Dimensión psicosocial del espectáculo deportivo

Actualmente, el deporte es uno de los entretenimientos preferidos a nivel mundial. La televisión es, quizás, el medio de comunicación de masas que más ha favorecido su difusión y popularización, con lo que ha adquirido así un estatus privilegiado dentro de la cultura contemporánea. En las sociedades actuales, el deporte espectáculo monopoliza, en muchos casos, nuestro tiempo de ocio.

La popularización del deporte ha traído consigo un aumento extraordinario de espectadores que, desde su hogar o desde el mismo recinto donde tiene lugar el evento deportivo, apoyan a sus equipos o atletas preferidos. Estos espectadores sufren o se alegran con la actuación de su equipo, pero no asumen un rol pasivo únicamente. Los espectadores son un factor de influencia relevante en la actuación deportiva, tal y como se describe a continuación. En este sentido y debido a la alarma social que despierta, se prestará especial atención a la violencia que se desata entre los espectadores deportivos.

Fans y espectadores deportivos

A pesar de que algunos autores han utilizado los términos fan y espectador de manera indistinta, parece conveniente que se establezca una diferenciación entre ambos. Así, la diferencia esencial se encuentra, al parecer, en el grado de devoción por el jugador o por el equipo. Mientras que los espectadores asisten a un espectáculo deportivo o lo ven desde sus casas, los fans, además, atribuyen un especial significado emocional a su afiliación con el jugador o con el equipo de forma que uno u otro son elementos centrales de su identidad. Por tanto, un espectador no es necesariamente un fan. Los fans son seguidores entusiastas que consagran una parte importante de su tiempo al equipo o jugador con el cual se identifican.

No todos los fans se identifican con un jugador o equipo por las mismas razones y, además, presentan diferentes patrones motivacionales en función del deporte que siguen. En una investigación de Wann, Grieve, Zapalac y Pease (2008) se exploraron las diversas motivaciones de los fans (ej. entretenimiento, motivos estéticos, afiliación, etc.) en tres dimensiones de comparación: deportes individuales (ej. boxeo, tenis, etc.) frente a deportes de equipo (ej. baloncesto, hockey, etc.), deportes agresivos (ej. fútbol americano, boxeo, etc.) frente a deportes no agresivos (gimnasia, golf, etc.) y deportes estilísticos (ej. patinaje artístico, gimnasia, etc.) frente a deportes no estilísticos (ej. fútbol americano, baloncesto, etc.). La motivación estética resultó ser la más importante para explicar la preferencia por los deportes individuales, no agresivos y estilísticos. En cambio, el entretenimiento y la afiliación grupal son motivos que impulsan el gusto por los deportes de equipo, agresivos y no estilísticos.

La formación de la identidad de fan comienza con la socialización que se desarrolla desde la infancia gracias a la familia y los amigos. En el caso de los fans que se encuentran identificados con su equipo, la derrota o la victoria afectan a su autoestima. Para protegerla, pueden utilizar distintas estrategias de autopresentación: disminuyen la distancia entre ellos mismos y su equipo cuando este gana y aumentan la distancia cuando perciben un fracaso (Wann y Branscombe, 1991). Estos dos procesos se denominan respectivamente brillar con la gloria ajena (basking in reflected glory) y distanciarse del fracaso ajeno (cutting off reflected failure). Reducir la distancia con el equipo implica incrementar la asociación con él, por ejemplo, luciendo bufandas o camisetas identificativas o presentándose a uno mismo como hincha del equipo.

Sin embargo, los hinchas más acérrimos tienden a mantener su asociación con el equipo aun cuando los resultados no sean satisfactorios. Ello se debe al grado de identificación con el equipo de tal manera que las personas con alta identificación muestran mayor tendencia a asociarse con su equipo cuando gana y menor tendencia a alejarse de él cuando pierde que las personas con baja identificación (Wann y Branscombe, 1991). Para los aficionados poco identificados, la asociación con un equipo perdedor representa una vergüenza; en cambio, para los fans más identificados la afiliación con el equipo es una parte importante de su autoconcepto, a la cual no pueden renunciar.

Influencia del público en la actuación deportiva

Los estudios sobre esta cuestión se han centrado en la ventaja de jugar en casa, operacionalizada como el grado en que las victorias en el propio campo exceden el 50% de todos los partidos ganados a lo largo de la temporada (Schwartz y Barsky, 1977). La investigación realizada hasta la fecha, al parecer, muestra una interacción entre el lugar donde se disputa el partido y la calidad del equipo o jugador de modo que la ventaja de jugar en casa es especialmente notoria en el caso de los equipos superiores en calidad. Este efecto se ha encontrado en numerosos deportes, como el hockey sobre hielo, el béisbol, el baloncesto o el fútbol (Schwartz y Barsky, 1977). Sin embargo, se tiene poco conocimiento sobre las causas que lo producen. En este sentido, Coumeya y Carrón (1992) proponen cuatro tipos de factores que podrían condicionar el grado de ventaja del equipo local sobre el visitante:

  • Factores relacionados con las multitudes.
  • Factores relacionados con el aprendizaje o la familiaridad.
  • Factores relacionados con los viajes.
  • Factores relacionados con las reglas.

De estos cuatro tipos de factores, la influencia de la multitud es, al parecer, la causa dominante de la ventaja de jugar en terreno propio. En una investigación realizada con jugadores de baloncesto de dos universidades norteamericanas, Greer (1983) estudió el efecto que tenía el comportamiento de la multitud (abucheos) sobre la actuación de los equipos local y visitante en relación con cuatro resultados: la puntuación, las faltas cometidas, las pérdidas de balón y una medida compuesta (la diferencia entre la puntuación y el porcentaje de faltas y pérdidas de balón). Greer encontró que, tras episodios de protestas del público, se producía un patrón consecuente de mejora del equipo local y de deterioro en la efectividad del equipo visitante en los cuatro resultados analizados. El autor ofrecía dos explicaciones para este efecto. Según la primera, la ventaja de jugar en casa podría deberse a un descenso en la efectividad del equipo visitante motivado por la sobreactivación que produciría el ruido de la multitud. Según la segunda explicación, la ventaja de jugar en casa obedecería a un sesgo en las decisiones arbitrales a favor del equipo local, como resultado de la intimidación del público, que dedicaba buena parte de sus protestas a los árbitros.

En relación con esta segunda explicación, Balmer, Nevill y Williams (2003) sostienen que el ruido generado por la multitud tiene mayor influencia sobre los árbitros y jueces que sobre los atletas o equipos competidores. En este estudio compararon diversos eventos deportivos que se celebraron durante los Juegos Olímpicos celebrados entre 1896 y 1996. Estos eventos se dividieron en tres grupos en función del grado de subjetividad asociado con el resultado:

  1. predominantemente objetivos (atletismo y levantamiento de peso),
  2. predominantemente subjetivos (boxeo y gimnasia) y
  3. aquellos que implican decisiones subjetivas (deportes de equipo).

La ventaja de jugar en casa fue notable en el caso de eventos predominantemente subjetivos o que entrañaran decisiones subjetivas. En cambio, al considerar los eventos deportivos predominantemente objetivos, solo encontraron una débil o nula ventaja de jugar en casa. Sobre la base de estos resultados, los autores concluyen que el sistema de arbitraje es un factor clave para comprender la ventaja de jugar en casa.

Tal como se ha descrito, la mayoría de los espectadores que asisten a espectáculos deportivos tratan de animar a su equipo y presionar con abucheos al contrario y a los árbitros.

No obstante, algunos aficionados se muestran dispuestos a traspasar las barreras de la legalidad y el juego limpio. En el siguiente apartado se analizará la violencia en el deporte, que desafortunadamente continúa generando un alto coste social y económico.

Violencia en el deporte

El 29 de mayo de 1985, millones de espectadores contemplaron desde sus televisores el trágico desenlace de la final de la Copa de Europa de fútbol entre el Liverpool F.C. y la Juventus F.C. en el Estadio de Heysel de Bruselas (Bélgica). Treinta y nueve aficionados, seguidores de la Juventus F.C. en su mayoría, fallecieron a consecuencia de una avalancha que se produjo antes del comienzo del partido cuando los hinchas más radicales del Liverpool F.C. comenzaron a lanzar objetos y se abalanzaron sobre los hinchas de la Juventus F.C., situados en la zona contigua. Los aficionados de la Juventus F.C. se acumularon en el fondo de la zona y quedaron aprisionados contra las vallas, que eran fijas y no tenían salidas de emergencia. La dramática situación irritó a los aficionados situados en otras partes del estadio hasta el extremo de que algunos seguidores de ambos equipos se dirigieron a las zonas de la afición rival con el fin de agredirlos.

Gómez (2007) propone que los principales factores psicosociales asociados con la violencia por parte de los aficionados son la pertenencia a grupos radicales, el racismo, la conexión entre violencia y alcohol, y los medios de comunicación. En relación con la pertenencia a grupos radicales, cabe destacar a los hooligans (gamberros), grupos especialmente violentos que actúan en el ámbito futbolístico. Aunque el movimiento hooligan nació en los años sesenta del siglo pasado en Inglaterra, con el paso del tiempo se ha convertido en un fenómeno transnacional que afecta diversos países europeos y sudamericanos.

Para que la rivalidad hooligan subsista y evolucione, es necesario que, al menos, exista un grupo similar, pero opuesto dado que la identidad social se construye en gran medida a partir de las diferencias entre el propio grupo y el exogrupo (Tajfel, 1981). Concretamente, los hooligans exaltan las diferencias entre su propio grupo y el rival mediante dos estrategias (Spaaij, 2006):

  1. Aludiendo a la (de) masculinización (nosotros somos hombres duros y reales y ellos son blandos y maricas).
  2. Aliándose con un club y/o ciudad, con un barrio, con una región o con una filiación étnica, religiosa, nacionalista o política (tenemos que defender nuestro barrio de los rivales y demostrar que somos los más fuertes).

Un componente central de la ideología de buena parte de los grupos de hooligans y otros grupos violentos con área de actuación en el deporte es el racismo. La manifestación más habitual de actitudes racistas por parte de la grada consiste en la emisión de sonidos simiescos o cánticos contra jugadores de otras razas. Durán y Jiménez (2006) sostienen que el racismo en el fútbol se materializa en tres tipos de discriminación:

  1. Instrumental dado que estos actos tratan de desconcentrar a los jugadores contrarios y enfurecer a sus seguidores.
  2. Impulsiva si se genera a partir de la frustración, la inseguridad o el desconocimiento.
  3. Institucional cuando la normativas de las organizaciones deportivas tienen efectos discriminatorios e impiden la participación de las minorías.

La alarma social que provocan los actos racistas y violentos en el deporte ha generado distintas iniciativas que varias instituciones han puesto en marcha. En 2004 se creó el Observatorio de la Violencia, el Racismo y la Intolerancia en el Deporte, órgano consultivo integrado en la Comisión Nacional contra la Violencia en los Espectáculos Deportivos. Los objetivos fundamentales de este organismo son la lucha contra el racismo, la xenofobia, la violencia y la intolerancia en los contextos deportivos. Asimismo, este Observatorio vela por la protección de los valores éticos del deporte y por la defensa de los derechos de los ciudadanos que sean objeto de discriminación en la práctica deportiva.

Asimismo, respecto a la relación entre violencia y alcohol no existe ningún consenso claro entre la comunidad científica. La razón de esa falta de acuerdo podría radicar en el escaso número de investigaciones. De hecho, la mayoría de estos estudios han considerado la influencia del alcohol como un asunto periférico. Por este motivo, aunque algunos autores sugieren que puede agravar el problema de la violencia en el deporte, no se dispone de evidencia empírica que lo corrobore. No obstante, dado que el alcohol reduce la importancia que se concede a las consecuencias de la conducta, entre ellas las derivadas de implicarse en actos violentos, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) recomienda prohibir la venta y el consumo de alcohol en los estadios.

Finalmente, debe considerarse la influencia que los medios de comunicación ejercen sobre la violencia en el deporte. La prensa deportiva dedica un gran espacio a la violencia que se genera entre los aficionados de modo que las acciones violentas son emitidas una y otra vez.

En ocasiones, los medios de comunicación presentan la violencia de los fans de manera dramática y estereotípica que apela a las emociones del espectador más que al pensamiento racional e, incluso, algunos artículos deportivos justifican o exaltan la violencia dentro del terreno de juego y fuera de él. Un ejemplo de ello fue la portada de un periódico peruano, El Bacán, que en vísperas de un enfrentamiento eliminatorio contra Uruguay para el Mundial de Fútbol de Sudáfrica mostró a un jugador de la selección peruana apuntando con una pistola a la camiseta de la selección uruguaya. El titular, además, rezaba así: matar o morir.

En la prensa, los grupos violentos adquieren una notoriedad social que dificulta la solución del problema porque las apariciones en los medios de comunicación les sirven de refuerzo y acaban convirtiéndose en un logro del que pueden presumir. Se establece una relación de interdependencia entre los hinchas violentos y la prensa en la medida en que los primeros reciben atención social con sus actuaciones y los segundos encuentran un espectáculo rentable en ellas (Murphy, Williams y Dunning, 1990).

Propuestas desde la psicología social para reducir la violencia en el deporte

Tal como se ha descrito, la violencia en el deporte se genera, en parte, por causas de naturaleza psicosocial, como la pertenencia a grupos radicales o las actitudes racistas. Por ello, desde la psicología social pueden proponerse varias estrategias para paliar el problema de la violencia en el deporte. Una de ellas sería la aportación de información que desconfirme estereotipos negativos (Gómez, 2007). Los grupos de hinchas radicales normalmente manejan estereotipos extremadamente negativos sobre el grupo rival que promueven la escalada de la violencia entre los grupos. Cualquier acción del grupo contrario se interpreta de manera congruente con los estereotipos previos.

Por ejemplo, si a los hinchas del equipo contrario se les ve como gallinas, cualquier intento suyo por evitar la violencia se interpretará como una muestra de cobardía y no como un acto de responsabilidad y buen juicio. Por ello, como primer paso para evitar cualquier acción violenta, convendría desmontar esos estereotipos para percibir al grupo rival de manera más realista.

Otra estrategia podría basarse en la recategorización (Gaertner y Dovidio, 2000) que ocurre cuando los miembros de dos grupos se definen a sí mismos desde una nueva categoría social común de orden superior. Por ejemplo, para evitar conflictos entre seguidores del Real Madrid y seguidores del Atlético de Madrid podría aludirse a la existencia de una identidad común como madrileños e, incluso, a un nivel superior, como españoles.

En cualquier caso, hay que insistir en que ninguna de estas estrategias puede ser eficaz si se carece de un marco normativo y cultural que censure la conducta violenta y rechace a los violentos.