8.3. Sustrato neural del procesamiento emocional

Circuito de Papez completado por MacLean: De esta propuesta partieron las ideas sobre las bases neurales del procesamiento emocional. Acuñó el término de sistema límbico, que incluye estructuras como el hipotálamo, el tálamo anterior, el giro cingulado, el hipocampo, la amígdala y la corteza orbitofrontal. Idea de que este circuito estaba dedicado al procesamiento emocional. Actualmente no se puede mantener la existencia de un circuito único y general  para el procesamiento emocional. Posteriormente se ha demostrado que el hipocampo juega un papel primordial en la memoria y no así en la emoción. Los datos más consistentes actuales son los que implican a la amígdala en el aprendizaje y la memoria emocional implícitos, y a la corteza orbitofrontal en la toma de decisiones sociales.

La amígdala, el aprendizaje emocional y la memoria emocional implícitos

La amígdala está implicada en los procesos emocionales implícitos inconscientes. Es una estructura pequeña que se localiza en la parte medial de los lóbulos temporales, estando implicada de forma prioritaria en el aprendizaje y la memoria emocionales, principalmente de estímulo aversivos, que se relacionan por tanto con la emoción de miedo. Estudios de miedo condicionado con animales han demostrado que las lesiones de la amígdala no afectan a la respuesta incondicionada innata al estímulo incondicionado, que depende de otras estructuras, pero bloquean específicamente las respuestas condicionadas al miedo, impidiendo que se produzca el aprendizaje del miedo condicionado.

El hecho de que no participe en las respuestas a un estímulo aversivo natural, indica que la amígdala, está implicada en la asignación de un significado emocional negativo como el miedo a estímulos inicialmente neutros. Este aprendizaje emocional no requiere la participación de la neocorteza ya que depende de una vía subcortical que transmite de manera rápida y automática información sensorial directamente desde el tálamo a la amígdala. Esta vía directa tálamo-amígdala, explica la producción de respuestas emocionales automáticas a los estímulos que indican peligro de manera inconsciente. El tipo de aprendizaje emocional en el que participa (probado también con humanos) es implícito. También es una estructura fundamental en la formación de memorias emocionales implícitas, lo que podría explicar el hecho frecuente de que se puede sentir miedo en situaciones concretas sin saber por qué está producido.

El hipocampo es la estructura clave para formación de memorias declarativas. Los recuerdos de situaciones emocionales resisten mucho más al olvido. Esto es así porque, aunque no participa directamente en la memoria declarativa, la amígdala modula la actividad del hipocampo a través del incremento del arousal o activación del cerebro, y este incremento afecta al hipocampo, facilitando la consolidación de los recuerdos emocionales explícitos. También participa en el reconocimiento de expresiones faciales de miedo, aunque sean presentaciones subliminales.

La corteza orbitofrontal y la regulación social de las emociones

Se localiza en la región basal del lóbulo frontal, justo encima de la órbita de los ojos. La investigación sistemática de pacientes con daño en la corteza orbitofrontal proponen que las alteraciones que sufren se deben a un fallo en el procesamiento emocional que les impide establecer metas personales en su vida y tomar decisiones adecuadas en situaciones sociales. Una de las descripciones que ayudaron a entender algunos aspectos de lo que ocurría a estos pacientes se basa en lo que se denomino “Conducta de utilización” que se refiere a una excesiva dependencia de las señales perceptivas del momento, que arrastran su comportamiento; así imitan cualquier conducta, usan los objetos presentes de un modo automático e irreflexivo, y no establecen metas que les sirvan de guía. Es característico de estos pacientes que no se preocupen por sí mismos ni por su futuro y que no tengan conciencia de sus problemas. Damasio ha resaltado la profunda disociación entre la toma de decisiones en abstracto (pruebas de laboratorio) que realizan correctamente, y los problemas dramáticos que tienen en la toma de decisiones importantes en su vida personal y social.

A partir de observaciones en estos pacientes propone la hipótesis del marcador somático, que se basa en la importancia que tiene el procesamiento emocional en la toma de decisiones. El marcador consiste en sensaciones corporales ligadas a las reacciones fisiológicas que producen cambios globales en todo el organismo. Estos cambios son los que constituyen propiamente las emociones y se representan como sentimientos en dos conjuntos de estructuras cerebrales. Se postula que la toma de decisiones se ve afectada por las emociones del momento y las memorias afectivas asociadas, que guían la toma de decisiones, permitiendo anticipar las consecuencias afectivas de las distintas opciones de un modo automático (no consciente).

Lateralización hemisférica y procesamiento emocional

Se han propuesto fundamentalmente dos hipótesis:

  1. Dominancia del hemisferio derecho: El hemisferio derecho está especializado de forma general en el procesamiento emocional. Hay numerosos datos que apoyan esta hipótesis, tanto en el reconocimiento del significado emocional de las expresiones emocionales faciales como en el de la prosodia. También en la producción de expresiones faciales emocionales, hay datos que apuntan a que el lado izquierdo de la cara es más expresivo que el derecho, lo que sugiere que el hemisferio derecho es superior en el control de los músculos faciales responsables de la expresión emocional. El hemisferio derecho estaría implicado en la respuesta de arousal en mayor medida que el izquierdo, pudiendo tener una mayor comunicación con el sistema de activación reticular. También se ha apuntado que el hemisferio izquierdo inhibiría al hemisferio derecho.

  2. Hipótesis de la valencia: Cada unos de los hemisferios está especializado en el procesamiento de valencias emocionales distintas. Presupone que el hemisferio derecho (especialmente el lóbulo frontal) media principalmente las emociones con valencia negativa, mientras que el lóbulo frontal izquierdo (hemisferio izquierdo) media principalmente en la emoción con valencia positiva. Así al anestesiar el hemisferio derecho se asocia con estados de euforia, mientras que el HI se asocia con  reacciones catastróficas. Esta hipótesis está en la base de los trabajos de Davidson sobre diferencias individuales en el estilo afectivo. Parte de la propuesta de que existen dos circuitos cerebrales básicos distintos, uno que media las conductas de aproximación, relacionadas con los afectos positivos, y otro que media las conductas de retirada, relacionada con los negativos. Tras estudiar los niveles basales de actividad electroencefalografica, encontraron grandes diferencias en los niveles de activación prefrontal de cada hemisferio: así los sujetos con mayor activación prefrontal izquierda indican más afectos positivos y los que tienen mayor activación basal prefrontal derecha describen más afectos negativos.