Directrices para una adecuada intervención psicosocial en catástrofes

El Comité Permanente entre Organismos (IASC) ha recopilado unas directrices sobre salud mental y apoyo psicosocial en situaciones de catástrofe. Estas han sido elaboradas por profesionales de salud mental y están avaladas por Naciones Unidas, así como por unas 300 Organizaciones Humanitarias No Gubernamentales que participan en ayuda humanitaria. Cualquier psicólogo, trabajador social u otro profesional socio-sanitario que desee responder a situaciones de catástrofe tiene que estar familiarizado con estas directrices.

La lista de acciones que se exponen en el Cuadro 4, teniendo en cuenta la guía IASC (2007), es compatible con las normas del Proyecto Esfera (2004). En términos generales, este proyecto se basa en dos convicciones: primera, que se deben tomar en cuenta todas las medidas posibles para aliviar el sufrimiento humano producido por las catástrofes; y segunda, que los afectados tienen derecho a vivir con dignidad y por lo tanto tienen derecho a recibir asistencia humanitaria.


Cuadro 9.4. Lista de acciones que constituyen una respuesta mínima ante catástrofes.

Función o esfera Lista de acciones
A. Funciones comunes a todas las esferas
1. Coordinación 1.1 Establecer mecanismos de coordinación de los servicios de salud mental y apoyo psicosocial
2. Diagnóstico de la situación, seguimiento y evaluación 2.1 Realizar diagnósticos de la situación en materia de salud mental y apoyo psicosocial
2.2 Iniciar sistemas y procesos participativos de seguimiento y evaluación
3. Protección y normas de derechos humanos  3.1 Aplicación de un marco de derechos humanos mediante servicios de salud mental y apoyo psicosocial
3.2 Detectar, vigilar, prevenir y responder a las amenazas a la protección y las deficiencias en los sistemas de rescate, y responder a dichas amenazas, mediante medidas de protección social
3.3 Detectar, vigilar, prevenir y responder a las amenazas a la protección y los abusos mediante medidas de protección jurídica
4. Recursos humanos 4.1 Identificar y movilizar a voluntarios y personal contratado que se adapten a la cultura local
4.2 Velar por el cumplimiento de los códigos de conducta y de las guías de ética para personal interviniente
4.3 Proporcionar formación y capacitación en salud mental y apoyo psicosocial a los trabajadores de ayuda humanitaria
4.4 Prevenir y atender los problemas de salud mental y bienestar psicosocial en el personal y los voluntarios
B. Esferas básicas de salud mental y apoyo psicosocial
5. Organización comunitaria y apoyo a la comunidad 5.1 Facilitar las condiciones para que la comunidad se movilice, haga suya y tenga un control sobre la respuesta en todos los sectores
5.2 Facilitar el apoyo social y los recursos propios de las comunidades
5.3 Facilitar las condiciones para prácticas terapéuticas cultural y religiosamente apropiadas
5.4 Facilitar el apoyo a los niños de corta edad (0 a 8 años) y a quienes los cuidan
6. Servicios de salud 6.1 Incluir consideraciones concretas de índole psicológica y social en la
provisión de atención general de salud
6.2 Proporcionar acceso a los servicios a personas con graves problemas de salud mental
6.3 Atender y proteger a las personas con trastornos mentales graves y otras discapacidades mentales y neurológicas internadas en instituciones
6.4 Informarse sobre los sistemas terapéuticos locales, indígenas y tradicionales y, cuando sea apropiado, establecer sistemas de colaboración
6.5 Minimizar los daños derivados del consumo de alcohol y otras sustancias
7. Educación 7.1 Mejorar el acceso a una educación segura y que ésta sea fuente de apoyo
8. Difusión de información 8.1 Proporcionar a las poblaciones afectadas información sobre la catástrofe, el contexto y las actividades de ayuda, así como sobre sus derechos legales
8.2 Proporcionar acceso a información sobre recursos y estrategias para hacer frente a la situación
C. Consideraciones sociales para las esferas sectoriales
9. Seguridad alimentaria y nutrición 9.1. Incluir consideraciones concretas de índole social y psicológico en la provisión de alimentos y apoyo nutricional (seguridad, dignidad con respeto a las prácticas culturales y a las funciones de los miembros de la familia)
10. Provisión de albergues y planificación de emplazamientos  10.1. Incluir consideraciones concretas en la planificación de emplazamientos y la provisión de albergues (seguridad, dignidad, asistencia cultural y socialmente apropiada)
11. Abastecimiento de agua y saneamiento 11.1. Incluir consideraciones sociales concretas (acceso digno, culturalmente apropiado y seguro para todos) en el abastecimiento de agua y saneamiento

La lista de acciones, que terminamos de exponer, no está destinada únicamente al personal que trabaja en salud mental y apoyo psicosocial. En este sentido, existen acciones psicosociales que corresponden a las esferas básicas del trabajo humanitario, como son la protección, salud en general, educación, abastecimiento de agua y saneamiento, seguridad alimentaria y nutrición, albergue y la administración de campamentos. Los profesionales de salud mental raramente trabajan en esas esferas, pero se les alienta a utilizar dichas directrices como vía para promoverlas entre las comunidades y los profesionales de otras disciplinas, con el propósito de que se adopten medidas apropiadas desde cada una de estas esferas básicas de trabajo (IASC, 2007).

Así, las directrices sobre las que la Psicología Comunitaria debe hacer hincapié o guardarían relación con:

  1. La información sobre la realidad de la catástrofe y sobre los esfuerzos para restablecer la seguridad. Esta información debe ser comprensible para personas de 12 o más años. Esta directriz se asocia a volver a establecer la creencia en un mundo benevolente y a satisfacer valores de seguridad. Se reconstruye la noción de que existen lugares seguros y se hace hincapié en los esfuerzos que se hacen para crearlos. De esta manera, a través de esta medida se evita la transmisión de rumores (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).
  2. Re-establecer y facilitar las actividades culturales y religiosas, en particular los ritos funerarios y actos religiosos. En general, estos actos ayudan a atribuirle un significado y sentido a lo ocurrido. Esta directriz se asocia a las creencias de significado y sentido del mundo. Estas actividades mantienen la continuidad con la tradición cultural y religiosa, ayudando a enmarcar lo ocurrido en las explicaciones y categorías relevantes. Estas ceremonias deben hacerse en condiciones favorables (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).
  3. Re-establecer y mantener tan pronto lo permitan la situación y los recursos las actividades educativas y recreativas, formales e informales, de niños y adolescentes. Esta directriz se asocia a re-establecer la creencia en un mundo benevolente y a satisfacer valores de seguridad. Recuperar la rutina escolar ayuda a dar continuidad y sentido a lo ocurrido, mientras que las actividades de distracción y gratificación generan afectividad positiva tras la catástrofe (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).
  4. Facilitar que los adolescentes y adultos participen en actividades concretas, con un interés común, como puede ser la colaboración en las tareas de rescate. La pérdida del rol productivo, de las responsabilidades, conduce a la pérdida del sentido de pertenencia y de la dignidad. Esta directriz tiene que ver con las creencias en un yo digno y eficaz, así como con los valores de logro y poder. El hecho de participar en actividades, en particular económicas, para recuperarse de las catástrofes ha sido corroborado por la mayoría de los estudios (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).
  5. Posibilitar que las personas aisladas, viudos, niños separados de sus padres y huérfanos, ancianos o que se han quedado sin familia, tengan acceso a actividades que les permitan insertarse en redes sociales. En este sentido, varios estudios han constatado los efectos negativos del aislamiento social y los beneficios de la inclusión social (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).
  6. Agilizar, cuando sea posible, la reunificación de las familias y comunidades. Es decir, cuando las personas se encuentran desplazadas deben organizarse con el fin de mantener a las familias unidas y favorecer la reunificación de la comunidad. Esta directriz se refiere a actividades vinculadas a las creencias en el carácter positivo del mundo social, así como con las necesidades de afiliación e intimidad. Los estudios sugieren que la separación de la familia y de la comunidad es más negativa que la exposición a la catástrofe (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006). Así, en una investigación con refugiados de una catástrofe en América Central se confirmó que las personas que vivían en un refugio que había sido creado para mantener unidas a las familias y a la comunidad de origen, en comparación con un refugio que mezclaba comunidades diferentes, mostraban mayor participación en las actividades, tenían menor malestar afectivo, menores sentimientos de humillación y recordaban más hechos emocionales positivos (Pérez-Sales, Cervellón, Vázquez, Vidals y Gaborit, 2005).
  7. Por último, la comunidad debe ser consultada con respecto a las decisiones sobre donde ubicar los locales religiosos, las escuelas, los centros de salud y los puntos de abastecimiento. Además, el diseño para los refugios debe incluir actividades recreativas y culturales. Esta directriz se refiere a la creencia del yo eficaz, así como a las necesidades y valores de auto-dirección (para una análisis de los valores humanos puede consultarse la teoría de Schwartz en Fernández, 2007). Los estudios muestran que el establecimiento de campamentos muchas veces altera las costumbres culturales y no toma en cuenta ni las opiniones ni tradiciones de los refugiados, reforzando el malestar tras las catástrofes (Batniji, Van Ommeren y Saraceno, 2006).

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