5.2. Dificultades del término y componentes de la atención

La atención no es un proceso único y unitario, sino el nombre dado a una serie limitada de procesos que pueden interactuar mutuamente y con otros subprocesos atencionales, durante el desarrollo de las tareas perceptivas, cognitivas y motoras. La atención debe ser considerada como un sistema complejo de subprocesos específicos, a través de los cuales se controla la orientación, el procesamiento de la información, la toma de decisiones y la conducta.

Para delimitar mejor qué es la atención LaBerge (1995) propone una aproximación que primero fija los objetivos que cumple un sistema atencional y los beneficios, y después, muestra los mecanismos que aporta este sistema. Así señala que la atención cumple tres objetivos, que a su vez, permiten obtener tres beneficios: precisión, rapidez y continuidad.

La precisión se refiere a la selección del estímulo relevante de todo el flujo de información entrante desde el entorno, especialmente en situaciones de conflicto, afectando también a la selección correcta de un programa de acción.

La rapidez para detectar un estímulo que está siendo esperado es mayor que si el estímulo se presenta de forma inesperada; igual sucede si el estímulo está siendo atendido, estando por tanto este proceso muy ligado a mecanismos preparatorios.

La continuidad hace referencia a la posibilidad de sostener la atención a estímulos externos o el mantenimiento de determinadas conductas en el tiempo

Existe un cierto acuerdo en la existencia de, al menos, de tres componentes relativamente independientes:

  1. Selección: El más estudiado. El cerebro de los primates ha desarrollado mecanismos de selección para afrontar las limitaciones de capacidad del sistema. Por eso este mecanismo es muy importante para hacer frente a las diversas fuentes de estimulación distractoras del entorno. Mientras para algunos es un proceso facilitatorio, para otros es también inhibitorio. Otros autores discuten si la selección se hace en función de la localización a determinados lugares del entorno o del propio objeto que se está atendiendo.

  2. Vigilancia o atención sostenida: Si la atención selectiva permite conductas dirigidas a metas, la vigilancia asegura que esas metas se mantengan en el tiempo. Hay evidencias de que el componente de selección y el de atención sostenida pudieran  ser procesos opuestos, asegurando así un equilibrio atencional en el organismo. Es decir, cuando más se atiende a un estímulo específico, menos capacidad tenemos para detectar otros que están fuera de aquél, y al revés.

  3. Control: La habilidad para mantener el procesamiento de información en el tiempo con la presencia de distractores implica mantener la conducta dirigida a metas. La actividad puede que tenga que ser detenida temporalmente y luego retomada, puede haber otras actividades paralelas, y en el futuro puede que tengan que llevarse a cabo algunas tareas.