20.4. El papel de los lóbulos frontales

Hiperactividad y arousal

La neuropsicología de la atención y del arousal se hallan en su infancia dicen Denckla y Heilman 1979. El modelo de Sokolov propone dos etapas:

  1. Una en la que el córtex es responsable del análisis del estímulo respecto a novedad versus familiaridad o su significado versus falta de significación.

  2. Otra etapa en la que el sistema reticular activado desde el córtex es responsable del arousal o activación.

Las áreas de córtex que aparecen más importantes para la atención son las areas de asociación, secundarias y terciarias, siendo estas las últimas en alcanzar la maduración, con mayor lentitud en niños que en niñas. Se puede suponer un mal funcionamiento de estas áreas en caso de niños hiperactivos.

El concepto de arousal admite varios significados. Arousal comportamental para significar lo mismo que nivel de actividad. Arousal cortical es la activación de las neuronas corticales a través del sistema activador reticular del cerebro. Este arousal fisiológico también incluye el arousal o activación autónoma, igualmente mediada por el SAR.

Las técnica de neuroimagen funcional han permitido que muchas tareas cognitivas sean analizadas en términos de las áreas del cerebro por ellas activadas. La función de alerta de la atención depende de un sistema de redes, cuya anatomía incluye la región frontal, el córtex parietal posterior y el tálamo.

Se han propuesto diferentes estructuras del encéfalo como asiento de disfunciones en el TDAH: el hipotálamo, el sistema límbico, el sistema de activación reticular, el cuerpo calloso y los lóbulos frontales... De todas las estructuras cerebrales han suscitado un interés especial las áreas frontal y fronto-límbica. Se ha hallado que los niños con TDAH tienen menores niveles de flujo sanguíneo, de consumo de glucosa y de actividad encefalográfica en los lóbulos frontales. Algunas pruebas neuropsicológicas indican una implicación del lóbulo frontal: deficiencias en la inhibición de respuestas motoras, función atribuida a los lóbulos frontales y a sus conexiones con áreas subcorticales.

Los neurotransmisores sobre los que se ha hecho un mayor hincapié han sido la norepinefrina, la dopamina y la serotonina. Un enfoque ha consistido en examinar los niveles de los neurotransmisores o sus metabolitos en plasma sanguíneo, en el líquido cefalorraquídeo y otras partes de cuerpo. No se han hallado de forma consistente diferencias entre los niños con TDAH y los de control.

Otro enfoque ha estudiado los efectos conductuales de determinados fármacos que influyen sobre los neurotransmisores: el mejor conjunto de pruebas implican a la norepinefrina y a la dopamina, neurotransmisores que se consideran importantes para el funcionamiento de las áreas frontales y límbicas del cerebro. Los neurotransmisores deben afectar de alguna forma al comportamiento, pero también puede suceder lo contrario.

Los niños con TDAH muestran anomalías en las respuestas electrofisiológicas. Una minoría apreciable tiene un EEG anormal, lo que se ha interpretado como un retraso en la maduración del SN. La tasa cardíaca, conductancia de la piel y la reacción cerebral a la estimulación indican una reacciones disminuidas, por lo que parece que el TDAH se caracteriza por una activación inferior a la normal. Si esto es cierto, los niños con TDAH podrían ser excesivamente activos con el fin de conseguir activación. Sin embargo estos resultados también están presentes en los trastornos del aprendizaje, que con frecuencia son comórbidos con el TDAH.

Regulación verbal de la motricidad

Los estadios sucesivos del desarrollo de la función del lenguaje nos muestran, entre los cuatro años y medio, a los niños captando con facilidad el significado de instrucciones verbales muy complicadas, del tipo aprieta, en respuesta a una señal y no lo hagas, ante otras de señal diferente.

Son los lóbulos frontales los que tienen una importancia, decisiva para garantizar la función reguladora del lenguaje y, por tanto, la organización de los actos voluntarios. Los mecanismos fisiológicos responsables de esos actos están aún más lejos de ser descubiertos. Esos mecanismos maduran en el niño normal hacia los cuatro años.

Esta función reguladora (pragmática) del habla, se halla implicada en las funciones superiores de la psicología: se vincula con la intención consciente de la acción y con la regulación del SAR por el córtex.

Dentro de la pluralidad funcional de los lóbulos frontales, destacan tres hechos neuroanatómicos que van siendo cada vez mejor conocidos:

  1. La riqueza de conexiones aferentes y eferentes con diversas estructuras no específicas del cerebro: tálamo, región hipotalámica y formación reticular del mesencéfalo.

  2. Las numerosas vías de comunicación que unen el córtex prefrontal con otras regiones del córtex.

  3. El córtex prefrontal del hombre posee áreas especializadas en el control de la actividad del sistema del habla.

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