Evaluación de los problemas de alimentación infantil

Cuando los padres acuden a consultar con un psicólogo los problemas de alimentación de su hijo lo habitual es que previamente lo hayan hecho ya con el pediatra y que se haya descartado la ocurrencia de cualquier trastorno orgánico que pudiera ser responsable del problema. En el caso de que no se hubiera hecho esta consulta, la primera precaución debe ser pedir que se haga una exploración médica que nos informe del estado de salud del niño y de la posible existencia de alguna alteración gastrointestinal o endocrina que pudiera influir en el desarrollo o mantenimiento del trastorno. Asimismo, en los casos en que los problemas con la alimentación están afectando a la ganancia normal de peso, o incluso estén produciendo una disminución, la intervención psicológica debe hacerse siempre en coordinación con el pediatra, quien establecerá las pautas mínimas de alimentación y recuperación o ganancia de peso.

Las dos estrategias básicas para la evaluación de los problemas de alimentación en la infancia son la entrevista y la observación sistemática. Mediante estas estrategias se pueden conocer los datos necesarios para la evaluación conductual: historia de aparición y evolución del problema; sus principales características (lo que el niño come, o no come, frecuencia de aparición del problema, etc.), situaciones en las que aparece más frecuentemente (antecedentes) y el comportamiento del propio niño y de las personas allegadas ante la aparición del problema (consecuencias), así como todos aquellos datos que puedan estar influyendo, aunque sea indirectamente, en el mantenimiento del problema del niño.

1. Entrevista

La entrevista es la principal estrategia para la recogida inicial de datos.

Normalmente se realiza con los padres, que son los que habitualmente consultan por los problemas del niño y que suelen ser los principales agentes sobre los que descansa toda la intervención. Mediante la entrevista pueden recogerse los primeros datos sobre una serie de aspectos relevantes para la evaluación del problema:

  1. Características del trastorno o problema, tal como es descrito por los padres, ej. comer sólo alimentos triturados; comer demasiado lento; no comer ciertos alimentos; comer sólo algún tipo de alimento, etc. Para cada problema es necesario que se especifiquen los parámetros relevantes; ej. tipo de alimentos que se rechazan, tiempo aproximado que se tarda en comer, número de veces que vomita, etc.
  2. Historia y evolución del problema: desde cuando viene sucediendo el problema y cómo ha sido su evolución a lo largo de los meses o años.
  3. Pauta actual de alimentación del niño: alimentos que ingiere a lo largo de un día normal, especificando tipo de alimentos, cantidad y forma de preparación. Alimentos que come normalmente y alimentos preferidos.
  4. Comportamiento del niño mientras come: si come sentado a la mesa, de pie, paseando, jugando, etc. Autonomía para comer, ej. si usa adecuadamente los cubiertos o le dan la comida troceada, si bebe los líquidos en vaso o todavía en biberón, etc.
  5. Costumbres familiares relacionadas con la comida: horarios de las comidas, si comen todos juntos o el niño solo, normas familiares de comportamiento, si contribuye el niño a poner y quitar la mesa, si toman aperitivos o «picoteos» entre comidas, etc.
  6. Datos del desarrollo alimentario del niño: lactancia (materna/artificial), edad de los principales cambios de alimento y textura (papillas, purés, sólidos, etc.).
  7. Datos de su desarrollo general: peso y talla al nacer, peso y talla actual, edad en que comenzó a andar, comprensión y producción verbal, control de esfínteres, etc.
  8. Preocupaciones y / o alteraciones emocionales que puedan afectar a la alimentación: indagar si existe algún tipo de problema (en casa, en el colegio, con los amigos, etc.) que esté preocupando al niño.
  9. Comportamiento y actitud de los padres ante el problema: información inicial sobre lo que hacen los padres cuando el niño emite el comportamiento problema. Valorar las creencias de los padres sobre lo que sería un comportamiento alimentario normal para la edad de su hijo; actitud hacia el problema del niño; expectativas y motivación para el tratamiento psicológico.

2. Observación y registro

Los datos obtenidos mediante entrevista deben ser completados y contrastados con los conseguidos mediante observación sistemática. Para ello se usa la observación y registro que (normalmente los padres) hacen del comportamiento alimentario del niño y de las conductas con él relacionadas.

En la evaluación del comportamiento alimentario del niño lo usual es que los registros se elaboren de manera individualizada según las características del problema. El único registro que inicialmente suele ser de utilidad, en prácticamente todos los casos, es el diario de alimentación, en el que durante un periodo establecido (al menos durante las primeras semanas), los padres anotan de forma sistemática todos los alimentos que el niño ingiere a lo largo de cada día, en cada una de las comidas regladas (desayuno, recreo, comida, merienda y cena) e incluso si come algo entre horas.

Es conveniente que los padres acuerden con el terapeuta los criterios adecuados para hacer las anotaciones, sobre todo de la forma en que se reseñarán las cantidades de alimento. Cuando el niño es pequeño y todavía toma la leche en biberón, suelen ser más fácil para los padres medir los líquidos, e incluso los alimentos semilíquidos (como la papilla) en ce. Sin embargo, cuando el niño es mayor y toma los líquidos en vaso, puede utilizarse éste como unidad de medida. Para los purés o alimentos semisólidos (p.ej. sopa, lentejas, etc.) puede utilizarse el cazo como medida; para la carne, pescado y otros alimentos sólidos puede anotarse el peso aproximado de la ración, o el número y tamaño de los filetes o rodajas); algunos alimentos sólidos, como las croquetas o empanadillas, al igual que la fruta o los yogures, suelen anotarse en unidades.

Además de la información aportada por el diario de alimentación, es necesario delimitar las variables que se suponga puedan estar funcionalmente relacionadas con el problema del niño. Para ello es conveniente diseñar un registro, adaptado a las peculiaridades del caso, en el que queden reflejados:

  1. los antecedentes, es decir la situación en que sucede el problema;
  2. la descripción concreta del problema, es decir lo que hace el niño; y
  3. las consecuencias, es decir el comportamiento del propio niño y de las personas que conviven con él, ante la ocurrencia del problema.

Este tipo de datos normalmente se escapan a la observación natural del problema por parte de los padres, por lo que es conveniente entrenarles en la consulta, mediante el registro de situaciones que ellos previamente hayan descrito, para que realicen la observación sistemática del problema del niño, cada vez que éste suceda, y cumplimenten el registro lo más pronto posible.

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