4.2. Electroencefalografía

Los electroencefalogramas (EEG) se registran en pacientes que se consideran con riesgo de padecer trastornos epilépticos y actividad cerebral anómala como consecuencia de tumores cerebrales. También son útiles en niños con convulsiones febriles, malformaciones cerebrales, traumas cerebrales, episodios vasculares y coma.

El EEG no es una prueba idónea para identificar algunos tipos de trastornos epilépticos. A veces, el EEG puede ser normal cuando de hecho existe actividad epiléptica o por el contrario puede parecer anormal cuando no existe dicha actividad.

En algunos casos pueden usarse procedimientos de activación para investigar más minuciosamente anomalías del desarrollo del sistema nervioso. Estos procedimientos incluyen inducción de sueño, privación de sueño, hiperventilación, estimulación con destellos de luz y administración de fármacos. Mediante tales técnicas se puede provocar la actividad epiléptica, que entonces se puede registrar con un EEG.

Existe una variabilidad significativa en los registros EEG de distintos niños. La mayor variabilidad se da en los neonatos.

Al leer e interpretar el EEG se recomienda basarse en la edad mental del niño en vez de en su edad cronológica. Las alteraciones metabólicas pueden repercutir en el EEG y alterarlo de forma que parezca anómalo.

Potenciales provocados 

Un potencial evocado (o provocado) se registra usando electrodos conectados a un microordenador y un amplificador. Los potenciales evocados se registran del mismo modo que el EEG.

Un potencial evocado es una respuesta directa a una estimulación sensorial externa. Se piensa que está relativamente libre de la influencia de procesos corticales superiores. Este tipo de potencial es un método económico y no lesivo para evaluar la integridad de las vías sensitivas. Los PE tienen una amplitud muy baja. Los potenciales evocados auditivos y los visuales presentan patrones específicos.

Potenciales evocados auditivos 

Los potenciales evocados auditivos son medidas de la actividad cerebral que se produce desde el tronco encefálico hasta la corteza. En el tronco del encéfalo se encuentran las vías auditivas que conducen la información a la corteza.

El paradigma usado habitualmente consiste en presentar la estimulación auditiva en forma de tonos y evaluar las respuestas del niño a dicha estimulación.

Se distinguen 3 fases en las respuestas: inicial (0-40 ms), media (41-40 ms) y tardía (> 50 ms).

La fase inicial también se denomina respuesta evocada auditiva troncoencefálica (BAER). Está compuesta por 5-7 ondas que supuestamente corresponden a la actividad de diversos núcleos del tronco encefálico que se encuentran a lo largo de la vía auditiva. Las ondas 6 y 7 no se observan en todos los individuos.

Se considera que la onda 5 es la que tiene mayor importancia diagnóstica para estimar la latencia de respuesta. Parece que se relaciona con la actividad de núcleos situados a nivel de la protuberancia o del mesencéfalo. Es importante no solo para diagnosticar problemas auditivos, sino también para el diagnóstico de la hidrocefalia, el coma y los efectos de las toxinas, entre otros.

La onda 5 también se usa para cartografiar el desarrollo neural en neonatos. A medida que un niño prematuro se desarrolla, la latencia de respuesta a una estimulación auditiva disminuye y se aproxima a la que presentan los bebés nacidos a término, a las 38 semanas de gestación.

La BAER es útil para cartografiar cómo evoluciona un trastorno del SNC.

Potenciales evocados visuales

Un potencial evocado visual es una técnica para evaluar la integridad del sistema visual. Se usan 2 técnicas: una implica usar un destello de luz y otra presenta un panel tipo ajedrez en blanco y negro reversible.

El paradigma de cambio de este patrón proporciona una medida más explicativa de las deficiencias visuales. El paradigma da lugar a 3 picos que ocurren con las siguientes latencias: 70, 100 y 135 ms.

El PEV ayuda a valorar si el sistema visual está indemne en casos de neurofibromatosis. Se encontró que los niños con neurofibromatosis (NF) solían padecer tumores en los nervios ópticos difíciles de detectaren las primeras etapas del desarrollo.

El PEV es un instrumento útil y de bajo coste para la detección sistemática de tumores ópticos en niños, así como para supervisar el desarrollo del sistema visual en niños prematuros.

Potenciales relacionados con eventos 

En contraposición con los potenciales evocados por la estimulación de un órgano sensorial, los potenciales relacionados con eventos (ERP) permiten evaluar los últimos componentes de estos potenciales, los cuales supuestamente se asocian con la cognición, tal como la atención o la discriminación de un estímulo.

Un ERP requiere que el sujeto participe en el proceso de recogida de datos, mientras que en el caso de los PC el sujeto permanece pasivo. Los ERP se registran del mismo modo de que los PE y el EEG, mediante electrodos, amplificadores y un ordenador.

Los ERP están compuestos por ondas complejas que incluyen varios componentes. Éstos se pueden medir por la amplitud (tamaño de la onda) y la latencia (tiempo desde que aparece el estímulo). Algunos componentes son exógenos (respuestas automáticas a los estímulos) y otros son endógenos (provocados por las características psicológicas de los estímulos). Los ERP endógenos reflejan los procesos cognitivos.

Dislexia

En el estudio de las dificultades de aprendizaje se usan técnicas electrofisiológicas. Los ERP se han usado mucho en el estudio de los procesos auditivos y visuales y en el de capacidad de lectura.

Existen diferentes pautas de activación en el cerebro de niños con dificultades de aprendizaje (DDA) en comparación con el de niños de grupos de control. Un componente que interesa es la onda P3 o P300, onda positiva que ocurre 300 ms después de la aparición del estímulo y que se suele usar en estudios sobre DDA.

La onda P3 es un índice del significado que el sujeto ha atribuido al estímulo. Requiere un procesamiento consciente y por tanto depende de la atención.

Otro componente que se ha estudiado en poblaciones con DDA es la N4 o N400, onda negativa que ocurre 400 ms después de que se presente el estímulo. Se cree que la N4 refleja el procesamiento de información semántica y fonológica. Los estudios de niños con problemas de lectura han encontrado que presentan un déficit del procesamiento fonológico.

Los 2 componentes precedentes implican procesamiento consciente. Por el contrario, la onda N200, que tiene lugar 100-250 ms después de la presentación del estímulo, es un componente que evalúa una respuesta automática que no requiere atención.

La N2 también llamada potencial negativo de disparidad dado que es una onda negativa inducida por un estímulo insólito que tiene lugar entre una serie de estímulos habituales. Estos estudios han demostrado que niños y adultos con dificultades de lectura procesan la información auditiva de forma diferente a los lectores normales.

Este potencial negativo de disparidad ante el cambio de estímulo está atenuado en sujetos con dificultades de aprendizaje, lo que indica deficiencias en el procesamiento auditivo a un nivel inferior o preliminar de procesamiento. Esta anomalía fisiológica se relaciona asimismo con deficiencias fonológicas.

Se ha observado que en los niños con dislexia la amplitud de las ondas ante palabras, estímulos auditivos y en tareas de emparejamiento de forma y sonido es menor. Quienes padecen dislexia son menos eficaces para procesar material auditivo y su rendimiento es similar al de niños mucho más pequeños.

Uno de los rasgos de la dislexia se basa en la diferencia en las respuestas de los potenciales evocados visuales. Existen diferencias en el núcleo geniculado lateral del tálamo (estructura importante para percibir la información visual).

Poca o ninguna atención se ha prestado a los subtipos de dificultades de lectura. Además del problema de la identificación de subtipos también resulta problemático de dónde procede la muestra para estudiar la dislexia.

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad 

Los ERP han resultado útiles en el caso de niños con TDAH. Las dificultades para mantener la atención pueden hacer que estos niños respondan más lentamente y de forma variable y que cometan más errores cuando se les presenta un estímulo.

Las dificultades de atención selectiva pueden hacer que los niños no respondan a estímulos significativos. Se han usado ERP para evaluar la atención sostenida y la atención selectiva.

Uno de los componentes de la atención sostenida estudiado en niños con TDAH es el componente P3b que es una onda positiva tardía que tiene una latencia de 300-800 ms y cuya máxima expresión se registra en la región parietal de la corteza cerebral. La amplitud de la onda P3b puede aumentar al dirigir la atención a características novedosas del estímulo que aparecen con baja probabilidad.

La amplitud de la P3b es menor en los niños con TDAH tanto ante estímulos frecuentes como ante estímulos esporádicos, mientras que en los niños que se desarrollan normalmente la tendencia a distraerse va disminuyendo desde la infancia a la edad adulta.

La disminución de la onda P3b puede reflejar una alteración cognitiva más que una característica distintiva del trastorno por déficit de atención.

La administración de fármacos estimulantes aumenta la amplitud de la onda P3b en niños diagnosticados de TDAH. En grupos con TDAH se observa una disminución de la amplitud de la onda N200. Se ha hallado una disminución selectiva de una “onda positiva tardía ante el fallo de la inhibición de la respuesta” en los niños con TDAH. Estos efectos fueron independientes del sexo y la edad.

Potencial negativo de disparidad (PND)

El potencial negativo de disparidad (PND) se cree que refleja los mecanismos básicos del cambio automático de atención ante los cambios de estímulo sin que haya atención consciente. El PND es la diferencia en la amplitud de N200 al comparar estímulos diana extraños y estímulos no diana.

Puesto que se considera que el componente PND es automático, esto puede indicar que refleja “estar listo” para prestar atención.

En los niños con TDAH se suele observar una atenuación de la amplitud de N2 en comparación con niños sin TDAH. Estos hallazgos reflejan una atención selectiva deficiente en los niños con TDAH, en particular cuando se les pide que ignoren series de estímulos. Cuando se presenta tan solo una única dimensión de un estímulo diana y la atención selectiva no está tan sobrecargada, dichas diferencias dejan de ocurrir.

Conclusiones: Se han encontrado diferencias en las ondas cerebrales en tareas de atención selectiva y sostenida en niños con TDAH, particularmente cuando se usan tareas complejas. Los subtipos pueden diferir en la actividad eléctrica cerebral, siendo los niños con TDAH sin síntomas de hiperactividad los que muestran la mayor diferencia de amplitud respecto a los sujetos de los grupos de control. Los niños con TDAH sin hiperactividad tienen una respuesta mayor de lo normal ante estímulos poco frecuentes, lo cual podría interpretarse como que reaccionan excesivamente ante los estímulos novedosos. Además, estos niños encuentran extremadamente difícil desatender estímulos o inhibir la respuesta ante estos sucesos inesperados.

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