Conclusiones sobre los problemas de sueño en la infancia

La revisión de los trabajos recientes en el tratamiento de los trastornos y problemas de sueño en la infancia confirma la predicción que, hace poco más de una década, hiciera Dahl (1999) en el título de su trabajo: «Trastornos pediátricos del sueño: un campo en su infancia (pero creciendo)».

A pesar del amplio crecimiento de las aportaciones en este ámbito, la necesidad de nuevos trabajos de investigación y conceptualización es evidente, tal como ha sido enf a tizado por diferentes expertos (Mindell y cols., 2006). Un ejemplo representativo, que al menos ya ha sido inicialmente reconocido por la American Academy of Sleep Medicine (2005), es la necesidad de adecuar los criterios clasificatorios diagnósticos al ámbito infantil, así como la consideración de aquellas características que son diferentes y exclusivas de los trastornos y problemas del sueño en la infancia.

En el ámbito del tratamiento el panorama es bastante más esperanzador, como se señala en dos revisiones recientes (ej. Kuhn y Elliot, 2003; Mindell y cols., 2006), aunque evidentemente queden todavía muchos aspectos que requieran nuevas investigaciones. Por ejemplo, existe un amplio número de estrategias que, estando empíricamente validadas para el tratamiento de los trastornos del sueño en adultos, aún no han sido adecuadamente investigadas en el ámbito infantil. Ejemplos representativos de esta situación son el uso de la relajación o de la técnica de control de estímulos, en el tratamiento del insomnio infantil.

Por otra parte, en aquellos problemas y trastornos del sueño que ocurren frecuentemente durante la infancia, como es el caso de las pesadillas, los terrores nocturnos o el sonambulismo, vemos que aunque existen numerosos trabajos experimentales, se tratan en su mayoría de estudios de caso único, o de grupo sin el adecuado control metodológico, por lo que las estrategias utilizadas todavía sólo pueden ser consideradas como «probablemente eficaces» o «en fase experimental», siendo evidente la falta de nuevos estudios controlados que definitivamente las validen. Un ejemplo representativo es el apoyo empírico aportado en los últimos años a la técnica de repaso en imaginación para el tratamiento de las pesadillas crónicas en adultos (Krakow y Zadra, 2006), y que debería ser paralelamente investigado en el ámbito infanto-juvenil.

El tratamiento del insomnio conductual infantil, o dificultades para dormir en niños menores de 5 años, ha sido el problema del sueño en la infancia en el que más trabajos de investigación se han desarrollado en los últimos años. De hecho, como ya se ha señalado, las tres variantes de la extinción de las quejas y llanto del niño, es decir el procedimiento tradicional de extinción, la extinción gradual y la extinción con presencia de los padres, están considerados como «tratamientos bien establecidos» para el tratamiento de insomnio conductual infantil (Mindell y cols., 2006). Asimismo, la técnica de retraso de la hora de acostarse con rutinas positivas, que hace pocos años se consideraba como una estrategia «prometedora», a falta de nuevas investigaciones (Kuhn y Elliott, 2003), ha recibido ya apoyo empírico en un trabajo adecuadamente controlado (Mindell y cols., 2009). Finalmente, señalar una estrategia preventiva, la educación parental temprana, que sin duda es considerada como un «tratamiento bien establecido» para instaurar hábitos y rutinas adecuadas de sueño y prevenir la aparición de problemas más graves del sueño en la infancia (Kuhn y Elliott, 2003; Mindell y cols., 2006).