Evaluación de trastornos infantiles

La evaluación diagnóstica es un importante proceso en el que se obtiene información sobre el cliente. El producto final de este proceso determina la toma de decisiones y de acciones encaminadas a solucionar los problemas que se hayan identificado. Como parte de la evaluación psicológica, la evaluación diagnóstica debe seguir los principios éticos señalados por las asociaciones internacionales (American Psychological Association, 2002), que indican, en esencia, que las evaluaciones de los psicólogos deberán estar basadas en información y técnicas suficientes que apoyen hallazgos, que las pruebas de evaluación se utilizarán de forma apropiada, se construirán siguiendo métodos científicos y no se pondrán en las manos de personas no cualificadas, y que se ha de garantizar que se proporcione al cliente una explicación de los resultados. El Colegio Oficial de Psicólogos (1999) cuenta con una Comisión de Tests que ha elaborado y recopilado una serie de documentos muy útiles para los evaluadores, documentos que se pueden encontrar en su página web.

Los objetivos principales del proceso de evaluación psicológica son (American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 1997):

  1. Determinar si existe algún trastorno y cuál es;
  2. valorar si ese problema requiere tratamiento, y, en caso positivo;
  3. concretar cuál sería la mejor forma de intervención para solucionarlo

Un buen diagnóstico orienta bien la intervención y facilita la solución del problema; un mal diagnóstico no sólo dificulta y retrasa la solución del problema, sino que puede causar daños personales graves en las personas que lo reciben. Esta misma Asociación ha propuesto unas pautas prácticas para la evaluación clínica de niños y adolescentes. En ellas se señala que los objetivos específicos de la evaluación diagnóstica con el niño son:

  1. Identificar las razones que conducen a consulta;
  2. Obtener un cuadro preciso del desarrollo y funcionamiento del niño así como de la naturaleza y magnitud de sus problemas de comportamiento, de su malestar personal y de las alteraciones en su vida cotidiana, y
  3. Identificar los factores individuales, familiares o ambientales que potencialmente expliquen, influyan o mejoren estas dificultades

Estos objetivos se cubren en tres fases:

  1. Evaluación
  2. Formulación diagnóstica
  3. Comunicación de resultados y recomendaciones

Pero, antes de describir con más detalle cada una de ellas, en el siguiente punto se señalan los aspectos más particulares de este proceso en la infancia.