10.1. Principales cambios conductuales y cerebrales con la edad

El aumento de la esperanza de vida en el último siglo ha provocado que exista una gran proporción de personas mayores de 60 años. Esto implica que el número de pacientes con demencias seniles aumentará. Un tipo de demencia senil muy común es la enfermedad de Alzheimer. Es por este motivo que es muy importante comprender como se produce el deterioro de la memoria a lo largo del envejecimiento y cuales son las causas de que los deterioros causados por las demencias provoquen pérdidas en la memoria, para de este modo buscar nuevas soluciones.

Hay que diferenciar los fallos de la memoria normales en las personas mayores de los fallos producidos por las demencias. Los fallos producidos por la edad suelen ser pérdidas de la memoria episódica, mientras que en las demencias como la de Alzheimer, la pérdida se produce también en la memoria semántica, y en el caso de esta demencia, las afecciones mnémicas son de mucha mayor magnitud que en el deterioro normal.

El envejecimiento es un proceso complejo con múltiples facetas diferentes y en el que existen grandes diferencias individuales que afecta a la mente y al cerebro de todos los individuos. Anteriormente los cambios producidos por la edad en la memoria y en las estructuras cerebrales se estudiaban de manera independiente. Sin embargo, gracias a las técnicas de neuroimagen se ha empezado a estudiar ambas cosas de forma conjunta, surgiendo así la neurociencia cognitiva del envejecimiento. Esta disciplina estudia la correlación que existe entre los deterioros en ciertas estructuras neurales asociados a la edad y los deterioros en los procesos cognitivos (concretamente el proceso de memoria, ya que es uno de los procesos cognitivos que resulta mas deteriorado con la 3ª edad).

Los investigadores han realizado tres tipos de diseños para estudiar el desarrollo y deterioro de la memoria. El primero es el diseño longitudinal, que es el estudio de un grupo de una generación o cohorte determinada a lo largo del tiempo. Se fija un período de tiempo determinado y cada vez que transcurre ese tiempo se realizan medidas del proceso cognitivo a medir (y de el estado de las estructuras neurales en el caso de la neurociencia cognitiva del envejecimiento). El problema de estos diseños es la mortalidad experimental (que no significa necesariamente que los sujetos mueran, sino que pueden decidir abandonar la investigación). También tiene la desventaja de que es muy costoso.

El segundo diseño es el diseño transversal. Consiste en realizar pruebas a sujetos de diferentes edades y asumir que las diferencias observadas en los procesos cognitivos se deben a la edad. El problema de estos diseños es que no tiene en cuenta que los resultados pueden verse afectados por el hecho de que cada sujeto evaluado es de una generación y que por tanto la educación que ha recibido, el momento histórico en el que ha vivido (por ejemplo, una guerra en la que se ha parado la educación y por tanto el sujeto no ha sido entrenado en la escuela, lo que ha afectado a sus procesos cognitivos), no son los mismos.

El tercer diseño es una combinación de ambos, emplea el diseño secuencial ya que realiza medidas cada cierto tiempo, pero cada vez que realiza una medida incluye un grupo nuevo (al que también realiza un estudio secuencial). La comparación de los datos de todos los grupos que se suman a la investigación constituye el estudio transversal. De este modo, si mides a dos grupos el desarrollo de su memoria a lo largo de 20 años, puedes utilizar los resultados de uno de los grupos como estudio secuencial, pero puedes comparar los datos de ambos grupos como diseño transversal. El problema es que estos diseños son enormemente costosos. Un estudio muy importante de este tipo es el Estudio Betula, dirigido por Nilsson, de la universidad de Estocolmo.

Gracias a los diversos estudios longitudinales y transversales, es un hecho bien documentado que se produce deterioro en muchos procesos cognitivos, aunque el deterioro no es uniforme, ya que no todos los procesos se deterioran, y de los procesos que se deterioran no todos se deterioran igual ni al mismo tiempo. Las explicaciones mas válidas del deterioro cognitivo por la edad son las que lo atribuyen al propio deterioro de las estructuras neurales que están implicadas en el proceso que se deteriora.

Los resultados que se obtienen en los estudios transversales son algo diferentes de los que se obtienen en los estudios longitudinales. En los estudios transversales se puede observar que el deterioro de las funciones de memoria episódica y de trabajo es prácticamente lineal, mientras que en los estudios secuenciales el deterioro sigue una linea curva (en estos estudios la memoria episódica aumenta hasta los 65, se mantiene estable desde los 65 a los 75 y después decae progresivamente).

En la neurociencia cognitva del envejecimiento se ha estudiado con resonancia magnética estructural que partes del encéfalo disminuyen en tamaño. Los resultados han demostrado que se proiduce una notable disminución en el hipocampo y en el córtex prefrontal, mientras que regiones occipitales relacionadas con la percepción visual no sufren apenas pérdida. Con estudios de resonancia magnética funcional se ha observado que el patrón de actividad cerebral en la senectud se desplaza desde las zonas occipitales hasta las zonas frontales. Se cree que este cambio en el patrón de activación se debe a que el cerebro genera actividad compensatoria debido a que otras regiones han perdido funciones (por lo que el cerebro cambia las estrategias cerebrales con la edad). En estudios con fMRI también se ha observado que el cerebro de una persona mayor tiende a ser menos simétrico.