Conclusiones sobre la intervención terapéutica en niños

A juzgar por los hallazgos de las investigaciones recientes, las intervenciones terapéuticas en la infancia despiertan interés tanto en lo que se refiere a la evaluación de sus efectos y resultados como al análisis de las condiciones en las que éstas se llevan a cabo. En los últimos años parece superada la controversia acerca de si las terapias infantiles constituyen adaptaciones de terapias con adultos o si se trata de intervenciones planificadas y adaptadas a las características del paciente infantil, cuyo comportamiento está sujeto a variabilidad situacional y dependencia ambiental. El propio desarrollo experimentado por los tratamientos infantiles ha resuelto las dudas que aún podrían existir al respecto. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Es probable que el camino a recorrer transcurra en paralelo a los avances y hallazgos logrados en el campo de las terapias con pacientes adultos, pues en ambos contextos queda pendiente, entre otras cuestiones, superar las discrepancias y distanciamiento que se aprecia entre la investigación y la práctica clínica.

Por lo que se refiere al ámbito infantil los resultados extraídos de diversas investigaciones planteadas en unos casos, desde el marco de la investigación clínica (Weisz, Weiss, Alicke y Klotz, 1987; Kazdin, Bass, Ayers y Rodgers, 1990; Weisz, Weiss y Donenberg, 1992) y en otros, desde la perspectiva de la práctica clínica (Kazdin, Siegel y Bass, 1990), han revelado que el trabajo desarrollado desde uno y otro marco mantiene más puntos de discrepancia que de coincidencia.

En síntesis, las divergencias afectan a numerosas variables, entre ellas: procedencia de los niños que reciben tratamiento, carácter individual o grupal de éste y su duración, contexto de aplicación de la terapia, formación del terapeuta, contenido del tratamiento (técnicas, plantificación previa) e implicación de la familia.

En el ámbito clínico, es habitual la comorbilidad, las características de los pacientes son mas heterogéneas, los tratamientos se prolongan en el tiempo, no se programan iniciativas para asegurar la integridad de los mismos y el terapeuta clínico apenas tiene preparación previa. Desde la perspectiva de la investigación, el tratamiento es aplicado a grupos de pacientes más homogéneos por parte de terapeutas, investigadores, que cuentan con preparación previa. La intervención se basa mayormente en procedimientos conductuales y su aplicación va precedida por una planificación previa que procura estrategias para garantizar la integridad del tratamiento (Moreno y Blanco, 1999).

Además de este reto la investigación mantiene numerosas vías de actuación abiertas para el futuro entre cuyos objetivos destacan indagar acerca de las variables individuales y contextúales mediadoras de los efectos terapéuticos y prestar atención al proceso terapéutico en sí mismo y a los mecanismos implicados en el cambio conductual. Asimismo, cabe esperar que se produzcan aportaciones específicas relacionadas con las terapias de tercera generación (Vallejo, 2012), tal como queda de manifiesto en el trabajo de Ferro, Vives y Ascanio (2009), al tiempo que se llevan a cabo nuevas actuaciones encaminadas a la difusión mediante cauces institucionales y profesionales de los tratamientos cuya eficacia ha quedado probada en este ámbito.

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