Consideraciones previas

El accidente en el túnel del Mont Blanc, en 1999, es un acontecimiento que marca un hito histórico en el análisis de los factores psicosociales que deben tenerse en cuenta en este tipo de espacios cerrados y que puso de manifiesto el desconocimiento de la conducta humana en estas infraestructuras. A este siniestro le sucedieron, el mismo año, el de Tauern y dos años después el de San Gotardo.

Cuando se analizan las repercusiones de estos sucesos, es importante mencionar que en España, en 2008, murieron 3.021 personas por accidentes de tráfico (Observatorio Nacional de Seguridad Vial, 2010). La importancia de este dato consiste en que, a pesar del elevado número de víctimas, el impacto social y mediático es muy inferior al que produjeron los accidentes. Uno de los posibles motivos es el hecho de que los accidentes que se enumeran en dicha tabla sucedieron en un espacio cerrado, con escasas o nulas posibilidades de comunicación con el exterior y donde existía un peligro inminente para la vida. Algunas de estas características son antecedentes de la temida, aunque infrecuente, reacción de pánico.

En definitiva, son sucesos con un elevado impacto mediático que no dejan indiferente a la opinión pública y que repercuten sobre el control percibido. Esta percepción está influida por los sesgos cognitivos.