más información sobre las amenazas y, por lo tanto, mantener un estado de hipervigilancia. Las personas que sistemáticamente utilizan este estilo de afrontamiento son las denominadas sensibilizadoras.

B) Afrontamiento con una baja vigilancia y una alta evitación cognitiva

Se define por su baja tolerancia a la percepción de la activación fisiológica de la ansiedad, su alta tolerancia a la incertidumbre y por verse especialmente afectados por la activación fisiológica consecuencia de la percepción de estímulos aversivos. La acción básica de este afrontamiento es ignorar tales indicios, y, por tanto, inhibir el procesar más información relacionada con la amenaza. Esto tendrá como consecuencia un incremento en la incertidumbre, pero dada su alta tolerancia a la misma, no producirá ninguna reacción afectiva consecuente. Las personas que sistemáticamente utilizan este tipo de afrontamiento se denominan represoras.

C) Afrontamiento con una baja vigilancia y una baja evitación cognitiva

Se define por una alta tolerancia tanto a la incertidumbre como a la activación fisiológica y porque estas tolerancias le permiten continuar realizando acciones con suficiente duración como para probar su efectividad. La acción básica que permite este afrontamiento de la ansiedad es la de utilizar los recursos de afrontamiento que le proporciona el estrés, posibilitando, por tanto, movilizar un amplio repertorio de estrategias de afrontamiento y adecuarlo a las demandas de las diferentes situaciones. Las personas que sistemáticamente utilizan este estilo de afrontamiento son las denominadas no defensivas o bajas en ansiedad. Aunque, condiciones extremadamente bajas de vigilancia y de evitación cognitiva también pueden llevar a una falta de sensibilidad ante la incertidumbre y la activación emocional, dando lugar a un déficit general en los recursos del afrontamiento.

D) Afrontamiento con una alta vigilancia y una alta evitación cognitiva

Se definiría como una baja tolerancia tanto a la incertidumbre como a la activación fisiológica, y porque estas intolerancias dan lugar a la detección de falsas amenazas y a intentar controlar la activación emocional movilizada por las falsas amenazas. La característica de la acción básica que se desarrolla en este afrontamiento de la ansiedad es precisamente los constantes cambios en la propia actividad. Se considera una forma de afrontamiento poco eficaz y fluctuante. Las personas que sistemáticamente utilizan este estilo de afrontamiento son las denominadas como altamente ansiosas o carentes de afrontamiento adecuado.

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