12.1. Principios y elementos de la evaluación del desarrollo

Aproximadamente el 16% de los niños padece algún tipo de discapacidad como trastornos del lenguaje o del aprendizaje, el retraso mental, los trastornos emocionales o conductuales. Pero estos niños no son diagnosticados a tiempo, casi siempre son detectados después de su entrada en el colegio. Este campo de la evaluación psicológica está en un momento de cambio. Hasta ahora ha estado impregnado del modelo psicométrico, pero en la actualidad comienza a vislumbrarse una etapa donde se busca una metodología propia sobre todo para la primera infancia.

Existe una débil relación entre las funciones cognitivas y psicomotrices que pueden apreciarse a edades tempranas y la capacidad intelectual o inteligencia, tal y como la estudiamos en edades escolares y en la adultez.

En 1992 el Grupo de Trabajo de Evaluación del desarrollo de Cero a Tres estableció una serie de principios para guiar la evaluación del desarrollo en las primeras edades en los campos intelectuales, afectivos y psicomotrices. Estos principios deben considerarse los pilares sobre los que se asentarán los progresos que vayan consiguiéndose en esta área de evaluación.

La evaluación debe estar basada en un modelo integrado de desarrollo

El niño es un ser integrado donde cada área de funcionamiento depende de las demás. La profundización en alguna de dichas áreas de desarrollo con instrumentos específicos tiene sentido para llevar a cabo el objetivo de comprender mejor el desarrollo global del niño.

La evaluación está basada en múltiples fuentes de información y en múltiples componentes

Diferentes personas que informan, en diferentes contextos y con diferentes instrumentos.

Una evaluación debe seguir una cierta secuencia

Secuencia que comienza con la obtención de la confianza y respeto de las personas que cuidan al niño, que continúa con la obtención y que prolonga al ir decidiendo planes de actuación.

La relación e interacción con el principal cuidador debe ser la piedra angular de la evaluación.

La observación de la interacción permite a los profesionales aprender de la intervención de los padres que hayan probado su éxito con la familia y su hijo, y a la vez permite al profesional aportar información en aquellas que puedan ser necesarias para llevar a cabo interacciones más fructíferas. Cada interacción con la familia es una evaluación y cada evaluación puede considerarse una intervención.

Es esencial el conocimiento de las secuencias y pautas de desarrollo normales para así poder interpretar las diferencias observadas en el desarrollo de los niños

De esta manera el niño con discapacidad no se entiende como incapaz de conseguir determinadas habilidades sino como que no posee aun determinadas habilidades propias de su edad

La evaluación debe prestar máxima atención al nivel del niño, al patrón de organización de su propia existencia y a sus capacidades funcionales, lo cual representa la integración de habilidades cognitivas y emocionales

En la medida en que los niños sean capaces de organizar sus experiencias serán capaces de aprender del mundo que les rodea.

El proceso de evaluación debe identificar las competencias actuales del niño y sus puntos fuertes lo cual constituye la progresión en el desarrollo en un modelo de continuo crecimiento

Identificar sus habilidades y observar como emergen es una parte esencial de la evaluación del desarrollo. El cómo se manifiestan las habilidades es más importante que la cantidad de ellas que posee.

La evaluación es un proceso de colaboración entre padres y profesionales

El proceso de evaluación debe ser siempre contemplado como un primer paso en un proceso potencial de intervención

Aunque la evaluación continua debe ser incorporada en el proceso de intervención.

La re-evaluación del estado de desarrollo debe ocurrir en el contexto familiar cotidiano, en el de intervención o ambos.

La información que se obtiene de nuevas evaluaciones es esencial para maximizar la relaciones entre el niño, su familia y los profesionales.

En general el objetivo de la evaluación del desarrollo es adquirir información para comprender qué facilitará el desarrollo y las habilidades funcionales del niño en su familia y comunidad. Es un proceso cuyo objetivo es profundizar en la comprensión de las competencias y recursos, y en los entornos de aprendizaje y de cuidado, fundamentalmente para ayudar al niño a hacer el uso más completo de su potencial de desarrollo. La evaluación debe ser un proceso continuo de colaboración, de análisis y de observación sistemática.

Cuestiones a tener en cuenta en la evaluación del desarrollo:

  • El sujeto de evaluación es en realidad una parte de la díada madre-hijo, así el comportamiento a evaluar estará basado en la observación.

  • La importancia de respetar los intereses y preferencias de los niños para orientar sus actividades cuando se explora durante los primeros años de vida.

  • Los programas no deben ser rígidos, sino flexibles.

  • Estos instrumentos pueden ser utilizados también por niños normales.

  • La orientación teórica y los fundamentos de los programas raramente se explican en los distintos instrumentos, pero basta conocerlos para saber que respaldan una posición teórica y unas consideraciones acerca de los objetivos finales de la evaluación e intervención.

  • Falta información empírica acerca de la eficacia de los instrumentos de evaluación y de los programas de intervención en niños de corta edad.

  • Existe una principal diferencia con los test para niños escolares, éstos siempre irán acompañados por algún conocido durante la exploración.

  • Durante los 2 primeros años de vida las capacidades a observar no están delimitadas u ordenadas en factores, ya que estas áreas no son claramente independientes.

Una cuestión más a considerar es la dificultad que conlleva para el profesional, debido al nivel de desarrollo que poseen los niños. Los niños conllevan una serie de dificultades intrínsecas (según Forns) al proceso de evaluación. Tampoco debemos olvidar en qué medida el niño sabe y puede informar acerca de lo que conoce de sí mismo y en qué medida ello responde a la realidad. Las restricciones de sus propias experiencias puede limitar el valor informativo de las autorreferencias o autoinformes. Así, debemos plantear la Evaluación Psicológica infantil desde una perspectiva plural que incluya varios informadores, el análisis de múltiples contextos y el uso de técnicas diversas.

Maganto considera que deben tenerse en cuenta dos recomendaciones. Por una parte, cuanto más pequeño sea el niño, mayor participación se requiere del examinador en la conducción de la evaluación. Por otra, a menor edad, menor es la capacidad de control y de resistencia a factores negativos que puedan aparecer en el momento de la evaluación: distracción, timidez, enfado... Además, a estas edades los síntomas que tienen los niños pueden expresarse de forma diversa y no como es habitual en otras edades como la adolescencia. Asimismo los niños dependen de su contexto, con lo que hay que prestarle mucha atención.

Breves consideraciones en torno al concepto de desarrollo

Es imprescindible conocer detalladamente la evolución del desarrollo normal para poder estar cualificado y así reconocer los retrasos del mismo. Según Bornstein y Lamb el desarrollo contempla 3 grandes bloques desde el punto de vista de la Psicología Evolutiva: el desarrollo motor, el cognitivo y el social, lo que puede considerarse como si estuviéramos observando distintas habilidades pero que en el niño se van produciendo de forma paralela y se supone que se perciben de forma integrada.

En cuanto al desarrollo motor, sabemos que a medida que maduran los músculos y el SN el niño adquiere habilidades cada vez más complejas. Salvo excepciones la secuencia del desarrollo físico es universal. Pero existen diferencias individuales en las edades en que se desarrolla esta secuencia. El ambiente influye de manera decisiva en este desarrollo, y también las diferencias culturales, que pueden ser genéticas o producto de la experiencia. Los genes desempeñan un papel decisivo. Además la maduración biológica crea la predisposición para aprender, p. ej a andar.

Respecto al desarrollo cognitivo, las áreas asociativas de la corteza cerebral son las últimas áreas del cerebro en desarrollarse. Al hacerlo aparecen las habilidades mentales del niño. La cognición tiene que ver con todas las actividades mentales relacionadas con el pensamiento, el conocimiento, el recuerdo y la comunicación. Para Piaget los niños entienden el mundo de una forma diferente a los adultos.

Para él la mente infantil se desarrolla en una serie de etapas, desde los simples reflejos del recién nacido hasta el poder de razonamiento abstracto de los adultos. El proceso intelectual se establece tratando de encontrar sentido a la experiencia, a través de los esquemas y dependerá del proceso de maduración del cerebro. Con la capacidad de comprensión que tienen los niños interpretan la experiencia mediante la asimilación. Estos esquemas se van corrigiendo para ajustarse a las nuevas experiencias mediante la acomodación.

Para Piaget hay cuatro etapas en el desarrollo cognitivo: sensoriomotriz (0-2 años), preoperacional (2-6 y 1⁄2), de las operaciones concretas (7-11 o 12) y de las operaciones abstractas (12 en adelante).

En cuanto al desarrollo social hay que destacar que desde el nacimiento somos criaturas sociales.

Numerosos elementos entran en acción en la creación del lazo afectivo entre los padres e hijos, como el apego, la familiaridad o el temperamento.

El principal logro social en la primera infancia es el apego, y en la segunda es la creación de un concepto de sí mismo positivo, el cual concluye aproximadamente a los 12 años. Éste significa un sentimiento de su propia identidad y de su valor como persona. Los estilos educativos y la cultura ejercen una importante influencia sobre dicho concepto.