7.1. Estereotipos sobre los adultos mayores y el envejecimiento

Las definiciones más aceptadas de los estereotipos hacen hincapié en el consenso social sobre el contenido de las características que se atribuyen a ciertos grupos, que pueden ser positivas o negativas, aunque principalmente suelen predominar las últimas (Sangrador, 1996). De esta forma, existe una imagen sobre los miembros de esos grupos que es compartida por las personas de una sociedad determinada, lo que origina dos consecuencias conductuales de interés para un psicólogo. La primera se relaciona con las conductas desarrolladas por las personas de esa sociedad hacia los grupos estereotipados. La segunda afecta a la propia conducta de los miembros de esos grupos. En ambos casos, la influencia de los estereotipos sobre el comportamiento va a depender de su activación, tanto automática como controlada.

Asimismo, en ambos casos, estas conductas manifiestas van a depender del propio contenido del estereotipo del grupo. Por ejemplo, siguiendo el modelo del contenido del estereotipo (Fiske, Xu, Cuddy Glick, 1999), será más probable que los individuos presten ayuda a miembros de grupos hacia los que la sociedad mantiene un prejuicio paternalista (ej. discapacitados o ancianos), que hacia aquellos grupos hacia los que se mantiene un prejuicio despectivo (ej. gitanos o marroquíes). En definitiva, el aspecto más relevante de los estereotipos para la Psicología Social no va a ser el contenido de los estereotipos en sí, entendido como listas de características que definen al grupo, sino las conductas que van a estar incluidas dentro de los esquemas estereotípicos, y que se activan cuando interactuamos con los individuos de otros grupos sociales. Un ejemplo de este proceso lo proporcionan Bargh, Chen y Burrows (1996), que comprobaron cómo, tras la activación de rasgos estereotípicos propios del grupo de mayores, las personas jóvenes mostraban una marcha más lenta al caminar. El proceso de activación de rasgos estereotípicos muchas veces tiene lugar fuera del control consciente del sujeto. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando estamos ante un bebé y, de forma automática, nos dirigimos a él con un tono de voz más alto y un ritmo de habla mucho más lento, pues dentro del estereotipo de esta categoría social (bebés) se encuentra la característica de que tienen menos capacidades lingüísticas.

Los estereotipos sobre mayores y el proceso de envejecimiento han tomado especial relevancia en la investigación durante los últimos años debido, fundamentalmente, a dos razones. En primer lugar, el proceso de envejecimiento de la población y el aumento en la esperanza de vida dentro de las sociedades occidentales. En segundo lugar, porque, a diferencia de los estereotipos relativos a otros grupos, todas las personas, en algún momento de su vida, interiorizarán los estereotipos relativos al grupo de mayores según vayan cumpliendo años, y se comiencen a categorizar a ellas mismas dentro de este grupo de edad.

Los censos realizados por el Instituto Nacional de Estadística (lNE, 2001, 2007, 2010) sobre la población española muestran cómo, desde comienzos del siglo pasado, se produce un incremento constante de la población mayor de 65 años, llegando a establecerse en la actualidad en torno al 18 por ciento de la población española. Sin embargo, el dato más destacado es que las proyecciones realizadas determinan que en el 2060 un 25 por ciento de la población española será mayor de 65 años.

Es importante destacar que una de las características que presentan los estereotipos es su resistencia al cambio (Kunda y Oleson, 1995) y, en el caso de los estereotipos relativos a la edad, hay que añadir el carácter transcultural del fenómeno. Es decir, en la mayoría de las culturas se mantienen creencias similares sobre los mayores. Cuddy, Norton y Fiske (2005), siguiendo el modelo de contenido de los estereotipos, comprobaron que al comparar al grupo de mayores con otros grupos se les atribuía menos rasgos de competencia y más de sociabilidad, y que este resultado, obtenido en Estados Unidos, se replicaba en otros seis países (Bélgica, Costa Rica, Corea del Sur, Hong Kong, Japón e Israel).

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