La Völkerpsychologie -psicología de los pueblos- (1900-1915)

Fue en el contexto de reflexiones sobre las limitaciones de la investigación psico-físiológica y el control experimental donde Wundt empezó a plantearse en serio alternativas para una psicología omnicomprensiva. Tal circunstancia requirió prestar una atención especial a las relaciones entre la psicología y los fenómenos colectivos desde un punto de vista histórico-cultural. En realidad, como ya hemos sugerido, lo preciso sería hablar de una revitalización o redimensionalización porque, desde los primeros tiempos de Heidelberg y de confianza en la fisiología, Wundt tuvo en mente una perspectiva histórico-cultural que completara el estudio experimental del sujeto individual.

En 1862, por ejemplo, la introducción a sus tempranas Contribuciones a una teoría de la percepción sensorial plantea que el trabajo psicológico exige multitud de métodos, desde el experimental al histórico, pasando por el genético, el comparativo y el estadístico. Un año después, sus Lecciones sobre la mente humana y animal (1863) incluyen referencias a las Sitten, esto es, las costumbres o los sistemas morales. Las consideraba material útil para analizar, desde un punto de vista evolutivo, los orígenes colectivos de las “culturas primitivas o ahistóricas” del presente (Jahoda, 1995).

Estas inquietudes culturales fueron ganado importancia de tal manera que, ya en la tercera edición de sus Fundamentos de psicología fisiológica (1893), la Völkerpsychologie acompaña en pie de igualdad a la psicología fisiológica como una de las dos ramas principales de la psicología científica. Otros síntomas de esta importancia son las numerosas referencias a la Völkerpsychologie existentes en su Ética (Wundt, 1886) o el resumen sobre ella que incluye en la tercera edición de su Lógica (Wundt, 1880-1883/1908).

A partir de 1900, Wundt se volcó casi completamente en el estudio de la Völkerpsychologie y a ella dedicó los últimos 15 años de su vida. Completó 10 mastodónticos volúmenes y un anexo titulado Elementos de Psicología de los Pueblos (1912) que, en realidad, fue lo que realmente popularizó la propuesta desde el punto de vista internacional. Dará por concluido el proyecto en 1920, el mismo año de su muerte, y el resultado final será una especie de compendio de reflexiones psico-sociológicas, psico-históricas y culturales en las que, entre otras cosas, tomaba en cuenta informes de viajeros, exploradores y antropólogos. Con todo, el trabajo de Wundt no es exactamente el tipo de antropología de sillón que caracterizaría, por ejemplo, la La Rama Dorada de James G. Frazer, título considerado fundacional para dicha disciplina. Los métodos empíricos del laboratorio de Leipzig también se pusieron al servicio del proyecto para observar fenómenos psico-sociales in situ y realizar muchas estimaciones estadísticas; incluso recurriendo, en alguna que otra ocasión, al protocolo experimental que tanto había criticado a Wuzburgo y aplicándolo, contra sus propias advertencias, a procesos superiores como la apercepción (Jahoda, 1995; Greenwood, 2003).

Völkerpsychologie es un término alemán que se suele traducir por “Psicología de los pueblos”, aunque también por “psicología popular” -en inglés, folk psychology-.

La definición es problemática desde su propia raíz semántica –puede significar psicología del sentido común, psicología nacional, etc. (sobre las controversias en la traducción, se puede ver Gundlach, 1983)–, pero con ella Wundt se refería específicamente a un suerte de psicología de la cultura humana en contraste con la psicología individual, naturalista y actualista. La propuesta, en cualquier caso, no es originalmente suya y, además de sus anclajes en la tradición idealista alemana del yo transcendental y del Geist [espíritu], existe un antecedente mucho más directo e inmediato de ella. Wundt, de hecho, se reconoció heredero del misma aunque devaluando, de una manera un tanto injusta, lo logros alcanzados en tal área hasta el momento (Jahoda, 1995). Se trata de la Völkerpsychogie de Moritz Lazarus (1824-1903) y Hajim Steinthal (1823-99). Vamos a presentar los puntos esenciales de ésta siguiendo de cerca el excelente resumen ofrecido por Gustav Jahoda (1995) (puede verse también Kalmar, 1987; Diriwächter, 2004).

La fundación de la Volkerpsychologie por Lazarus y Steinthal

Lazarus estuvo influido por la insistencia de Johan Friedrich Herbart (1776-1841) en la naturaleza socio-cultural del hombre y de que los acontecimientos colectivos se deberían poder tratar como procesos análogos a lo que sucede dentro de la mentes individuales. Steinthal estudió filología en la Universidad Berlín, donde conoció a Lazarus, y a quien contagió su propio entusiasmo por las tesis del gran filólogo Wilhelm von Humboldt (1767-1835); concretamente, por el planteamiento que ligaba el lenguaje y el habla con el pensamiento de los grupos humanos.

En 1860 se creó una cátedra de Völkerpsychologie en la Universidad de Berna (Suiza) –la primera de la historia en la que aparece alguna referencia explícita a la Psicología– que sería ocupada por Lazarus. Adicionalmente, fundó junto a Steinthal la Zeitschrift für Völkerpsychologie und Sprachwissenschaft [Revista de psicología de los pueblos y filología] en 1859, publicación orientada a discutir y desarrollar su programa de investigación junto con otros intelectuales. A grandes rasgos, este programa consistía en una reinterpretación y desarrollo de la noción idealista de Volkgeist [espíritu del pueblo] según la cual ésta no podía suponerse al margen del Geist [espíritu] particular de cada individuo. La sociedad tiene una preeminencia lógica, temporal y psicológica sobre el individuo e influye poderosamente en su desarrollo. El Volkgeist refleja así la mentalidad característica de un pueblo particular, promoviendo la unidad y la armonía en el funcionamiento psicológico del colectivo.

En todo caso, el Volkgeist operaba sobre los mismos procesos psicológicos de la mente individual, si bien los de aquel eran más complejos y extendidos.

Según Lazarus y Steinthal, existían dos manifestaciones interrelacionadas del Volkgeist. Una era intrapsíquica y se estructuraba siguiendo la triada psíquica arquetípica que distinguía entre los pensamientos, los sentimientos y las disposiciones volitivas. La otra remitía a la encarnación material del Volkgeist en productos culturales –libros, obras de arte, monumentos, códigos y reglas sociales, instituciones políticas, educativas, etc.– y sus dominios básicos se estructuraban en paralelo a los tres elementos intrapsíquicos. Tales dominios eran la mitología, las costumbres y la religión y, junto a ella, el arte. Los mitos revelarían la mentalidad colectiva originaria –el modo de aprehender el mundo, de mezclar las impresiones y los procesos de apercepción– como base del desarrollo intelectual y, yendo más allá, la labor científica. Las costumbres estaban ligadas a lo volitivo, a la configuración de la acción práctica desde los hábitos más básicos hasta los reglamentos éticos, morales y políticos más complejos. La religión, por último, mostraba la esfera emocional e imaginativa, todo aquello que se revelaba en las diferentes artes (danza, arquitectura, poesía, pintura, música, etc.).

Ahora bien, siendo relevantes estos tres elementos a la hora de estudiar las características subjetivas de la comunidad, el factor fundamental del Volkgeist era la lengua común. Para Lazarus y Steinthal, ésta reflejaba la creación por excelencia del genio nacional y constituía la piedra de toque para estimar su calidad o grandeza mental. En último término, la fuente intrapsíquica del lenguaje remitía a las ideas subjetivas y autorreferenciales de los miembros de la comunidad, su identidad compartida y su sentimiento de pertenencia un mismo grupo.

Lazarus y Steinthal también definieron dos áreas de trabajo fundamentales de la Völkerpsychologie: una, orientada a las leyes generales que rigen la aparición y desarrollo del Volkgeist en toda la humanidad; y otra, implicada en la descripción de los Volkgeist particulares de cada comunidad. La segunda parte ofrecía, además, el material de trabajo desde el que desarrollar, de manera inductiva, la parte general. En cuanto al árbol de las ciencias, Lazarus y Stheinthal colocaban la Völkerpsychologie en la base explicativa de todas las Ciencias humanas –como la lingüística, la historia, etc. que, en la mayoría de los casos eran disciplinas meramente descriptivas– y servía de puente entre éstas y las ciencias naturales. Cumplía, así, una función de gozne fundamental, que más adelante se atribuiría a todo el ámbito psicológico, entre los procesos psicofisiológicos básicos y los fenómenos psicosociales más complejos.

La Völkerpsychologie de Wundt

Ya en sus tempranas Lecciones sobre la mente humana y animal (1863) Wundt había tratado de marcar distancias con el tipo de Völkersychologie que Lazarus y Steinthal defendían desde la páginas de su revista. Frente a ellos, defendía que la mente individual y sus leyes eran prioritarias y antecedían, en todos los casos, al hecho social. Sólo el paso de los años hizo que se cuestionara la validez de esa afirmación y se identificara con una posición en la que lo colectivo se sobreponía a lo individual. Más aún, con mayor o menor reconocimiento, es evidente que Wundt asumiría posteriormente buena parte del sentido y la estructura del programa de Lazarus y Steinthal. Lo hizo a regañadientes, sin dejar de acusarles de falta de claridad estructural (Wundt, 1887), una característica, por lo demás, perfectamente achacable a su propia y desmesurada propuesta.

Más importantes y relevantes son, en todo caso, sus divergencias teóricas de fondo; sobre todo en lo que tiene que ver con la relación de mera analogía que Lazarus y Stienthal, siguiendo a Herbart, habían establecido entre la psicología individual y la Völkerpsychologie. Para Wundt, la psicología colectiva no reproducía simplemente el funcionamiento de una mente individual a otra escala, como si se tratara de dos planos paralelos. Muy al contrario, la dinámica de ambas, individual y colectiva, tenía que estar relacionada funcionalmente de una manera más sutil y compleja.

En cierta manera, la mayoría de los rasgos singulares, diferenciales y destacables de la versión que Wundt ofreció de la psicología de los pueblos pueden derivarse de los intentos por resolver esa cuestión y definir “leyes psicológicas generales” que la explicaran (Jahoda, 1995). Vamos a plantear tres consecuencias teóricas relevantes y relativamente vigentes que, desde nuestro punto de vista, podrían extraerse del empeño de Wundt: la unidad psíquica de la especie como base del desarrollo humano; la intersubjetividad y la síntesis creativa como base del desarrollo cultural complejo; y los productos psíquicos o espirituales como material legítimo para el estudio psicológico. Al margen de recurrir a alguna fuente secundaria de forma puntual (por ejemplo, Haeberlin, 1980; Danziger, 1983, Jahoda, 1995, Wong, 2009), abordaremos estas tres cuestiones manejando fundamentalmente sus Elementos de psicología de los pueblos (Wundt, 1912/1926). Wundt subtituló este trabajo como Bosquejo de un historia de la evolución psicológica de la humanidad y lo pensó originalmente como un anexo que debía acompañar y subrayar la dimensión diacrónica de la obra mayor. Como ya hemos dicho, fueron los Elementos los que divulgaron y popularizaron realmente la Völkerpsychologie, resultando mucho más manejables y accesibles que los diez enciclopédicos volúmenes.

La unidad psíquica de la especie

Wundt trataba de evitar tanto los supuestos más especulativos e idealistas sobre el espíritu colectivo como la estrechez determinista planteada por el principio lamarquista y spenceriano de la herencia de los caracteres adquiridos. Sobre todo a partir de éste último, los antropólogos físicos y raciólogos del siglo XIX defendían la existencia de propiedades mentales básicas y constitutivas que eran diferentes en cada una de las razas humanas. Estos rasgos distintivos provendrían de una herencia biológica implementada de forma diferencial en cada raza desde tiempos inmemorables. Desde una sobreinterpretación de las tesis darwinianas, algunos biólogos como Haeckel incluso llegaban al extremo de relacionar los orígenes de cada raza humana con una especie diferente de mono (Harris, 1985). Otros planteamientos raciológicos como los del francés Gustave Le Bon (1841-1931), el alemán Karl Hillebrand (1829-884) o el austrohúngaro Max Nordau (1849-1923) no alcanzaron ese extremo, pero fueron igualmente utilizados para baremar la madurez mental, caracteriológica y, por ende, política de los distintos pueblos y naciones del mundo.

Tomadas por científicas, estas ideas se utilizaron deliberadamente para justificar el programa etnocéntrico y colonialista de las naciones occidentales en África, Asía y Oceanía desde mediados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial (Harris, 1985; Jahoda, 1995, Sluga, 2006).

Por su parte, Wundt estaba convencido de la primigenia unidad psíquica de la especie según la cual las variaciones de estructura mental básica del ser humano se explicaban por la acción del medio ambiente geoclimático y cultural en el que se desenvolvía y relacionaba cada grupo humano. En realidad, Lazarus y Steinthal también compartían esta idea, pero la propuesta de Wundt no mostraba interés especial por el reconocimiento, certificación y clasificación de los rasgos diferenciales de los distintos pueblos y naciones. Su planteamiento es, además, mucho menos etnocéntrico que el de los propios creadores de la primera Völkerpsychologie y matiza continuamente la posibilidad de una rigurosa ordenación y distinción entre niveles de desarrollo cultural de los pueblos que compondrían la humanidad. El objetivo de Wundt era utilizar ese tipo de información como datos que permitieran analizar empíricamente el proceso por el cual, de manera general, la actuación de un sujeto concreto terminaba siendo tan persistente y similar al de resto de sujetos de su comunidad histórica y cultural, y aun del conjunto de la humanidad. En definitiva, sin negar la posibilidad de estudiar científicamente los procesos de diversificación de las culturas concretas o sus estados en momentos históricos puntuales, Wundt los manejaba inductivamente para establecer “leyes psicológicas generales” y desentrañar su complejidad.

La complejidad de la acción: intersubjetividad y síntesis creadora

En continuidad con el punto anterior, Wundt fue un autor muy sensible a los procesos intersubjetivos, a la manera en que los seres humanos co-construían o constituían mutuamente sus hábitos e ideas comunes a través de las actividades y prácticas cotidianas y conjuntas. Le interesaban los efectos acumulativos de estas interacciones en el tiempo; es decir, consideradas dentro de un proceso evolutivo continuo que se movía de lo elemental a lo heterogéneo (Danziger, 1983).

Trataba así de analizar procesos colectivos intrincados y complejos en los que, por supuesto, cabía sopesar el efecto evidente de las condiciones exteriores de la vida, como suponía el darwinismo. Pero, partiendo de su concepción propositiva de la mente, Wundt llamaba la atención sobre la propia fuerza creadora del ser humano.

Las posiciones utilitaristas y darwinistas veían en la magia, los mitos y el animismo primitivo formas ingenuas o imperfectas de tratar de entender los fenómenos naturales. Wundt, por su parte, creía que estas cuestiones demostraban que la percepción sensorial estaba conectada necesariamente con estados subjetivos afectivos e imaginativos, aunque en el hombre civilizado la racionalidad crítica o instrumental tendiera a controlarlos (Jahoda, 1995). De esta manera, huyendo de las perspectivas más deterministas, Wundt defendía que las actividades en las que se veían envueltos individuos y colectivos no eran lineales, mecánicas y economizadoras, sino creativas, desbordantes y, en algún punto, imprevisibles. Para explicar esta circunstancia, Wundt recurría a los principios de “síntesis creadora” – definida como el grado más alto de la apercepción en tanto que origen de novedades mentales y culturales– y “heterogeneidad de los fines” –el hecho de que se ofrecieran múltiples alternativas a partir de unas mismas condiciones de partida–. A partir de ambos principios, y ahondando en la complejidad del sistema psicológico y cultural, Wundt suponía que cuando se alcanzaban los fines u objetivos previstos en una actividad era probable que aparecieran nuevos efectos que, a su vez, podían convertirse en objeto u origen de nuevos procesos perceptivos o secuencias de acción voluntarias.

Como veremos en otros capítulos, este último planteamiento no está lejos de la crítica al “arco reflejo” que John Dewey desarrolló dentro del pragmatismo americano (Sook, 1995), o de la teoría de la actividad desarrollada por Aleksei N. Leontiev dentro de la escuela socio-histórica rusa. Por su parte, la consecuencia específica y crucial que extraía Wundt para su sistema a partir de principios como la síntesis creativa o la heterogeneidad de los fines era que las supuestas “leyes psicológicas generales” podían variar en función de los nuevos elementos que fueran apareciendo en el curso del desarrollo mental y cultural. Es, por tanto, un planteamiento abierto a la modificación continua de la “naturaleza humana”: en su despliegue temporal, ésta rebasa necesariamente las meras determinaciones psicofisiológicas.

Los productos psíquicos o espirituales y las formas culturales

La atención comparada a las distintas formas y productos psíquicos será un recurso metodológico novedoso propuesto por Wundt. Como Lazarus y Steinthal, Wundt hablaba de productos espirituales entendidos como materializaciones u objetivaciones de la energía y dinámica mental y también consideraba que los fundamentales eran el lenguaje, el arte y los mitos y las costumbres. Sólo retocaba la propuesta de sus antecesores en lo relativo a la distribución de los procesos psicológicos subyacentes y asociados a cada producto. Ahora el lenguaje quedaba especialmente ligado al pensamiento en tanto que expresión de relaciones internas de las cogniciones y sus modificaciones graduales, el mito y el arte configuraban conjuntamente el ámbito de los sentimientos e impulsos y las costumbres se mantenían como índice del ejercicio de la voluntad para la organización de la sociedad.

Dentro de este esquema, los estudios a propósito de la cuestión lingüística fueron especialmente escrupulosos y, de hecho, todavía gozan de cierto reconocimiento en algunos ámbitos lingüísticos y psicolingüísticos (Blumenthal, 1970; Miralles, 1986; Nerlich y Clarke, 1998, Lehaey, 2005). Pero lo novedoso del planteamiento de Wundt consistió en integrar y articular este tipo de objetos de estudio dentro del gran proyecto científico de la psicología moderna, independientemente de que su llamamiento fuera en gran medida olvidado o desoído por la psicología posterior.

De su propuesta metodológica se deriva que el objeto de estudio de la Völkerpsychologie no es ya propiamente la mente individual, pero tampoco lo es la mente social en abstracto. El objeto que se ha de analizar es, en realidad, el producto objetivo resultante de la interacción de muchas mentes. Aunque Wundt no lo formule exactamente así, tales productos son a la vez materiales (objetos, instrumentos, obras de arte, etc.) y simbólicos (imágenes, palabras, textos, etc.), además de externos o diferidos respecto del observador; esto es, inapropiados, como ya sabemos, para los métodos de control y auto-observación propios de la psicología experimental.

En buena medida, los productos espirituales o psíquicos son la materialización cultural de los procesos psíquicos intersubjetivos, los convierten en algo externo y los fijan o atrapan frente al devenir temporal y efímero que caracteriza a los procesos mentales. De esta manera, el producto espiritual es un material que puede ser analizado objetivamente. Eso sí, su estudio exigirá un trabajo interpretativo o hermenéutico sobre la base de que toda forma física o simbólica expresa u oculta rastros tanto de su proceso de producción como de la energía psíquica empleada en su elaboración. El planteamiento, como veremos, está muy cerca de las tesis marxistas de Vygotski y, en último término, se arraiga en la misma teoría hegeliana sobre la actividad e historia humana.

Estos productos son, por tanto, el material del que dispone la Völkerpsychologie para descubrir las leyes psicológicas generales implicadas en las dinámicas propias de todo entorno intersubjetivo y de la propia unidad y evolución psíquica de la especie. Eso sí, Wundt no pierde de vista que las condiciones ambientales y culturales cambiantes, los “grandes hombres” y líderes y otros factores singulares y determinantes para la historia de la humanidad diversifican y complejizan las formas y productos espirituales. Por eso consideraba que el método que debía emplear la Völkerpsychologie a la hora de establecer las leyes generales de la evolución mental tenía que ser comparativo e histórico.

El destino de la Völkerpsychologie

Evidentemente, la Völkerpsychologie wundtiana no está exenta de múltiples problemas y supuestos muy discutibles, algunos propios de la época. El intento de sistematizar conjuntamente la psicología, la historia y una ciencia de la sociedad o de la cultura era excesivo y, seguramente, estaba condenado al fracaso (Diriwächter, 2004). Tampoco tuvo en cuenta algo tan importante como el desarrollo infantil a la hora de entender el proceso de co-construcción de la mente individual y la cultura general (Jahoda, 1995). De la misma manera, no logró desprenderse totalmente del etnocentrismo y la idea de progreso absoluto. Wundt tomaba la cultura centroeuropea, particularmente la alemana, como referente y, a partir de ella, proponía diferentes estadios de desarrollo civilizado entre las diversas sociedades, tanto históricas como coetáneas.

Sus criterios de construcción teórica se basan evidentemente en este tipo de supuestos, tan controvertidos desde una perspectiva actual. Pero ello no puede eclipsar el hecho de que Wundt abriera el horizonte disciplinar de la psicología, incluso para una perspectiva contemporánea. Wundt fue muy consciente de aspectos tan actuales como la mutua constitución intersubjetiva y mediada por objetos materiales y simbólicos entre el sujeto y el mundo (Wong, 2009). La Völkerpsychologie wundtiana pone de manifiesto no sólo que la experiencia psicológica es irreductible a principios neurofisiológicos; además, intuye que los procesos de objetivación de la experiencia externa a través de los objetos, el lenguaje, las instituciones, etc., generan marcos de sentido y significado que amplían el arco de motivos de la vida propia del ser humano. Frente a la psicología freudiana y conductista, no todo puede enraizarse en impulsos básicos, más o menos diferidos, para satisfacer necesidades básicas. Frente a la mera asociación de ideas o contenidos mentales simples, la mente del sujeto pareciera extenderse más allá de lo que hay debajo de la piel (Wertsch, 1993). En definitiva, hay motivos de la actividad psicológica, y posiblemente los más importantes, que no pueden entenderse desde un sujeto concebido en términos puramente neurofisiológicos y asociacionistas.

Sea como fuere, lo que señala la historiografía al uso es que el proyecto wundtiano de la Völkerpsychologie no encontró continuidad directa e inmediata a la muerte de su creador. Y efectivamente ninguno de sus discípulos continuó con la tarea, en buena medida porque el propio Wundt les orientó sobre todo al trabajo experimental en el laboratorio y no se preocupó por formarlos o incorporarlos activamente a la investigación en el campo de la psicología de los pueblos (Kusch, 1995). Su influencia se dejó notar, más bien, como efecto derivado de su labor docente, de sus apasionadas y populares clases. Gracias a ellas intelectuales menos interesados por la psicología individual o experimental, como el antropólogo Bronislaw Malinowski o el sociólogo Émile Durkheim, sí recibieron la impronta etnopsicológica y dejaron que se filtrara en su obra y reflexión. De hecho, Durkheim y otros discípulos franceses de Wundt fueron responsables de que, en buena medida, la Völkerpsychologie –tanto en la versión de Wundt como en la de Lazarus y Steinthal- se popularizara y discutiera ampliamente en el dominio académico francés (Espagne, 1998). La incorporaron a un rico debate interdisciplinar que, en lo tocante a nuestra disciplina, inspiraría episodios como la redacción de la exitosa Psicología de los Sentimientos de Theodule Ribot o, a medio plazo, su reformulación en el seno de la psicología histórica impulsada por autores como Henri Delacroix y, sobre todo, Ignace Meyerson.

Con todo, la Völkerpsychologie fue principalmente reconocida y reivindicada como precursora del proyecto vygotskiano –aunque Vygotski, conociendo el trabajo de Wundt, se inspiró en otras fuentes (Valsiner, 1988; véase también Brandist, 2006)– y, por ende, de la actual Psicología cultural –área en la que destacan autores como Michael Cole, Gustav Jahoda, Jerome Bruner, Jaan Valsiner, Carl Ratner o Alberto Rosa. En líneas generales, para la psicología cultural, la actividad psicológica del sujeto debe ser siempre entendida dentro de su contexto cultural. Tal contexto está configurado por artefactos (simbólicos, como el lenguaje, o materiales, como cualquier objeto cotidiano) que, desde el mismo momento del nacimiento, median las relaciones del sujeto con sus congéneres y el mundo y, por ende, lo constituyen como agente: esto es, como persona capaz de dirigir sus acciones a un fin deliberado pero no necesariamente autocontenido. Considerando estas cuestiones, no es de extrañar que se reconozca a Wundt como un psicólogo precursor, si bien lo cierto es que se trata de una reivindicación meramente celebratoria, sin continuidad ni conexión directa con los programas de investigación actuales.

De todo ello se deduce que el proyecto de la psicología de los pueblos de Wundt resulta algo extraño para la propia memoria histórica del psicólogo actual y, de hecho, es evidente que nunca se sabe muy bien dónde colocarlo. Sobre todo para el resto de psicologías no culturalistas, deja entrever todo aquello a lo que ha ido renunciando la disciplina en su empeño para ser una ciencia positiva a semejanza de la física. La paradoja que se deriva de la propuesta de Wundt es que la psicología nunca podrá ser una disciplina coherente porque dejó por el camino cuestiones fundamentales acerca de la naturaleza de su objeto; cuestiones que, como bien muestra el episodio de la Völkerpsychologie, escapan a los métodos de las así llamadas “ciencias duras”.