11.1. Introducción sobre el dolor crónico

1.1. Definición De Dolor Crónico

El dolor es una de las experiencias aversivas más comunes en nuestra vida. Esta vivencia desagradable y molesta, como es conocido, cumple una función biológica adaptativa, ya que nos enseña a identificar aquellos objetos o situaciones que pueden resultar peligrosos para nuestra salud e integridad. Los insólitos casos de analgesia congénita no hacen sino documentar este valor adaptativo del dolor. La incapacidad de estas personas para sentir dolor les impide aprender a discriminar qué cosas pueden hacer o cuáles deben evitar y, en consecuencia, sufren numerosos accidentes a lo largo de su infancia. Además, el hecho de no percibir el dolor como uno de los primeros síntomas de alarma de enfermedad, suele llevarles a buscar ayuda médica cuando el proceso está ya demasiado avanzado.

El dolor sólo cumple esta misión beneficiosa para la integridad del organismo cuando su percepción se produce de forma temporal, en función del daño o la enfermedad, y su remisión depende de la propia curación de éstos. Éste es el tipo de dolor que conocemos como dolor agudo.

Pero cuando el problema de dolor se prolonga mucho más allá de la curación de la enfermedad o herida, o bien aparece y desaparece de forma recurrente sin guardar relación con ninguna causa orgánica conocida, o por el contrario se produce a causa de una patología conocida pero difícil de tratar. Este proceso de cronificación suele coincidir, además, con una disminución en la efectividad de las soluciones médicas o farmacológicas para mitigar el dolor, junto a la aparición e incremento de otros problemas psicológicos como ansiedad y depresión. En estos casos el dolor deja de ser la señal o síntoma de un problema para convertirse en el problema en sí mismo y generar a su vez nuevos problemas. Concretamente, hablamos de dolor crónico cuando éste permanece durante un periodo superior a seis meses y resistente a la terapéutica convencional.

1.2. Prevalencia De Los Problemas De Dolor Crónico

La prevalencia de los diferentes síndromes de dolor crónico en la población general está poco documentada en nuestro país. Un reciente estudio realizado a través de Internet de Francia, Alemania, Italia, Reina Unido y España, arroja una prevalencia del dolor del 8,85%.

En España, no se dispone de estudios epidemiológicos a escala nacional que determinen la prevalencia de los diferentes síndromes de dolor en la población española. Una encuesta telefónica en 5000 hogares ofreció una prevalencia de hasta el 43,2%, localizándose el dolor preferentemente en miembros inferiores (22,7%), dolor de espalda y cervical (21,5%) y cabeza (20,5%).

A pesar de las diferencias encontradas en los trabajos reseñados, posiblemente debidas a la utilización de criterios metodológicos diferentes, es de destacar la gran magnitud que el problema del dolor crónico tiene en las diferentes muestras estudiadas. Otros datos que aparecen de forma consistente en todos los trabajos, aunque con pequeños matices según los estudios y el tipo de dolor, es la mayor ocurrencia de problemas de dolor en las mujeres que en los hombres y su mayor frecuencia entre la población trabajadora.

Además de por su prevalencia, la magnitud del problema del dolor crónico puede inferirse de las consecuencias económicas y sociales que su padecimientos genera. La magnitud de los gastos directos que suponen los problemas de dolor crónico en nuestra sociedad resulta poco menos que imposible de cuantificar. A estas importantes partidas de gastos, habría que añadir los gastos indirectos que representan las pensiones de invalidez o los días de trabajo perdidos a causa del dolor.

Junto a estos graves problemas económicos debe considerarse el impacto que el padecer dolor de forma crónica, tiene sobre el entorno social del sujeto. El sufrir de forma continua o repetitiva una experiencia tan aversiva como es el dolor, condiciona muchas de las actividades de la vida del paciente: sus relaciones familiares, laborales, sociales, el tiempo de ocio, etc. No resulta pues extraño que estos pacientes manifiesten, además del dolor, otra serie de problemas como ansiedad, depresión, abuso de bebidas alcohólicas y tranquilizantes.