6.2. Distorsiones perceptivas o sensoriales

Anomalías en la percepción de la intensidad de los estímulos

En este grupo se incluyen las anomalías que se producen en la intensidad con la que solemos percibir los estímulos. Pueden producirse tanto por exceso (hiperestesias), como por defecto (hipoestesias). La ausencia absoluta de percepción de la intensidad estimular se denomina anestesia. Una modalidad especial es la percepción de la intensidad de los estímulos que causan dolor: en este caso se habla de hiperalgesias vs hipoalgesias, en donde la ausencia total de percepción de dolor se llama analgesia.

La intensidad con la que percibimos los estímulos no sólo depende del propio estímulo, sino también de otros factores como el cansancio, habituación, nivel o intensidad estimular previa… Puede hablarse de un continuo de percepción de la intensidad de los estímulos que varía como consecuencia de las características del estímulo a percibir, el contexto el momento en que se produce la percepción y el sujeto que percibe (receptor).

Pero existen ciertas situaciones en las que podemos hablar de anomalías, especialmente cuando una persona califica como exagerada o mínima la intensidad de un estímulo que está al alcance de sus sentidos, a pesar de que otras personas que se hallan en la misma situación dicen percibirlo con una intensidad normal. Por tanto, son las características del receptor las que se hallen aquí alteradas. La anomalía puede tener origen neurológico, o guardar relación con una alteración transitoria de los órganos sensoriales o puede ser de origen funcional. En este último caso, la alteración sería claramente de naturaleza perceptiva, ya que tanto los receptores neurales como los sensoriales funcionan correctamente.

Así, la intensidad de las percepciones puede verse alterada en trastornos mentales complejos como las depresiones, y se manifiesta en quejas sobre la incapacidad para sentir o notar los sabores, olores, sonidos. Otros pueden presentar hiperacusia, es decir, quejarse de que todos los sonidos que escuchan son exageradamente altos. Esta alteración también puede aparecer asociada a un trastorno de ansiedad, a migrañas o en estados tóxicos (ingestión aguda de alcohol). También en algunas esquizofrenias, en los estados maníacos y en éxtasis por drogas (hiperestesias visuales: los colores parecen mucho más intensos).

Otro ejemplo son las histerias de conversión o disociativas, donde la persona no da muestras de sentir dolor a pesar de que se le aplique algún estímulo que lo produzca. Pero también pueden presentar síntomas opuestos como hiperalgesias o hiperestesias referidas al dolor, cuyo carácter suele ser discontinuo y cambiante, lo que sirve para distinguirlas de otras hiperalgesias de origen orgánico.

Anomalías en la percepción de la cualidad

Van asociadas en muchas ocasiones a las anteriores y hacen referencia a visiones coloreadas, cambios en la percepción del color de los objetos y a la menor o mayor nitidez de las imágenes. Por lo general están provocadas por el uso de ciertas drogas como la mescalina y/o de ciertos medicamentos, así como por lesiones de naturaleza neurológica. Pero también pueden aparecer en trastornos mentales como las esquizofrenias o depresiones.

Metamorfopsias: anomalías en la percepción del tamaño y/o forma

Son distorsiones en la percepción visual de la forma (dismorfopsias) y/o del tamaño (dismegalopsias) de los objetos. Dentro de estas últimas están las micropsias y las macropsias (o megalopsias), en la que los objetos reales se perciben, respectivamente, a escala reducida (o muy lejanos) o a escala aumentada (o muy cercanos). Cuando estas distorsiones se refieren al propio cuerpo reciben el nombre de autometamorfopsias. La persona suele ser consciente de su anomalía, y sus reacciones emocionales varían desde el agrado al terror y la ira. En la mayoría de los casos las metamorfopsias se asocian a distorsiones en la percepción de la distancia (ver los pies muchos más grandes y a una distancia mucho mayor). Estas anomalías se presentan en una amplia gama de situaciones: desde los trastornos neurológicos hasta como consecuencias de los efectos de determinadas drogas. Sin embargo son muy poco frecuentes en los episodios agudos de esquizofrenia y en los trastornos neuróticos.

Anomalías en la integración perceptiva

Son anomalías poco frecuentes que a veces aparecen en los estados orgánicos y en la esquizofrenia. El paciente parece incapaz de establecer los nexos existentes entre dos o más percepciones procedentes de modalidades sensoriales diferentes.

Ejemplo: un paciente que está viendo la TV experimenta la sensación de que existe una especie de “competición” entre lo que oye y lo que ve, como si ambas sensaciones no tuvieran nada que ver entre sí y lucharan por atraer su atención. Las conexiones entre ambas modalidades sensoriales fracasan. Se tiene la sensación de que provienen de fuentes diferentes y de que atraen al mismo tiempo sus recursos atencionales. Esto se denomina escisión perceptiva, en la que el objeto percibido se desintegra en fragmentos o elementos. Además, las escisiones pueden ceñirse sólo a las formas (morfolisis) o a la disociación entre el color y la forma (metacromías).

El fenómeno opuesto a la escisión es la aglutinación: distintas cualidades sensoriales se funden en una única experiencia perceptiva, produciendo incapacidad para distinguir entre diferentes sensaciones. Una forma especial es la sinestesia, una asociación anormal de las sensaciones en la que una sensación se asocia a una imagen que pertenece a un órgano sensorial diferente. Ej: la audición coloreada (ver colores cuando se escucha música).

Anomalías en la estructuración de estímulos ambiguos: las ilusiones

La ilusión es una percepción equivocada de un objeto concreto. Desde una perspectiva psicológica clásica, las ilusiones son el resultado de la tendencia de las personas a organizar en un todo significativo, elementos más o menos aislados entre sí o con respecto a un fondo. Por su parte, la vida cotidiana nos ofrece ej de experiencias ilusorias. Ej: alguna vez hemos escuchado pasos detrás de uno al caminar por una oscura calle o hemos creído ver a un amigo que no era tal. En estos casos hay elementos comunes: por un lado, una predisposición personal a interpretar la estimulación en un sentido y no en cualquiera de los otros posibles; y por otro, la ambigüedad o falta de definición clara de esa estimulación y/o de la situación en que se produce.

Un tipo especial de ilusión es la pareidolia, en la cual el individuo proporciona una organización y significado a un estímulo ambiguo o poco estructurado. Ej: caras que vemos en el perfil de una montaña. No son patológicas, y son un ej de experiencia mental anómala, en la que el término anómala no implica patología. Otro tipo es el sentido de presencia, una especie de sexto sentido que conlleva una experiencia senso-perceptiva en la que la persona tiene la sensación de que no se está solo aunque no haya nadie ni ningún estímulo que apoye esa sensación. Este fenómeno es frecuente en ciertas situaciones como el cansancio físico extremo o la soledad con disminución drástica de estimulación ambiental, pero también puede aparecer asociado a estados de ansiedad y miedo patológicos, esquizofrenia, histeria y trastornos mentales de origen orgánico.

Según Hamilton, las ilusiones tienen importancia diagnóstica por 3 motivos:

  • Por su probable asociación con otros signos o síntomas.

  • Porque son indicativas de un estado emocional elevado.

  • Porque pueden alertar al clínico acerca de la existencia de una base etiológica para la falta de claridad perceptiva.

Las ilusiones son el resultado de una combinación entre predisposiciones internas o subjetivas (deseos, motivos, emociones…) y predisposiciones externas (características físicas del estímulo, contexto…). En gran medida se pueden concebir como identificaciones y/o interpretaciones nuevas de estímulos que se hallen presentes y al alcance de los estímulos.