2.7. Evaluación y valoración emocional

En la actualidad, existen diferentes propuestas sobre cómo se desarrolla la fase central del procesamiento emocional y el sistema de valoración que lo configura, pero todas ellas comparten muchos puntos en común:

  • Cada respuesta emocional es movilizada por un patrón distinto del sistema de análisis, de modo que incluso las mismas valoraciones pero combinadas de manera diferente participan en el desarrollo de distintas emociones
  • Las diferencias en el sistema de análisis se suman a las diferencias individuales y temporales en el momento de definir la respuesta emocional a movilizar
  • Todas las situaciones a las que se les asigna el mismo patrón de valoración evocan inevitablemente la misma emoción
  • El sistema de análisis se convierte en un procesamiento de la información, que va a predecir qué respuestas emocionales específicas van a conseguir una mayor capacidad adaptativa ante determinada situación
  • Los sistemas de análisis pueden explicar también la existencia de respuestas emocionales inadaptativas, que serían resultado de valoraciones inadecuadas o no ajustadas a la realidad
  • Los cambios introducidos en el sistema de valoración para determinadas situaciones y que tienen lugar en el desarrollo del niño, intervienen en su desarrollo emocional futuro

7.1. El sistema de análisis

El proceso de evaluación valorativa es el sistema de análisis emocional que actúa como primer filtro en la detección y desencadenamiento emocional, discriminando lo que tiene relevancia emocional de lo que no la tiene y dándole un grado de intensidad. Se trata, por tanto, de un sistema de extracción y procesamiento de información enfocado a cumplir las funciones adaptativas, sociales y motivacionales de las emociones.

Este filtro juega a su vez un doble papel: por una parte, realiza una evaluación de la situación en función de características afectivas y, por otra, realiza una valoración de la situación en función de su significación personal.

7.1.1. La evaluación de la situación

El primer componente de este doble proceso, que actúa como filtro afectivo, es el encargado de realizar la evaluación de la situación, que se compondría, según Scherer, de:

  1. La novedad de la situación ⇒ se determinará si se ha producido algún cambio en el patrón estimular, tanto externo como interno, valorando particularmente si ocurre una situación que es nueva o por el contrario es esperada. Es decir, analizará la probabilidad de aparición de la situación y grado de predecibilidad de la misma
  2. El agrado intrínseco ⇒ se determinará si las condiciones estimulares son agradables o no; incluyendo en ella tendencias de acercamiento, en el caso de la valoración agradable, y tendencias de evitación/huída, en el caso de ser desagradable. El sentido de agrado intrínseco o valencia afectiva es lo que determina la reacción fundamental del organismo de aceptación y acercamiento frente a la aversión y la evitación.

Esta primera evaluación de la situación se realizaría mediante procesos automáticos y con un bajo nivel de consciencia.

7.1.2. La valoración de la situación

El segundo componente o filtro de significado, que es el encargado de realizar la valoración de la situación se compone, según Scherer, de:

1. La significación ⇒ Se valora si la situación es pertinente a las metas importantes o necesidades de la persona, es decir, si es relevante o no para la persona aquí y ahora -ley de significado emocional-. Si el resultado es consistente o discordante con las metas esperadas o planes de acción, si cumple las expectativas que tenemos o no. Y si es conducente u obstructivo para alcanzar las metas respectivas o satisfacer las necesidades pertinentes, es decir, si sigue nuestra tendencia motivacional actual o no.

La valoración de la relevancia motivacional es esencial para determinar si una situación fomenta o pone en peligro la supervivencia, la satisfacción de necesidades y el logro de metas –ley de lo concerniente-.

Desde la perspectiva de Smith y Lazarus, la valoración de la situación estaría formada por una valoración cognitiva de los componentes de valoración y del núcleo de temas relacionados. El significado subyacente a cada emoción tendría tres niveles de análisis:

  1. El primer nivel, de tipo molecular, recoge los componentes de la propia valoración y describe los juicios específicos que hace una persona para evaluar una situación de daño o beneficio particular. Los componentes implicados en esta valoración son:
    • La relevancia motivacional es una valoración que alude a los compromisos personales y al grado en que la situación es relevante para la persona. Es el primer responsable de que se produzcan respuestas emocionales (positivas o negativas)
    • La congruencia motivacional se refiere a si la situación es consistente (el resultado será una respuesta emocional positiva) o inconsistente con los deseos y las metas de la persona (respuesta emocional negativa)
  2. El segundo nivel, que es molar, recoge el núcleo de temas relacionados y combina los componentes de la valoración individual dentro de configuraciones organizadas de significados relacionados, denominados núcleo de temas relacionados, que es el daño o beneficio central que subraya cada una de las emociones negativas y positivas. Cada tipo de emoción tiene un núcleo de tema relacionado propio (por ejemplo, el núcleo de tema relacionado de la ira es “una ofensa degradante contra mí o los míos”, del miedo “un peligro físico, inmediato, concreto y abrumador”, etc.). Por otra parte, los componentes de la segunda valoración del significado personal son:
    • La responsabilidad, que determina quién o qué es el responsable del mérito o de la culpa en función de los resultados de la situación. Es decir, quién o qué podría ser objeto del esfuerzo para enfrentarse a la situación
    • El potencial de afrontamiento enfocado al problema o capacidad para enfrentarse al problema implica evaluaciones acerca de la habilidad de la persona para actuar directamente sobre la situación y solucionarla o para llegar a un acuerdo con los deseos de la persona
    • El potencial de afrontamiento enfocado a la emoción se refiere a las perspectivas percibidas de ajustarse psicológicamente a la situación modificando la interpretación de la misma, los deseos o creencias
    • Las expectativas futuras se refieren a las posibilidades de realizar cambios en la situación actual o psicológica, que podrían hacer que la situación pareciese más o menos congruente motivacionalmente
  3. Por último, habría que añadir un tercer nivel de análisis, que recogería el componente individual de valoración, en el que se recogen las cuestiones específicas evaluadas en la valoración

2. El afrontamiento ⇒ Se determina la causalidad de lo sucedido, es decir, si se trata de algo que ha ocurrido fortuitamente o de manera intencionada por parte de alguien. El potencial de afrontamiento disponible en el organismo es el grado de control que puede ejercer sobre la situación.

La valoración del afrontamiento es una capacidad proactiva, ya que va más allá de la situación inmediata, permitiendo evaluar las probabilidades futuras teniendo en cuenta las habilidades para cambiar la situación y sus posibles consecuencias. La función principal de la valoración de afrontamiento es determinar la respuesta apropiada para un acontecimiento, dada la naturaleza del acontecimiento y los recursos disponibles.

La “teoría de la atribución” de Weiner, desarrollada para dar cuenta de la atribución en un contexto de logro, sugiere que las expectativas de éxito y fracaso, además de generar afecto positivo y negativo, generan emociones distintas en función del resultado de la atribución de causalidad (interna- externa, controlable-no controlable y estable-inestable).

Scherer sugiere distinguir entre el control, el poder y la aptitud de ajuste como aspectos separados de la habilidad de afrontamiento. El control guarda relación con la atribución de que un acontecimiento puede ser influenciado y, si la situación es controlable, entonces el resultado depende de nuestra capacidad para ejercer el control o para reclutar la ayuda de otras personas para que lo hagan en nuestro nombre. El poder se refiere a la atribución de capacidad para desarrollar el control con éxito. Y la evaluación de ajuste se refiere al potencial del organismo para adaptarse a los cambios en las condiciones del ambiente.

3. Las normas ⇒ Se utilizan, por una parte, para analizar si la situación y particularmente la acción a desarrollar es conforme a las normas sociales, convenciones culturales o expectativas de otras personas significativas para el sujeto, es decir, valoramos la compatibilidad de nuestro comportamiento con las normas de un grupo de referencia; así, la valoración se convierte en una dimensión “moral”, que es un poderoso factor de socialización y mantenimiento del orden social. Por otra parte, valoramos la compatibilidad de una acción con nuestras propias normas internas, internalizadas en nuestro auto-concepto o yo social ideal.

7.2. Estilos de procesamiento

Se ha venido considerando que determinados rasgos de personalidad influencian directamente el procesamiento emocional; sin embargo, hoy no se avala tal propuesta, acercándose más a una consideración de los rasgos de personalidad como variables mediadoras o moduladoras del procesamiento emocional. No obstante, una excepción a estos hechos viene marcada por los estilos emocionales de represión y sensibilización, y su efecto sobre el procesamiento de la información emocional. Así:

  • Las personas represoras son las que intentan evitar o retirar la atención de los estímulos amenazantes
  • Las personas sensibles son las continuamente supervisan el entorno para detectar la presencia de tales estímulos

Además, existen otros estilos de procesamiento emocional. Forgas postula:

  • El estilo de acceso directo, que utiliza la estrategia más sencilla y que consiste en recuperar valoraciones y reacciones ya existentes previamente en el sistema de análisis
  • El estilo motivado, que utiliza estrategias que tienen como objetivo primordial el lograr metas específicas de forma autorregulada
  • El estilo heurístico, que utiliza la estrategia de finalizar el proceso de análisis emocional, intentando llegar a una valoración definitiva con el menor esfuerzo posible
  • El estilo sustancial, que usa la estrategia de mantener un continuo procesamiento e interpretación de toda la información que está disponible y que pueda sobrevenir

7.3. Actitudes emocionales cognitivas

Determinadas personas pueden desarrollar actitudes cognitivas emocionales que favorecen la aparición de un tipo de emoción sobre otras. Estas actitudes cognitivas producen una focalización de la atención hacia ciertos estímulos considerados como relevantes, dando prioridad a su procesamiento y prejuzgando el entorno, lo cual prima la aparición de un tipo de respuesta emocional frente a otras.

De igual forma, la actitud cognitiva emocional produce también sesgos en los procesos de aprendizaje, los cuales facilitan una mayor retención de hechos relacionados con la emoción implicada que la que se produce con otras situaciones emocionales de diferente tono. Sesgos en la activación de la memoria, que producen una recuperación selectiva de la misma, caracterizada por el recuerdo de información asociada con la condición emocional responsable de la actitud. Y sesgos interpretativos, que hacen que situaciones ambiguas sean procesadas dándoles una significación emocional, de la que carecerían de no existir tal actitud.

En definitiva, las actitudes emocionales cognitivas son el fruto del establecimiento de una serie de sesgos que actúan sobre un sistema de valoración de la situación, anticipando y preparando los recursos psicológicos para un tipo de situación emocional específica.

Estas actitudes cognitivas emocionales se producen preferentemente ante emociones de tono negativo frente a las positivas. Posiblemente por “la ley de asimetría hedónica” que hace que las emociones de tono negativo tengan una mayor duración temporal que las positivas y por tanto esto facilite su desarrollo.

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