1.6. Orientaciones en el estudio de la emoción

6.1. Orientación conductual

Las escasas aportaciones realizadas desde la orientación conductual están basadas en los principios de aprendizaje y dentro de ella existen dos conceptualizaciones fundamentales; por un lado las que basan el proceso emocional en el propio proceso de aprendizaje y, por otro, las que se centran en el estudio del miedo/ansiedad. El concepto de emoción basado en el aprendizaje entiende que la base de las emociones se encuentra en las respuestas emocionales incondicionadas, que a través del aprendizaje transmiten sus propiedades afectivas. La mayor parte de los teóricos del aprendizaje se han centrado en el estudio del miedo/ansiedad como emoción paradigmática para la comprensión del proceso emocional.

Desde esta orientación, el interés se centra en la llamada conducta emocional, que es el conjunto de respuestas observables (motoras) y fisiológicas que se pueden condicionar al igual que cualquier otra respuesta. La conducta emocional puede ser provocada por nuevos estímulos, que previamente no elicitaban respuesta, siempre que se siga un procedimiento de condicionamiento clásico. Otros modelos de condicionamiento, como el instrumental, también se han aplicado al estudio de la conducta emocional. Los modelos neoconductistas de los años sesenta comienzan a estudiar las respuestas cognitivas emocionales como respuestas encubiertas (no observables) que se pueden condicionar de la misma forma que las respuestas abiertas (observables).

La emoción que más se ha estudiado por los teóricos del aprendizaje es el miedo, que muchas veces se operativiza como una respuesta de evitación.


El primer modelo que explica la emoción humana como resultado de un condicionamiento clásico apareció con el experimento de Watson y Rayner. Según Watson los niños nacen con una serie de respuestas incondicionadas (RI), o no aprendidas, como el miedo (llanto, respuestas de evitación, etc.), que se emiten en presencia de determinados estímulos incondicionados (EI), como un ruido intenso. Por asociación, se podría conseguir que un estímulo inicialmente neutro (EN), que no provoca respuesta, llegue a provocar una respuesta similar a la RI y que se denominará respuesta condicionada (RC). El EN pasaría a ser un estímulo condicionado (EC). Recordemos el famoso caso del niño Albert y su rata.


Mowrer formuló un modelo sobre la ansiedad en términos de estímulos, respuestas y refuerzos:

La ansiedad (el miedo) es la forma condicionada de la reacción de dolor, la cual tiene la muy útil función de motivar y reforzar la conducta que tiende a evitar o prevenir la repetición del estímulo (incondicionado) que produjo el dolor.

Según el modelo de los dos factores de Mowrer la conducta fóbica se aprendería en una secuencia de dos partes o estadios:

  • Primero, por condicionamiento clásico, un EN que no elicita respuestas emocionales se asocia a un EI, llegando a producir una respuesta emocional condicionada negativa (RC-); es decir, se transforma en un EC
  • Segundo, este EC se convierte en un estímulo discriminante (ED) de la respuesta de evitación que pone fin a la RC-, lo cual resulta reforzante

El modelo de los dos factores podría explicar muchas fobias adquiridas por un suceso traumático, pero presenta una serie de problemas:

  • Que a veces no hay tal suceso traumático
  • ¿Por qué persiste la fobia en los casos en que no se vuelven a asociar el EC y el EI? Es decir, ¿por qué no se cumple la ley de la extinción?
  • Las respuestas fisiológicas son más lentas de activar que la respuesta de evitación, por lo que las primeras no pueden ser causa de la segunda. La ansiedad o respuesta emocional condicionada no jugaría un papel relevante en la respuesta de evitación

Los modelos neoconductistas han intentado explicar estos problemas, pero parece necesario incluir variables no observables (cognitivas) que el enfoque conductista radical no estaba dispuesto a considerar. Una explicación cognitiva de por qué se siguen dando respuesta de evitación nos diría, por ejemplo, que no es que el estímulo llegue a ser aversivo, sino que los individuos han aprendido a anticipar consecuencias aversivas.

En algunos experimentos se ha demostrado cómo se pueden aprender respuestas automáticas por aprendizaje vicario. Si el sujeto experimental observa a un modelo que aparenta sufrir descargas eléctricas, se activan sus respuestas electrodermales. El modelado pasó así a ser otro modelo explicativo de la adquisición de fobias.

El modelo de la incubación de H.J. Eysenck pretende explicar la persistencia, e incluso aumento, de respuestas fóbicas sin necesidad de un reaprendizaje sostenido por la presencia de estímulos incondicionados proponiendo una remodelación de la ley de la extinción en el condicionamiento clásico.

Los primeros modelos cognitivos han intentado incluir variables no observables sobre los modelos ya existentes, considerando factores cognitivos junto con las variables tradicionales (condicionamiento, respuestas observables, respuestas fisiológicas) para explicar el aprendizaje emocional. Estos modelos suponen que los pensamientos irracionales, las autoinstrucciones, etc., pueden aumentar el arousal o activación fisiológica y facilitar las respuestas de miedo.

Los nuevos modelos, sin embargo, han ido concediendo más importancia a los factores centrales (pensamiento, representación, memoria, etc.), resaltando el papel activo del sujeto en detrimento de la mera relación asociativa. Todo ello ha ido cambiando la concepción del aprendizaje emocional, hasta llegar a considerar que las reacciones emocionales están controladas centralmente, en lugar de pensar que son simplemente el resultado de un condicionamiento pavloviano.

A pesar de las dificultades y las limitaciones de estos modelos, estas teorías cuentan a su favor con el mérito de haber sometido a contrastación empírica sus postulados y haber desarrollado técnicas eficaces de tratamiento, desde una metodología experimental.

6.2. Orientación biológica

Se requiere reconocer los trabajos pioneros de Charles Darwin y William James. Nos preguntamos, ¿qué datos ciertos podemos establecer hoy sobre las bases neurales de la emoción? Para ello nos remitimos al término neurociencia afectiva. Su objetivo es delimitar los fenómenos emocionales y analizar los elementos diferenciados del proceso emocional, con la pretensión de establecer los circuitos cerebrales asociados. Su enfoque es multidisciplinar. Su meta es, por tanto, la descomposición del proceso afectivo en elementos más simples para que éstos puedan ser estudiados en términos neurales.

6.2.1. Cerebro y emoción. Primeras teorías

Los estudios realizados por Walter Cannon y su teoría sobre la existencia de centros específicos en el sistema nervioso central responsables de la experiencia emocional, pueden considerarse como punto de inicio del estudio neurobiológico de las emociones y dieron lugar al desarrollo de algunas propuestas teóricas de indudable influencia en la investigación actual.

James Papez, basándose en las observaciones sobre la consecuencia de las lesiones cerebrales en la corteza cingulada y la investigación sobre la función del hipotálamo en el control de las reacciones emocionales en animales, propuso una teoría que diferenciaba dos aspectos fundamentales en la emoción: el canal del pensamiento, vía por la que se transmiten los datos sensoriales a través del tálamo hacia zonas laterales del neocórtex, donde las sensaciones se convierten en percepciones, pensamientos y recuerdos, y el canal del sentimiento, vía a través de la cual se genera la experiencia subjetiva que dota a los estímulos de propiedades afectivas. El canal del sentimiento también dirige la información sensorial hacia el tálamo y de ahí se dirige al hipotálamo, para llegar a la corteza cingulada de la que depende la experiencia emocional. A partir de la corteza cingulada y a través del hipocampo, la información llega de nuevo al hipotálamo. Papez describe las vías cerebrales de la emoción como un flujo de información a través de un circuito de conexiones anatómicas que van desde el hipotálamo hasta la corteza cingulada y que vuelven al hipotálamo, conocido con el nombre de circuito de Papez.

Heinrich Klüver y Paul Bucy tuvieron una resonancia significativa en varias áreas de investigación sobre el cerebro, como los mecanismos cerebrales de la percepción visual, la memoria a largo plazo y las emociones.

Posteriormente, MacLean decía que los analizadores cerebrales subyacentes en las emociones estaban situados en el cerebro visceral (rinencéfalo), concebido como un sistema que integra las sensaciones del exterior con las sensaciones viscerales. Especialmente importante es el hipocampo, lugar donde se realizar esa integración. Sugirió también que las estructuras del sistema límbico obedecen a un desarrollo filogenéticamente temprano de las neuronas, que funciona de forma integrada para mantener la supervivencia de los individuos y de las especies. Este sistema evolucionó para ocuparse de las funciones viscerales (nutrición, defensa, reproducción) y constituye la base del aspecto emocional y visceral del individuo.

Actualmente no se mantiene la existencia de un circuito único y general que explique el procesamiento emocional.

6.2.2. La amígdala y el condicionamiento de la respuesta de miedo

La mayor parte del interés que la amígdala ha despertado en la investigación de los sistemas cerebrales implicados en el procesamiento emocional se debe a su protagonismo en el condicionamiento del miedo y en el control de las respuestas de defensa que a él se asocian.

Los hallazgos más significativos en el contexto de estas investigaciones son:

  1. La información que llega a la amígdala directamente desde el tálamo es suficiente para que se forme la asociación entre el tono (EC) y el shock (EI). Aunque el tálamo procesa la información a un nivel más elemental se produce el condicionamiento del miedo
  2. La información procedente de las dos vías llega en primer lugar al NL de la amígdala (interfaz sensorial de la amígdala en el procesamiento del miedo) y desde allí es procesada por el resto de los núcleos amigdalinos, para, finalmente, hacer estación en el núcleo central de la amígdala (NC). Este núcleo a través de sus conexiones con el hipotálamo y el tronco cerebral contribuye a conformar las respuestas conductuales y fisiológicas características del miedo (paralización, activación simpática, respuesta hormonal y potenciación del reflejo de alarma)
  3. El significado emocional del EC está determinado por el sonido y por el contexto en que se produce, de tal manera que el solo hecho de colocar al animal en el lugar donde había tenido lugar el condicionamiento hará que la rata exhiba una respuesta de miedo. La rata tiene que aprender no sólo que un sonido o una señal es peligrosa, sino también qué condiciones deben darse para que lo sean. El contexto está compuesto de muchos estímulos, por lo que el condicionamiento contextual requiere que el hipocampo integre los estímulos y envíe el resultado de su integración hacia la amígdala. Las lesiones en la amígdala bloquean la respuesta de los animales tanto al tono como al contexto. En cambio, si se producen lesiones en el hipocampo se impide sólo la respuesta al contexto

6.2.3. La amígdala y la emoción humana

Exponemos las líneas de investigación abiertas con respecto al papel de la amígdala en el procesamiento emocional en modelos humanos.

  1. Condicionamiento de la respuesta de miedo: Estudios que han registrado la actividad cerebral mediante técnicas de neuroimagen confirman la participación de la amígdala en la adquisición del miedo condicionado. En estos estudios, la magnitud de la activación de la amígdala está relacionada con la fuerza de la respuesta de miedo que ha sido condicionada
  2. La amígdala interviene en los procesos de aprendizaje emocional implícito: La amígdala parece ser responsable del establecimiento de asociaciones dotadas de contenido afectivo, activando a través de ella las respuestas fisiológicas dependientes del sistema nervioso autónomo. Por otra parte, el hipocampo parece ser necesario para la adquisición de información explícita, consciente y verbalizable acerca de las relaciones entre estímulos. A través de estos procesos, estímulos asociados a eventos o experiencias aversivas se convierten en señales anticipatorias de peligro. Existe una estrecha interacción entre ellos para dar lugar a la experiencia emocional consciente
  3. Procesamiento de la información emocional: La amígdala también desempeña un papel relevante en la evaluación afectiva de estímulos relacionados con la amenaza o el peligro. Los estudios sobre el papel de la amígdala en el reconocimiento de emociones suelen emplear fotografías de expresiones faciales que exhiben determinadas emociones

6.2.4. El córtex prefrontal y la respuesta emocional

Nuestras emociones son fruto de una acción más deliberada que, además del estado emocional inmediato de nuestro organismo, tiene en cuenta otros factores, como la situación externa, el conocimiento previo adquirido, el repertorio de conductas emocionales y sobre todo nuestra habilidad para anticipar, hacer planes y tomar decisiones sobre nuestra conducta futura. Estos factores tienen mucho que ver con nuestras capacidades cognitivas y, por tanto, con la participación de sistema localizados en la corteza cerebral y más concretamente en las áreas que conforman la corteza prefrontal.

La región prefrontal es la parte más anterior de la corteza cerebral, ubicada en la parte inmediatamente anterior a la corteza motora y premotora. Comprende tres áreas diferenciadas: dorsolateral, orbitofrontal y ventromedial.

De estas regiones las cortezas orbitofrontal y ventromedial están especialmente implicadas en el procesamiento emocional.

6.2.5. El córtex cingulado anterior

Como centro que integra información visceral, atencional y emocional, la CCA (corteza cingulada anterior) está involucrada en la expresión de la emoción y parece estar relacionada con la experiencia consciente de la emoción. Para comprender el papel que juega la CCA en el procesamiento emocional se establece una distinción entre la sección afectiva y la sección cognitiva.

La sección afectiva desempeña una función importante en el control de la activación del sistema nervioso autónomo asociada a acontecimientos emocionales.

La sección afectiva es crucial para la evaluación de situaciones de discrepancia o conflicto entre el estado funcional del organismo y la recepción de información con consecuencias potencialmente relevantes a nivel motivacional y emocional.

La sección cognitiva desempeña un papel relevante en la selección de la respuesta y en el procedimiento cognitivo de las demandas de información ante tareas o situaciones que resultan ambiguas o generan algún tipo de conflicto.

6.3. Orientación cognitiva

Los estudiosos de la emoción insisten en la naturaleza compuesta de los afectos y destacan el rol fundamental de los aspectos cognitivos en la determinación cuantitativa y cualitativa de una respuesta emocional determinada.

Las orientaciones que se encuadran dentro del enfoque cognitivo comparten la asunción de que las emociones son desencadenadas por un tipo especial de actividad cognitiva cuya función es evaluar los acontecimientos externos en término de su relevancia personal. El significado que otorgamos a los acontecimientos en virtud de sus implicaciones para nuestro bienestar y para el logro de nuestras metas, constituyen los determinantes primarios en la mayoría de las emociones. En este sentido, la emoción es el resultado de los patrones evaluativos, fruto del procesamiento cognitivo (tanto consciente como no consciente) en presencia de estímulos relevantes.

6.3.1. Interpretación cognitiva y aurosal fisiológico

La dimensión cognitiva de la emoción se encontraba de alguna forma ya implícita en la formulación teórica de William James, al entender que la emoción se produce tras la percepción subjetiva de la activación fisiológica en respuesta a un estímulo.

En relación a las contribuciones más significativas sobre la relevancia de los procesos cognitivos en la aparición de la emoción, el trabajo de Gregorio Marañón supuso el inicio de las denominadas teorías basadas en la interacción entre la actividad fisiológica y los procesos cognitivos. Este grupo de teorías sostiene que la activación fisiológica es una condición necesaria, aunque no suficiente, para que se produzca una emoción. Es decir, para que ésta se produzca es necesario, por parte del sujeto, tanto la valoración del estado de activación como de la valoración del contexto en que se produce.

Schachter y Singer formulan “La teoría bifactorial de la emoción”, que defiende que la activación fisiológica es necesaria para que se produzca una emoción, pero la percepción de la activación no es suficiente. Según esta teoría, la intensidad de la activación fisiológica será inespecífica en sí misma en ausencia del elemento evaluativo-cognitivo.

Años más tarde, Mandler, en su teoría de la “evaluación-discrepancia” también atribuye un carácter indiferenciado a la activación fisiológica fruto de la interrupción cognitiva, entendiéndola como un prerrequisito, no suficiente, para el desarrollo de la experiencia emocional. Para Mandler, la discrepancia entre pensamiento y acción ante un conflicto, producirá activación indiferenciada del sistema nervioso autónomo. Tras esto se produce un proceso de evaluación cognitiva que definirá la calidad de la emoción resultante. Sin evaluación, no hay, por tanto, emoción.

6.3.2. Teorías cognitivas de la valoración (appraisal)

La valoración por parte del sujeto de diversos aspectos del ambiente sería un elemento clave del proceso emocional que permitiría entender qué hace a una emoción diferente de otra y por qué se dan diferencias individuales en respuesta a idénticas situaciones; en definitiva, aspectos relativos a la cualidad e intensidad de las emociones.

Arnold fue la primera autora en proponer la primacía de los procesos valorativos situacionales en la aparición de la emoción. El sujeto continuamente realiza valoraciones del entorno, evaluaciones que lo aproximan a los agradable y alejan de la estimulación aversiva, y que complementan los procesos perceptivos. La autora utiliza el término apreciación para designar un juicio evaluativo directo e inmediato sobre un objeto en cuanto “bueno o malo, placentero o peligroso para nosotros”.

6.3.2.1. Dimensiones de valoración

Las teorías de la valoración en su conjunto comparten el hecho de que las valoraciones que las personas hacen de las situaciones son un elemento clave para comprender las distintas emociones, se pueden identificar diferentes aproximaciones. Scherer propone cuatro grupos principales:

  • Criterios: Las personas utilizamos un conjunto fijo de dimensiones o criterios para evaluar el significado de los acontecimientos que nos suceden:
    1. Las características intrínsecas de los objetos o acontecimientos, tales como la novedad o la agradabilidad.
    2. El significado que el acontecimiento tiene para las necesidades o las metas de la personas.
    3. La habilidad que cada persona tiene para hacer frente a las consecuencias de ese acontecimiento, incluyendo la evaluación sobre el agente causa.
    4. La compatibilidad del acontecimiento con los estándares personales y sociales o los valores
  • Atribuciones: Weiner enfatizó la naturaleza motivacional de la emoción y que ciertas emociones, tales como la ira, el orgullo o la vergüenza pueden distinguirse en función de las atribuciones (internas vs. externas) de responsabilidad sobre el acontecimiento que elicita la emoción
  • Temas: Cada emoción se caracteriza por un significado específico que resume el significado general que se deriva de la configuración de los distintos componentes moleculares de la valoración (criterios de valoración) y constituyen los núcleos temáticos relacionados para cada emoción
  • Significado: Incluyen las teorías interesadas en identificar qué representaciones cognitivas diferencian una emoción de otra. Parten del supuesto de que las emociones surgen como resultado de la manera en que las situaciones que las originan son elaboradas por el sujeto que las experimenta

6.3.2.2. Teoría cognitiva – motivacional - relacional de las emociones

Las propuestas de Magda Arnold permitieron el desarrollo, por parte de Richard Lazarus, de una teoría sobre la valoración cognitiva, el estrés y la emoción. Lazarus propone un modelo cognitivo de interpretación de la emoción en el contexto del estudio del estrés, al atribuir las diferencias individuales en la respuesta al estrés a la mediación de diversos procesos psicológicos que explican la continua interacción sujeto-entorno. Estos procesos son la valoración cognitiva y el afrontamiento. Este autor define la valoración cognitiva como “aquel proceso que determina las consecuencias que un acontecimiento dado provoca en el individuo”.

 En el contexto de la teoría trasaccional del estrés, Lazarus propone su “teoría cognitiva-motivacional-relacional de las emociones”, cuyo supuesto es que las emociones se diferencian en función de patrones característicos de procesos de valoración cognitiva. Lazarus identifica los componentes básicos de valoración, y establece la diferencia de valoración primaria, cuya función general es determinar la relevancia personal de los acontecimientos y los componentes de valoración secundaria, que es el proceso cognitivo que media en la respuesta emocional de acuerdo a las opciones de afrontamiento que la persona cree que tiene para hacer frente a la situación.

Lazarus propone, además de las dimensiones señaladas, un nivel superior de análisis (molar).

Este autor señala la relevancia del afrontamiento como proceso integral del proceso emocional y asume que de acuerdo al significado, todas las emociones responden a una lógica, incluso cuando sean poco adaptativas o irracionales.

6.3.2.3. Modelo de proceso de sincronización de componentes. Más allá de una teoría de la valoración

El modelo propuesto de Scherer parte de un supuesto: las emociones forman parte de los mecanismos de un continuo filogenético que facilitarán la adaptación a los cambios producidos por el ambiente y son definidas como procesos dinámicos, complejos y multicomponenciales. Para comprender la emoción se requiere, por tanto, conocer los sofisticados cambios que suceden en cada uno de sus componentes. En cada episodio emocional participan los diferentes componentes o elementos de respuesta universales: cognitivo, neurofisiológico, motivacional, expresivo-instrumental y de sentimiento, vinculados a diferentes sistemas orgánicos y cuya intervención en conjunto explicaría el proceso emocional.

Su “modelo de chequeos secuenciales para la diferenciación de emociones”, pretende explicar cómo los distintos episodios emocionales son resultado de una secuencia de chequeos de evaluación de estímulos específicos que implica la organización de distintos sistemas orgánicos. La emoción se considera como un episodio dinámico en la vida de los organismos que supone un proceso de cambio continuo en todos los subsistemas (cognición, motivación, reacciones fisiológicas, expresión motora y sentimiento), que permiten una adaptación flexible a los acontecimientos que son relevantes y cuyas consecuencias son potencialmente importantes.

Los componentes de este procesamiento evaluativo secuencial de la información, de cuyo resultado dependerá la naturaleza e intensidad del episodio emocional, son los siguientes:

  1. Subsistema de procesamiento de la información: Determina la probabilidad de ocurrencia de un estímulo, así como la novedad del mismo (componente cognitivo)
  2. Subsistema de soporte: Cumple la función de regulación homeostática del organismo y la producción de la energía necesaria para llevar a cabo la acción instrumental de soporte (componente neurofisiológico). Su función principal es la de valorar si la estimulación es placentera (induciendo tendencias de aproximación) o displacentera (induciendo la evitación)
  3. Subsistema ejecutivo: De carácter motivacional, su finalidad es decidir, preparar y dirigir las diferentes acciones, así como la mediación entre motivos y planes conflictivos
  4. Susbsistema de acción: Cumple una función comunicativa informando sobre la reacción y las intenciones conductuales (componente expresivo- instrumental). Evalúa si los estímulos son relevantes y cumplen objetivos importantes para el organismo, si finalmente conducen u obstaculizan la consecución de la meta para la satisfacción de una necesidad
  5. Subsistema de monitorización: Determina cuando un acontecimiento o una acción es conforme con las normas sociales, culturales o con el significado esperado por los otros; así como su consistencia con las normas internalizadas y los estándares del yo-ideal (componente de sentimiento subjetivo). Cumple la función de monotorizar el estado interno del organismo y las interacciones constantes que éste mantiene con el ambiente

Así, la emoción se define “como un acontecimiento de cambios interrelacionados, sincronizados en el estado de todos o la mayoría, de los cinco subsistemas del organismo activados en respuesta a la evaluación de un evento externo o interno, relevante al organismo”. El antecedente que pone en marcha el proceso emocional es la percepción de un cambio en las condiciones estimulares tanto externas como internas del organismo. Los estímulos capaces de elicitar una emoción varían fundamentalmente en función de las demandas de adaptación, así como de sus características propias.

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