Psicología social y obesidad

En los últimos años, los estudios de prevalencia de la obesidad han puesto de mani­fiesto la elevada incidencia de esta enfermedad en los países occidentales industrializados. Para comprender la magnitud que está adquiriendo este fenómeno, se aportan datos acerca del porcentaje de personas obesas en tres de los países económicamente más poderosos:

  • En Canadá, el 23,1% de la población adulta es obesa.
  • En Reino Unido, el 22% de la población es obesa.
  • En Estados Unidos, el 32% de la población es obesa.

Por desgracia, en España a pesar de no ser tan elevadas, las tasas son igualmente preo­cupantes. Debido a estos datos, en la actualidad la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI (Moreno, 2000).

Estas tasas tan elevadas han acabado por convertir la obesidad en un problema social.

Así, más allá de la idea de que la obesidad es una cuestión meramente individual y completamente controlable por la persona (que, como se comprobará más adelante, es una de las causas de que el prejuicio hacia las personas obesas esté tan extendido), es importante se­ñalar que, si queremos atajar una situación tan indeseable como la actual, parece necesario que se implique el mayor número de estamen­tos sociales posibles. En España, en el año 2005 comenzó la Estrategia NAOS, las autoridades sanitarias asumieron que las tasas de obesidad tan elevadas que existían en nuestro país no se debían tan solo a variables puramente individuales, sino que estas estaban muy influidas por variables sociales sobre las cuales hay que intervenir para lograr una reducción significativa de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. En este sentido, la psicología social tiene un papel más que importante.

Uno de principales papeles que debe asumir la psicología social es el de convertirse en la abanderada de la lucha contra los estereotipos hacia las personas obesas. Una de las consecuencias sociales más graves que han de afrontar las personas obesas es la exclusión social producida por su peso. Debido a la imagen tan negativa que se tiene de las personas con sobrepeso, las prácticas de discriminación son muy comunes en este colectivo. Si el lector es cinefilo, probablemente conozca la estupenda película Still Walking, dirigida por el japonés Hirozaku Koreeda en el año 2008.

Esta película es tan solo un ejemplo, pero refleja bastante bien la concepción tan negativa que se tiene de la persona obesa y que acaba produciendo graves problemas de discriminación en los miembros de este colectivo. Representaciones de este estilo o peores son habituales en películas, libros, series de televisión y noticias de prensa, y están fuertemente relacionadas con las actitudes negativas que mantiene la población general. En este capítulo se describe que es posible mejorar la imagen que se tiene de las personas obesas gracias a la aplicación de los conocimientos de la psicología social.

La psicología social, además de ayudar a cambiar la percepción social de la persona obesa, también desempeña un papel fundamental en la mejora del trato que se ofrece en la actualidad a las personas con exceso de peso.

Como se describe en los siguientes apartados, el apoyo social de que dispone el paciente es un elemento clave para lograr que la per­sona obesa consiga reducir su peso. Numero­sas investigaciones ponen de manifiesto que la red de personas a las cuales puede acudir una persona en tratamiento es fundamental para explicar el éxito o el fracaso en la reducción de peso. Piénsese, por ejemplo, en la pe­lícula Monster's Ball del año 2001 dirigida por el alemán Marc Forster.

Esta película ejemplifica a la perfección cómo en muchas ocasiones la familia más cercana no solo no ayuda a la persona obesa para que esta pierda peso, sino que, incluso, entorpece y dificulta sobremanera ese intento. Por tanto, será también labor de la psicología social fomentar el apoyo de la fa­milia, amigos y compañeros de trabajo (lo que se conoce como apoyo social) para lograr mayor éxito terapéutico de los diversos tratamientos que existen para perder peso.