Enfrentando los efectos adversos del envejecimiento social

En este apartado se tratarán diferentes reacciones de los mayores cuando se enfrentan a las adversidades del envejecimiento en la sociedad. En primer lugar se presentarán las respuestas que desarrollan las personas cuando se enfrentan a las amenazas que producen las creencias y estereotipos y, a continuación, las respuestas más habituales en condiciones normales, es decir, las que están orientadas directamente a continuar el desarrollo y a tener una buena vida.

Estrategias basadas en las teorías de la comparación social

Para identificar las formas en que las personas mayores se protegen de las amenazas que producen los aspectos negativos de este período de la vida, es útil tener en cuenta que las adversidades se producen a lo largo de todo el ciclo vital y, por lo tanto, las personas ya han tenido que enfrentarse y protegerse de sus consecuencias. De este modo, debe recordarse que la importancia de los trabajos que confirman las amenazas a la identidad, y a la estima que esta identidad proporciona, producen una variedad de reacciones motivadas por la necesidad de recuperar una valoración positiva.

Como se ha descrito anteriormente, la necesidad de desarrollar una identidad social positiva, en el caso de las personas de mayor edad, está seriamente comprometida. Ante esta situación en que claramente la edad avanzada se considera como poco deseable, las personas deben ser capaces de desarrollar algún tipo de estrategia que les permita mantener una imagen positiva de sí mismos a pesar de ser conocedores de los estereotipos y de las actitudes negativas que despierta el envejecimiento.

Diversas teorías que analizan las relaciones intergrupales han sugerido que las personas de cualquier edad tienden a mantener una identidad positiva. No obstante, los recordatorios de la edad les anticipan o confirman su pertenencia a un grupo de edad devaluado.

En estas condiciones, las personas desarrollan estrategias que les permiten recuperar la autoestima dañada. Debe insistirse en que estas estrategias no son exclusivas de este período de la vida ni de este grupo de personas, sino que algunas de las estrategias se utilizan cuando la autoestima social está amenazada. Son, por tanto, estrategias exitosas para mejorar el bienestar y adaptarse a las relaciones sociales de la vida cotidiana. En este caso, se señalan las estrategias que se han relacionado con el logro de una alta autoestima y percepción de bienestar.

Demorar la autocategorización social

Esta es la estrategia que se suele utilizar en las personas de mediana edad y en las fases iniciales de la edad avanzada. Esta estrategia consiste en retrasar su autocategorización como miembro del grupo de edad avanzada.

Se manifiesta claramente cuando se comprueba que, a medida que la persona va cumpliendo años, tiende a desplazar el punto de corte a partir del cual considera que comienza la edad avanzada. Para estudiar esta cuestión, Williams y Garrett (2002) realizaron un estudio con participantes de edades comprendidas entre los 20 y los 59 años. En el estudio se confirma que existe un elevado acuerdo entre los participantes respecto a los intervalos de edad que abarcan la adolescencia y la edad de adulto joven (desde los 12 hasta los 17 y desde los 18 hasta los 26, respectivamente). En cambio, cuando se planteaban el inicio de la mediana edad y de la edad avanzada, los resultados variaban en función de la edad de los participantes.

Concretamente, los más jóvenes (edades comprendidas entre los 20 y los 29 años) consideraban que la mediana edad abarcaba desde los 37 hasta los 54 años. En cambio, las personas de más edad (personas con edades entre 40 y 54 años) marcaron el intervalo comprendido entre los 41 y los 57 años. También se encontraron diferencias en el intervalo referido a los adultos de mayor edad. Los participantes más jóvenes consideraban que este período empezaba a los 62. En cambio, el grupo de mayores lo fijó en los 66 años.

Respecto a la edad autopercibida, también hay estudios que han constatado que a medida que las personas van cumpliendo años, tienden a percibir mayores diferencias entre la edad que dicen sentir en su interior y la edad cronológica. Esto refleja que evitan la identificación con el grupo de los mayores.

Desarrollo de visiones optimistas de sí mismos respecto a otros (optimismo ilusorio relativo)

Heckhausen y Krueger (1993) realizaron un estudio con personas de diferentes edades, en el cual se solicitaba información acerca de los aspectos valorados socialmente, tanto pensando en sí mismo como pensando en el resto de las personas de su mismo grupo de edad.

En este estudio, solo el grupo de personas mayores de 60 años respondió de forma diferente para sí mismo y para los otros de su grupo de edad. La diferencia era favorable para sí mismos de forma que consideraron que ellos mismos perderían sus cualidades positivas más lentamente que el resto y que tardarían más en desarrollar las negativas. Este patrón de respuesta se denomina autoensalzamiento del yo, que se puede interpretar como una reacción ante la amenaza a la autoestima provocada por la pertenencia al grupo de mayores.

Construir una imagen positiva respecto a otros es una forma de superar la amenaza. Las personas de edad avanzada se perciben a sí mismas de forma mucho más favorable (que el resto de las personas de su mismo grupo de edad) en una amplia variedad de dimensiones; entre otras, la soledad, los problemas financieros y el estado de salud (O'Gorman, 1980).

Desarrollo de las visiones optimistas absolutas del propio proceso de envejecimiento (optimismo ilusorio absoluto)

Taylor y Brown (1988) argumentaron que las personas desarrollan visiones optimistas acerca de su futuro. Las visiones positivas lle­ van a exagerar las expectativas de control respecto a sí mismo y a su futuro. Hay que señalar que este mecanismo es muy importante para enfrentarse a las incertidumbres de la vida, especialmente cuando hay mayor vulnerabilidad, por ejemplo, a padecer alteraciones de la salud.

La diferencia entre estas reacciones y las precedentes consiste en que, en este caso, la imagen positiva de sí mismo se construye sin recurrir a la comparación con otros, es decir, se trata de un optimismo absoluto. En cambio, en el caso previo, se trata de un optimismo relativo. Finalmente, hay que señalar que el optimismo permite adaptarse a la vida cotidiana con menos estrés y angustia, y su ausencia se relaciona con síntomas de depresión y ansiedad.

Comparaciones sociales asimétricas

Taylor y Lobel (199) sugieren que hay dos tipos de comparaciones con otros similares.

Por un lado, las que se realizan respecto a otras personas similares, pero que se encuentran en peores condiciones (comparaciones hacia abajo), y por el otro, las comparaciones con personas similares que se encuentran en mejores condiciones que uno mismo (comparaciones hacia arriba). Unas y otras, al parecer, sirven a distintas necesidades de las personas de mayor edad. Las comparaciones hacia abajo pueden servir para regular el afecto negativo que produce el temor a padecer un deterioro o ante una amenaza que representa un empeoramiento objetivo de la propia situación o estado. Estas comparaciones mejoran la autoestima en virtud del estándar de comparación que establece, que se encuentra por debajo del propio. En estos casos, el resultado está asegurado, la reevaluación positiva de la propia situación está garantizada.

Respecto a las comparaciones hacia arriba, también pueden satisfacer la necesidad de recuperar la autoestima o el sentimiento de bienestar, pero serán eficaces cuando la situación amenazante se pueda solucionar o se pueda mejorar de alguna forma. La eficacia de esta forma de comparación reside en el hecho de que aporta información útil para solucionar el problema y en que aporta esperanza y mo­tivación para enfrentarse a la situación que provoca malestar.

Si se tienen en cuenta estas dos formas de comparación, las personas de edad avanzada que se enfrentan a dificultades o pérdidas irreversibles relacionadas directamente con el envejecimiento físico, preferirán las comparaciones hacia abajo para lograr una reubicación simbólica más satisfactoria de su propia situación. En cambio, las comparaciones hacia arriba producirán malestar, ya que, al padecer una mala situación, que es irreversible, no pueden hacer nada por cambiar su mala situación y este tipo de comparación solo serviría para confirmar que su situación es tan mala como pensaban al mismo tiempo que no les proporcionaría forma alguna de manejar el malestar y el temor que les produce. En cambio, cuando las dificultades que padecen los mayores no se pueden atribuir a la edad, cabe la posibilidad de que sean pérdidas o amenazas reversibles y, por tanto, preferirán las comparaciones hacia arriba para mejorar así sus expectativas y su esperanza de recuperación.